Unidad opositora o tiranía

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Morena ha creado un alto y sólido dique de contención jurídico-electoral para impedir que la oposición avance electoralmente el próximo año

La unidad opositora entre PAN y PRI en las elecciones del 2027 es una urgencia histórica. No es una unión oportunista o simplemente electorera, aunque por esas razones también sería justificable. No. Es una respuesta a la situación de agravamiento del entorno político nacional, con la deriva autoritaria de Morena acentuándose cada día con mayor fuerza. Es la necesaria respuesta que debe ofrecer la oposición a la sociedad mexicana para frenar la imposición regresiva que pretende Morena.

Morena ha creado un alto y sólido dique de contención jurídico-electoral para impedir que la oposición avance electoralmente el próximo año. No satisfecho con la colonización que hizo de los órganos electorales INE y TEPJF al corromperlos, el oficialismo ha avanzado rápidamente en la creación de nuevas condiciones legales para cancelar los votos de la oposición.

La legislación, ya aprobada, que admite como justificación de la nulidad de elecciones por la “intervención e influencia extranjera” abre un gigantesco portón para quitar votos a la oposición y anular los registros de candidatos. Ante la falta de una ley secundaria, y aún con ella, cualquier alegato o interpretación subjetiva sobre influencias extranjeras en la orientación al voto le servirá al gobierno y a Morena para cancelar candidaturas y anular votos.

La iniciativa aprobada afirma que “la democracia mexicana enfrenta amenazas externas que buscan subvertir la voluntad popular mediante la injerencia de gobiernos, organismos o agentes extranjeros.” La frase es tajante: esa amenaza ya existe, según los legisladores.

Consecuentemente, a la ley fue agregada la frase, en el Artículo 75 inciso k, como sigue: “incluyendo aquellas derivadas de actos de intervención o injerencia extranjera que afecten la libertad o autenticidad de sufragio en la casilla correspondiente.”

El Artículo 78 incluyó: “La nulidad de la elección procederá cuando exista prueba plena y fehaciente de que gobiernos extranjeros, organismos internacionales, entidades privadas extranjeras, personas físicas o morales extranjeras, o cualquier otro ente con origen fuera del territorio nacional, hayan intervenido de manera directa o indirecta en el proceso electoral y dicha conducta resulte grave, dolosa o determinante para el resultado de la elección.”

La paranoica legislación ofrece una larga lista de acciones que pudieran afectar la elección y la soberanía nacional, como financiamiento, manipulación digital, presión política económica, diplomática, mediática, por tierra, agua, mar, aéreo, o cualquier otra causal que determine el TEPJF.

En esencia, la ley es aplicable a todo el mundo y lo alerta: si usted opina sobre México en tiempos electorales, su opinión será considerada una causal para la nulidad de una elección cualquiera. El informe de un organismo internacional que hable sobre la situación interna de México en cualquier temática será considerado una causal de nulidad si algún candidato emplea sus datos en un debate.

La opinión de un comentarista internacional que argumente a favor de las posiciones de un candidato puede ser interpretado como causal de nulidad de la candidatura. Y así, al infinito, las razones y los pretextos. La trampa está puesta.

Esto lo debe de entender la oposición. La elección que viene no se da en el marco de una cierta “normalidad democrática”. La elección que viene ha sido convertida en una disputa por la hegemonía política absoluta. Así lo ve y así lo está tomando Morena.

Es su mejor oportunidad no para derrotar electoralmente a la oposición, sino para aniquilarla. La idea subyacente al construir los diques de contención es que no exista una oposición en México. No la consideran necesaria para “su democracia”.

Una parte de la oposición parece no haber entendido esto. Su discusión permanece en la idea básica de que cada partido tiene el deber existencial de defender su ideología particular, por encima de todas las cosas. No parecen entender que, en México, esa discusión fue rebasada hace mucho tiempo.

Los partidos políticos son entidades de interés público. Existen principalmente en función de la nación, y supletoriamente en función de sí mismos. La nación, hoy, les reclama altura de miras para defender la noción de República, Poderes independientes y democracia.

Los partidos aliados del gobierno defienden su idea de poder, no de país. Esa es la ideología de la 4T.

Si los partidos políticos abandonan la idea de defender la República democrática por encima de todas las cosas, sus ideologías particulares incluídas, entonces habrán abandonado su razón de ser. Los partidos de la coalición gobernante han perdido su razón de ser. Su única intención es la posesión del poder. No piensan en el interés de la República. De ahí su carácter de facción sectaria.

El dique de contención legal que ha creado Morena, dirigido por Sheinbaum, proviene de las remotas ideas, pero obviamente vigentes, de Stalin. El Estado es la barrera infranqueable puesta al servicio de un partido político sin disposición a entregar el poder en una contienda electoral democrática.

El candado de la “injerencia extranjera” es el cerrojo para mantener a buen resguardo el poder político en manos de Morena, y sus aliados-en-crimen, el PT y Partido Verde.

Si el PAN y PRI se unen con una fuerte narrativa de oposición y resistencia ante el avance del autoritarismo, y abandonan toda idea de que México vive una normalidad democrática, existen potentes indicios de que el bloque opositor podrá avanzar notablemente en fuerza electoral y presencia política.

La oposición debe coincidir en tener una narrativa dura, confrontativa y cuestionadora del gobierno de la 4T, de AMLO y Morena y su deriva autoritaria y de su alianza con el narcotráfico. La gente está dispuesta a apoyar una postura decidida, fuerte y democrática de la oposición. Sin miedo y con un programa claro sobre cómo enmendar la ruta de México.

La decisión será histórica. No existe lugar para el titubeo. Es hora de dar un paso al frente, y de asumir la gravedad de la amenaza que enfrenta México. La narrativa común de la campaña deberá centrarse en las amenazas que la continuidad de Morena significa para México. En blanco y negro, sin rodeos. La decisión es entre democracia o dictadura.

La fuerza y la determinación de la oposición será un imán para sectores de la población que quieren un cambio, pero que tienen miedo a expresarlo y no saben cómo proceder en consecuencia. También ayudará a abrir las contradicciones internas del bloque gobernante. Hay quienes quieren dar un paso, si no adelante, por lo menos a un lado, de Morena y el gobierno ante su disgusto con el plan de vuelo de AMLO-Sheinbaum.

Si se escoge correctamente, el camino está abierto para avanzar por la conquista de un México democrático y plural. La oposición, unida, sabrá frenar la tiranía.

POR RICARDO PASCOE PIERCE

COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep

Publicado el Heraldo de Mexico domingo, 12 de julio de 2026

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