septiembre 28, 2026

Ruffo vuelve a casa: ¿por qué en avión para llevarlo y por carretera para regresarlo?

Hay decisiones que pueden ser legales y, sin embargo, resultar difíciles de explicar desde la perspectiva de la dignidad humana. El traslado de Ernesto Ruffo Appel de El Altiplano a su domicilio en Ensenada es una de ellas.

Ruffo finalmente está en casa. Después de permanecer 72 días en el penal de máxima seguridad de El Altiplano, un juez autorizó que continúe su proceso bajo prisión domiciliaria, decisión relacionada, entre otros elementos, con su edad y condiciones de salud.

Pero queda una pregunta que las autoridades deben responder con claridad:

¿Por qué cuando fue detenido en Ensenada se utilizó un avión para trasladarlo hasta el Estado de México y, cuando un juez ordenó que regresara a su domicilio, se le sometió a un recorrido terrestre de aproximadamente 3 mil kilómetros y cerca de 39 horas?

La diferencia resulta difícil de ignorar.

Para llevarlo al Altiplano hubo capacidad para realizar un traslado aéreo. Para devolverlo a su casa, después de que precisamente sus condiciones de salud fueron consideradas para modificar la medida cautelar, se optó por una travesía de casi dos días por carretera.

El propio Ruffo relató que permaneció esposado durante buena parte del trayecto y que prácticamente no pudo dormir. Al llegar a Ensenada, sin embargo, se mostró sonriente y afirmó que sus signos vitales estaban bien.

Aquí no se trata de discutir su culpabilidad o inocencia. Eso corresponde exclusivamente al proceso judicial.

Tampoco se trata de desconocer que, según la explicación proporcionada por la presidenta Claudia Sheinbaum, el traslado terrestre habría obedecido a una determinación judicial.

El punto es otro: ¿era necesario?

Porque si un juez consideró que las condiciones físicas de Ruffo justificaban que enfrentara el proceso desde su domicilio, resulta razonable preguntar si era congruente someterlo inmediatamente después a un viaje de aproximadamente 3 mil kilómetros, durante unas 39 horas, por carretera.

La hija del exgobernador, Verónica Ruffo, calificó el traslado como “una infamia” y reclamó saber quién tomó la decisión y por qué.

No corresponde convertir esa expresión familiar en una sentencia política. Pero sí corresponde convertirla en una pregunta pública.

Porque la justicia no solamente debe ser legal. También debe ser humana, proporcional y explicable.

Ernesto Ruffo seguirá enfrentando su proceso penal y deberá responder ante los tribunales por las acusaciones que existen en su contra. Pero mientras la justicia determina su responsabilidad, el Estado tiene la obligación de garantizar un trato digno.

Llevarlo en avión y regresarlo por carretera, después de casi dos meses privado de la libertad y con problemas de salud reconocidos judicialmente, genera una contradicción que merece una explicación completa.

La pregunta queda sobre la mesa:

¿Fue simplemente protocolo, como se ha explicado, o existía una alternativa más razonable y humana?

Las autoridades tienen la palabra.

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