Morena: lejos de sus ideales y atrapado por Washington
Morena lanzó una campaña nacional denunciando a Estados Unidos por lo que califica de “intervencionismo estadounidense”
El gobernador Rubén Rocha Moya regresó a su alta investidura después de meses de ser “investigado” por la Fiscalía General de la República. En reiteradas ocasiones tanto la Presidenta Sheinbaum como la Fiscal General de la República, Ernestina Godoy Ramos, insistieron en que no había pruebas en contra del gobernador con licencia. Morena lanzó una campaña nacional denunciando a Estados Unidos por lo que califica de “intervencionismo estadounidense”. Sus militantes, incluyendo a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, hicieron paseos por calles, plazas, rancherías y pueblos repartiendo su periódico Regeneración donde se denuncia a quienes asocian, sin pruebas, al partido Morena, a sus altos dirigentes y al gobierno federal con el narcotráfico.El gobierno de Estados Unidos había acusado al entonces gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, al senador Enrique Inzunza Cázarez y a ocho altos cargos más de ser los operadores de los intereses del Cártel de Sinaloa en el gobierno estatal. Durante más de tres meses el gobierno federal, a través de la FGR, investigó a los 10 funcionarios. Oficialmente no había encontrado “delito que perseguir” en ninguno de los casos. Todos andan libres.
Excepto, claro, dos de ellos, incluyendo el general en retiro Gerardo Mérida Sánchez, que en su momento fue encargado de inteligencia militar a nivel nacional y operador político del general Audomaro Martínez Zapata, pues veían la situación a través de otra óptica. Cruzaron la frontera y se entregaron a las autoridades estadounidenses porque ellos sí pensaron que había pruebas suficientes para consignar la validez del indictment recibido de “una oficina en el sur de Manhattan”.
La presidenta fue férrea en su decisión: Rocha no se entregaría a las autoridades estadounidenses hasta en tanto no entregasen “pruebas contundentes sobre la culpabilidad de Rocha, del senador y ocho más”. Toda Morena y el gobierno federal, sus congresistas y gobernadores morenistas incluídos, celebraron la defensa de la soberanía nacional. Los legisladores en el Congreso nacional alzaban la voz temblorosa de emoción proclamando que la soberanía e independencia de México nunca se había defendido con tanta fuerza y contundencia como hoy.
Ante el Monumento a la Revolución, la presidenta llenó a los asistentes de fervor patrio. “Si se llevan uno, vendrán por más” dijo, contundentemente rechazando la entrega de Rocha a las autoridades judiciales estadounidenses.”La Patria se defiende”, juró ante la bandera nacional.Después vino la revocación de la visa del hijo del ex presidente López Obrador. En el contexto en el que se da la revocación de su visa, es evidente que fue la señal de que se había iniciado un procedimiento acusatorio penal en contra de López Beltrán. Su indictment está a la vuelta de la esquina. El partido Morena se montó en cólera por lo que estimaba que era una nueva afrenta a la dignidad y soberanía nacionales. El partido convocó, de inmediato, a “202 asambleas en todo el territorio nacional” para denunciar lo que consideraban era un nuevo acto del imperialismo estadounidense y el agravio a la soberanía nacional. A decir de los morenistas, la revocación a la visa estadounidense de Andrés Manuel López Beltrán era una afrenta a todas y todos los mexicanos.El mismo López Beltrán subió un agradecimiento “al pueblo de México” por el apoyo dado a su persona por este evidente agravio de los “sectores ultraderechistas” de la administración del Presidente Trump. El hijo del ex presidente pensó que su caso era compartido con todos los mexicanos sin excepción. Es difícil explicar cómo pudo llegar a esa conclusión, habida cuenta que no es reconocido por otra cosa que ser hijo del ex presidente de México. Y, dirían los malpensados, es el hijo corrupto del ex presidente.Entre la defensa de Rocha Moya y López Beltrán, Morena se desvivía de su retórica. La campaña en defensa de ambos se cimentó en la defensa de la independencia y soberanía nacionales. Lo decía la presidenta durante su evento de propaganda partidista de cada mañana.A todo esto, y a pesar del fervor patrio morenista, empezaban a aparecer grietas en el discurso oficial. Los rumores de que vendrían más acusaciones contra altos funcionarios y políticos morenistas por sus vínculos activos