¿Cuándo comenzará la economía a cobrar la factura? II
El beneficio político se ve;
la factura económica se reparte
y tarda en notarse.
RESUMEN
En la primera parte vimos cómo Estados Unidos construyó durante décadas una economía con sectores importantes que dependen del trabajo inmigrante y por qué sustituir esa mano de obra no es tan sencillo como decir: “que esos trabajos los hagan los americanos”. Ahora examinamos la otra mitad del problema: quién paga cuando esa fuerza laboral disminuye. La respuesta no llega necesariamente en una gran crisis visible. Puede aparecer poco a poco: alimentos más caros, construcciones retrasadas, restaurantes con menos empleados, cosechas que no se levantan y servicios que cuestan más. Aquí aparece la Micropolítica: el beneficio político de las deportaciones puede verse inmediatamente; sus costos económicos se dispersan silenciosamente entre millones de personas.
LA FACTURA NO TERMINA EN EL CAMPO
La agricultura es apenas el ejemplo más visible.
La misma lógica puede extenderse, con diferentes intensidades, a construcción, hotelería, restaurantes, procesamiento de alimentos, cuidado de personas y otros segmentos donde la presencia inmigrante es considerable.
Si disminuye abruptamente la oferta laboral, pueden ocurrir simultáneamente varios fenómenos: suben los salarios necesarios para atraer trabajadores; aumentan costos de producción; algunas empresas automatizan; otras reducen operaciones; ciertos precios aumentan; disminuye el consumo de las familias afectadas
y algunas empresas marginales desaparecen.
No todos esos efectos son necesariamente negativos.
Salarios mayores y mayor productividad pueden constituir ajustes saludables. Una política migratoria seria tampoco puede justificarse simplemente porque determinados sectores se hayan acostumbrado a disponer de mano de obra vulnerable o barata.
Pero tampoco podemos imaginar que eliminar esa mano de obra carecerá de consecuencias.
No existe almuerzo gratis, y tampoco deportación económicamente gratuita. Se puede expulsar al trabajador de un país; lo que no se puede expulsar con él es el trabajo que alguien tendrá que hacer, ni evitar el costo económico del trabajo que simplemente deje de hacerse.
Alguien paga la transición.
LA PARADOJA POLÍTICA
Aquí aparece la Micropolítica.
La política migratoria produce beneficios políticos inmediatos para Trump, su gobierno y quienes hicieron de una política más agresiva de detenciones y deportaciones una de sus principales promesas electorales, mucho antes de que aparezcan plenamente sus costos económicos.
Para una parte importante de sus electores, las imágenes de agentes, detenciones y deportaciones no representan solamente la aplicación de la ley. Representan también el cumplimiento visible de una promesa política: el gobierno está haciendo lo que dijo que haría.
El beneficio político y simbólico es inmediato.
La factura económica, en cambio, llega después y fragmentada.
Cada efecto aislado puede parecer pequeño.
La Micropolítica nos enseña que el poder frecuentemente opera así: concentra el beneficio político en quienes toman y anuncian una decisión, mientras reparte sus costos, poco a poco y casi sin que se noten, entre millones de personas que terminan afectadas con esa decisión política.
Dicho en palabras más sencillas: el beneficio político se ve; la factura económica se reparte y tarde en notarse.
El gobierno muestra una redada y miles de personas ven inmediatamente que se está cumpliendo una promesa. Pero nadie recibe después una cuenta que diga: “Su comida cuesta más por la política de deportaciones.”
La cuenta llega disfrazada y en pequeñas cantidades: unos centavos más por las fresas, un jardinero que ya no aparece, una reparación de la casa que tarda más y cuesta más, un restaurante que reduce sus horarios porque le faltan empleados, un agricultor que deja parte de su cosecha sin recoger.
Quien aplaude la deportación sabe perfectamente qué política está aplaudiendo. Quien meses después paga más por determinados productos o servicios difícilmente relacionará esos dólares adicionales con aquella redada que vio en televisión.
Ahí está la paradoja: el beneficio político tiene nombre, rostro y fotografía; el costo económico llega poco a poco, repartido entre millones de bolsillos y casi siempre sin explicar de dónde vino.
LA PREGUNTA NO ES SI HABRÁ CONSECUENCIAS
Estados Unidos necesita una política migratoria.
Necesita fronteras controladas, reglas claras y mecanismos efectivos para decidir quién entra, quién permanece y quién trabaja legalmente.
Pero necesita también reconocer una realidad que durante décadas republicanos y demócratas toleraron: millones de inmigrantes fueron incorporados de hecho a la maquinaria productiva estadounidense mientras el sistema político permitía que trabajaran y que la economía dependiera de ellos, sin resolver legalmente su situación migratoria.
Ahora se pretende resolver mediante deportaciones y aplicación de la ley lo que durante décadas no se quiso resolver mediante legislación.
Puede hacerse.
Pero tendrá un precio.
Por eso la pregunta interesante ya no es si la política migratoria producirá efectos económicos.
Los primeros cambios de conducta indican que algunos ya comenzaron.
La verdadera pregunta es:
¿cuándo serán suficientemente grandes, suficientemente visibles y suficientemente cercanos al bolsillo del ciudadano común para que la economía comience a cobrar políticamente la factura?
Ese momento todavía no ha llegado plenamente.
Pero el reloj ya está corriendo.
Alfredo Cuéllar, Ph.D., es profesor universitario retirado, consultor internacional, columnista y autor de Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizaciones. Es creador de la disciplina de la Micropolítica: El Ejercicio del Poder, desde cuya perspectiva analiza fenómenos políticos, organizacionales y sociales.
NOTA SOBRE EL USO DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Para la preparación de este artículo, el autor utilizó ChatGPT como herramienta de apoyo para la investigación, localización y contraste de fuentes, revisión de datos y edición del texto. La selección del tema, las preguntas planteadas, el enfoque de Micropolítica, las interpretaciones, los argumentos y las conclusiones corresponden al autor, quien revisó y asumió la responsabilidad final por el contenido publicado.
