El capítulo que no podemos arrancar
———————————————-
Micropolítica,
inteligencia artificial
y responsabilidad
———————————————-
En mi libro Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizaciones, el capítulo 9 está dedicado a ética y valores. No es un apéndice piadoso ni un adorno colocado al final de una teoría del poder. Es el capítulo que establece para qué, contra quién y hasta dónde es legítimo utilizar las capacidades que adquirimos.
Esta serie nació al escuchar por NPR la entrevista que David Remnick hizo al historiador Kai Bird en The New Yorker Radio Hour. Bird y su esposa, Susan Goldmark, son los coautores de American Scoundrel: Roy Cohn’s Dark Journey from Joe McCarthy to Donald Trump. Su investigación permite reconstruir cómo Cohn pasó de las persecuciones de Joseph McCarthy a convertirse en abogado, operador y mentor de Donald Trump.
En el primer artículo argumenté que Cohn dominaba casi todos los mecanismos de la Micropolítica, pero actuaba como si el capítulo 9 no existiera. En el segundo trasladé esa advertencia a la inteligencia artificial: una capacidad inmensa, capaz de ampliar tanto el conocimiento humano como las posibilidades de manipulación, vigilancia y daño.
Comprender no significa justificar
La Micropolítica describe el poder tal como existe, no como quisiéramos que existiera. Nos permite reconocer alianzas, intereses, dependencias, conflictos, intercambios y maniobras que suelen permanecer invisibles.
Pero explicar una práctica no significa justificarla. Comprender cómo funciona el chantaje no obliga a admirar al chantajista. Conocer las estrategias del poder no elimina la obligación de elegir responsablemente entre ellas.
La falta de escrúpulos puede parecer una virtud porque produce ventajas inmediatas. Quien carece de límites actúa antes que los demás, amenaza aquello que otros respetan y utiliza procedimientos que sus adversarios consideran inadmisibles. Pero eficacia no significa legitimidad. Ganar una batalla no convierte en moral el método utilizado.
Tampoco garantiza estabilidad. El poder que depende del miedo, la mentira y los favores necesita expandirse continuamente. Comienza a degradarse cuando deja de producir beneficios o temor. El poder acumulado es estructuralmente inestable.
Por eso Roy Cohn no fue un gran maestro de la Micropolítica completa. Fue un practicante extraordinariamente hábil de sus mecanismos, separado de sus valores, o mejor dicho, negado a ciertos valores. La Micropolítica sin ética no forma líderes: fabrica depredadores.
Regular es reconocer consecuencias
Lo mismo debe decirse de la inteligencia artificial. Regularla no significa declarar enemiga a la tecnología ni impedir su desarrollo. Significa reconocer que toda capacidad para afectar vidas debe estar acompañada por responsabilidad.
Un verdadero capítulo 9 para la IA tendría que incluir, por lo menos, transparencia sobre sus usos, protección de la privacidad, evaluación independiente de riesgos, responsabilidad por los daños, prohibiciones claras en aplicaciones intolerables y mecanismos de defensa para las personas afectadas.
Pero las normas técnicas no bastan. También necesitamos una cultura ética. Una empresa puede cumplir formalmente una regulación y continuar buscando la manera de evadir su propósito. Un gobierno puede hablar de seguridad mientras emplea la tecnología para vigilar o manipular. La ley establece mínimos; los valores orientan decisiones cuando la ley todavía no alcanza a responder.
La oposición de Donald Trump a muchos límites regulatorios sobre la IA no es un detalle aislado de su política tecnológica. Su administración ha defendido explícitamente la eliminación de regulaciones que considera obstáculos para la innovación y la competencia de Estados Unidos en inteligencia artificial. Desde la Micropolítica, esa posición plantea una cuestión fundamental: cuando una regla limita la capacidad de actuar de quien posee poder, ¿es una restricción innecesaria o un contrapeso indispensable? La historia del poder demuestra que no toda limitación constituye debilidad y que no toda capacidad disponible debe necesariamente ejercerse.
Pero la competencia con China, la velocidad de la innovación o los beneficios económicos no eliminan la pregunta ética. La hacen más urgente. Mientras mayor sea la capacidad, mayores deben ser la responsabilidad y los controles.
Una decisión humana
La inteligencia artificial no arrancará por sí sola el capítulo 9. Los seres humanos decidiremos si lo incorporamos o lo eliminamos.
Lo decidirán los científicos cuando determinen qué sistemas están dispuestos a construir. Lo decidirán las empresas cuando deban escoger entre seguridad y velocidad. Lo decidirán los gobiernos cuando opten entre proteger a los ciudadanos o ampliar su propia capacidad de control. Y lo decidiremos los usuarios cuando premiemos la verdad o la conveniencia, la responsabilidad o el resultado inmediato.
Roy Cohn demuestra que el conocimiento y la capacidad, separados de la ética, pueden causar daños precisamente porque funcionan. Donald Trump demuestra que esas prácticas pueden aprenderse, perfeccionarse y trasladarse hasta la cúspide del poder político.
La IA introduce una diferencia aterradora: puede reproducirlas a una escala que ningún individuo alcanzaría por sí solo.
Podemos permitir que la competencia, el dinero y el dominio decidan cómo será utilizada. O podemos incorporar desde ahora límites, responsabilidad, dignidad humana, transparencia y consecuencias.
Roy Cohn conoció casi todo lo que enseña la Micropolítica sobre el poder. Su tragedia —y la de quienes aprendieron de él— fue ejercerlo como si el capítulo sobre ética y valores nunca hubiera existido.
Ese es precisamente el capítulo que nosotros no podemos arrancar.
*Alfredo Cuéllar es profesor retirado de California State University, Fresno; consultor internacional, columnista y autor de Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizaciones. Para la preparación de este artículo, el autor utilizó inteligencia artificial como herramienta de investigación, organización de información y apoyo editorial. Las ideas, el enfoque, las conclusiones y la responsabilidad final corresponden exclusivamente al autor.
