PAN Coahuila: el costo de la negligencia política
Lo ocurrido con el Partido Acción Nacional en Coahuila no puede explicarse simplemente como una mala elección. Es el resultado de un largo proceso de descuido político, pérdida de identidad, debilitamiento territorial y falta de visión estratégica, cuya responsabilidad alcanza tanto a la dirigencia estatal como a la nacional.
Los números son contundentes: en la elección del 7 de junio, el PAN obtuvo apenas 27 mil 819 votos, el 2.29% de la votación válida emitida, y quedó sin representación en el Congreso local.
Pero lo verdaderamente preocupante no son solamente los números. Es cómo una institución con historia, estructura y presencia política terminó colocada al borde de la disolución de su dirigencia estatal.
El propio CEN del PAN reconoció en junio que los resultados obligaban a “duplicar el esfuerzo”, fortalecer la identidad partidista, acercarse a la ciudadanía y construir perfiles competitivos. Sin embargo, dos meses después, el Comité Ejecutivo Nacional inició el procedimiento para disolver el Comité Directivo Estatal y la Comisión Permanente Estatal.
La pregunta inevitable es: ¿dónde estuvo ese esfuerzo antes de la elección?
Porque una derrota de esta magnitud no se construye en una campaña de semanas. Se construye durante años de alejamiento ciudadano, ausencia de liderazgo, falta de renovación generacional y decisiones políticas equivocadas.
También sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre la dirigencia estatal. El CEN tiene una responsabilidad ineludible. Si la dirigencia nacional estuvo presente, como afirmó después de la elección, resulta legítimo preguntar qué hizo antes para evitar el desastre.
Coahuila debería ser una llamada de atención para todo el PAN nacional.
Competir sin una estructura sólida, sin candidatos competitivos y sin una estrategia clara puede convertir a un partido histórico en una fuerza testimonial. La alianza con el PRI en 2023 permitió al PAN obtener una presencia electoral considerablemente mayor; separado en 2026, el resultado mostró la fragilidad de su verdadera fuerza territorial.
Ahora el CEN pretende reconstruir lo que durante años se dejó deteriorar.
Pero disolver una dirigencia no reconstruye automáticamente un partido.
El PAN necesita algo mucho más profundo: recuperar militancia, formar nuevos liderazgos, escuchar a la sociedad, abandonar la comodidad burocrática y entender que la oposición no se construye desde los escritorios, sino desde las calles y las urnas.
Coahuila no es solamente el fracaso de una dirigencia.
Es el espejo en el que el PAN nacional debería mirarse antes de que otros estados comiencen a repetir la misma historia.