con el narcotráfico empañaron el entusiasmo retórico. Y hubo señales claras de incomodidad en las altas esferas morenistas, teñidas de miedo y preocupación. ¿Cuál fue la señal?Orondo y prepotente, Morena había anunciado que nombraría en junio sus “coordinadores estatales de la defensa de la transformación” para las 17 entidades donde se realizarán elecciones a gobernador el próximo año. Resulta que en el 2021 Morena hizo lo mismo, y ganó 13 de 17 gubernaturas. Pero después de la publicación del indictment estadounidense contra Rocha, donde se devela su confabulación con el Cártel de Sinaloa para ganar la gubernatura en ese año, Morena se vio obligado a frenar sus nombramientos. ¿La razón? Morena pensaba que en el 2027 podía mantener el secreto de sus victorias electorales, que se debía a su asociación ilegal con el dinero y la fuerza de terror del crimen organizado a su favor durante las elecciones. Pero con el indictment estadounidense ya no era posible porque el acuerdo Morena-narco era ya del dominio público.Morena no podía nombrar sus “coordinadores” porque todos ellos tienen vínculos sospechosos con el narcotráfico. Todos, sin excepción. (Por ejemplo, el senador Inzunza estaba enlistado para ser el sucesor de Rocha en Sinaloa). Y temía que el gobierno de Estados Unidos podría denunciar al partido por postular a candidatos vinculados a los intereses del narcotráfico. Y peor: Estados Unidos podría utilizar ese hecho como justificación para declarar legalmente a Morena como una organización narcoterrorista.Así que Morena está atrapado en su proceso de nombramientos de candidaturas por temor al juicio del dedo flamígero de Estados Unidos sobre cualquiera de ellos. A cada denuncia pública de personajes dentro de Morena vinculados al crimen organizado, la presidenta del partido jura y perjura que no lo conoce, que no es miembro, que nadie lo conoce, que todo mundo toma fotos y no quiere decir nada, que lo va a expulsar, que la Comisión de Honor y Justicia actuará conforme a derecho. Incluso Morena aprobó una ley que obliga a los partidos a revisar sus candidatos, en un acto desesperado por complacer a la DEA, el FBI y a la CIA.La línea de tiempo describe a un gobierno y a un partido que no saben hacía dónde correr. Y están atrapados en su más reciente incongruencia. Rocha Moya asumió su puesto de gobernador de Sinaloa. ¿Por qué no? Ninguna autoridad judicial en México le ha acusado de algo. De hecho, las manifestaciones públicas de la presidenta y de la fiscal han sido en términos de que no existen pruebas en su contra de nada, y mucho menos sobre la materia en el indictment estadounidense.Pero la presidenta, Morena y los gobernadores morenistas, que han defendido a Rocha hasta la saciedad como heroico símbolo de soberanía, ahora le piden que renueve su licencia de nueva cuenta y que actúe con responsabilidad, cosa que ellos nunca han hecho. Se horrorizan por su acción de reto al imperio, aunque no se atreven a confesarlo. La presidenta, Morena y los gobernadores reaccionan no ante la insubordinación de Rocha, sino por su temor a la reacción de Washington a ese desafío. Saben que puede significar el fin al dominio electoral de Morena en el corto plazo, y su desaparición como partido en el mediano. Pero la presidenta, Morena y los gobernadores morenistas, que han defendido a Rocha hasta la saciedad como heroico símbolo de soberanía, ahora le piden que renueve su licencia de nueva cuenta y que actúe con responsabilidad, cosa que ellos nunca han hecho. Se horrorizan por su acción de reto al imperio, aunque no se atreven a confesarlo. La presidenta, Morena y los gobernadores reaccionan no ante la insubordinación de Rocha, sino por su temor a la reacción de Washington a ese desafío. Saben que puede significar el fin al dominio electoral de Morena en el corto plazo, y su desaparición como partido en el mediano. Rocha, es obvio decirlo, está guiado por Andrés Manuel López Obrador. Es AMLO quien reta al imperio, y lo hace pensando que le puede ganar, como lo hizo con el caso de Cienfuegos. En México, la gran duda que surge es ¿quién gobierna: AMLO o Sheinbaum? En Estados Unidos, la gran pregunta ahora es: ¿ha llegado la hora de declarar a Morena como partido narcoterrorista, con todo lo que conlleva esa decisión? Así es Morena: tan lejos de sus ideales fundacionales y tan cerca de los Estados Unidos.
POR RICARDO PASCOE PIERCE
COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@enelfilo_mx
