¿Rocha Moya se dobló o lo doblaron?

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Lo ocurrido con Rubén Rocha Moya en Sinaloa deja una pregunta inevitable: ¿se dobló el gobernador o lo doblaron?Porque resulta difícil explicar políticamente que, después de permanecer 112 días separado del cargo, regresara el viernes 21 de agosto con el argumento de que debía cumplir el mandato para el que fue electo y, apenas unas horas después, volviera a solicitar licencia “por tiempo indefinido”.

¿Qué cambió en tan sólo 32 horas?

La respuesta oficial seguramente será que se trata de una decisión personal. Pero políticamente esa explicación resulta insuficiente. El regreso de Rocha Moya provocó un hecho extraordinario: la presidenta Claudia Sheinbaum, la dirigencia de Morena, legisladores y gobernadores del propio partido se deslindaron públicamente de su decisión y le pidieron reconsiderarla.

Entonces aparecen las preguntas incómodas.

¿Quién habló con Rocha Moya? ¿Quién le hizo entender que regresar al Palacio de Gobierno de Sinaloa podía convertirse en un problema mayor para el gobierno federal? ¿Fue una reconsideración voluntaria o una presión política? Y, sobre todo, ¿existió una presión proveniente de Washington que obligó a modificar la estrategia?

No existe, hasta ahora, evidencia pública suficiente para afirmar que Estados Unidos ordenó o exigió directamente a Sheinbaum que Rocha abandonara nuevamente el cargo. Eso sería una conclusión que no puede darse como hecho.Lo que sí está documentado es que Washington mantiene señalamientos contra Rocha Moya y que su regreso elevó la tensión política entre México y Estados Unidos.

Por eso la hipótesis política resulta inevitable: ¿Estados Unidos presionó a Sheinbaum y Sheinbaum presionó a Rocha Moya?

Si así ocurrió, estaríamos ante un episodio de enorme trascendencia. Porque una cosa es que México defienda su soberanía y otra muy distinta que un gobernador, acusado por autoridades estadounidenses, genere una crisis que termine comprometiendo la posición internacional del país.

Y aquí aparece otra pregunta todavía más profunda: ¿quién tiene realmente el poder dentro de Morena?

El episodio parece demostrar que el poder presidencial está por encima de cualquier lealtad partidista o grupo político. Sheinbaum marcó una línea: ningún gobernador, dirigente o figura de Morena puede actuar unilateralmente cuando su decisión compromete al Gobierno de México.

Rocha Moya regresó al poder para demostrar fortaleza y terminó solicitando nuevamente licencia. En política, pocas cosas son más elocuentes que un poder que dura apenas 32 horas.

La gran incógnita ya no es solamente qué hará Rocha Moya.

La verdadera pregunta es: ¿qué le dijeron para que cambiara de opinión?

Porque si fue él quien se dobló, habrá que preguntarse por qué.

Y si lo doblaron, habrá que preguntar quién lo hizo, con qué argumentos y bajo qué presión.

Mientras tanto, Sinaloa continúa padeciendo una grave crisis de violencia e inseguridad. Y sus ciudadanos tienen derecho a saber si están frente a decisiones de Estado, cálculos políticos internos o consecuencias de una presión internacional.

La historia de estas 32 horas apenas comienza.

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