De visas e intervencionismo

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Para frenar el intervencionismo de EU, Sheinbaum tiene que ordenar la casa y combatir el vínculo entre políticos y crimen organizado. Su compromiso es con México, no con Morena

La política exterior de EU es intervencionista, con sesgos expansionistas, desde su nacimiento como nación, expresada en el Destino Manifiesto. Tanto gobiernos demócratas como republicanos han intervenido en otros países con estilos variados y por diferentes razones, a veces para proteger los derechos humanos y la democracia, otras para “combatir” al comunismo o garantizar su acceso a mercados y recursos materiales.

América Latina y México, el país más afectado por ese intervencionismo, buscaron desarrollar el derecho internacional como escudo de protección. En el sistema interamericano, se definió y desarrolló el principio de no intervención.

Hay instrumentos y estrategias para confrontar el intervencionismo estadounidense: el Estado de derecho, el derecho internacional, el multilateralismo, el fortalecimiento de las instituciones nacionales, la cohesión interna y el consenso, así como la cooperación bilateral con marcos jurídicos claros, coincidencia de objetivos en la agenda, personal capacitado y confianza.

Actualmente México es más vulnerable ante el intervencionismo de los EU, por las reformas instrumentadas por el propio gobierno de Sheinbaum: la reforma judicial, la desaparición y debilitamiento de instituciones como el INAI, el INE, el IFETEL. Por privilegiar la polarización sobre la búsqueda de consenso en temas medulares como la relación con EU y el combate al crimen organizado.

La agenda del gobierno Trump -que ha construido unilateralmente un entramado jurídico inexistente hasta hace 3 años al clasificar a los cárteles de la droga como organizaciones narco terroristas- choca con la del gobierno mexicano en varios temas: el combate al crimen organizado en todas sus vertientes, tráfico de drogas, de personas, de armas, de dinero, de huachicol. Se ha reducido básicamente a un tema: seguridad. En segundo lugar está el incierto futuro del T-MEC por sus revisiones anuales y las constantes presiones contra las exportaciones mexicanas. El tema migratorio ha desaparecido de la agenda. El gobierno mexicano accedió, sin reconocerlo públicamente, a ser un tercer país seguro y abandonó a su población en EU. Reaccionó cuando las muertes de mexicanos por ICE eran escandalosas. No hay confianza entre ambos gobiernos.

La presidenta tiene razón cuando subraya el intervencionismo del gobierno de EU. No tiene razón cuando afirma que el retiro de una visa o la negativa a otorgarla constituye un acto injerencista. EU otorga o retira visas en ejercicio de su soberanía, como México puede hacerlo con ciudadanos de otros países y aún negar la entrada a territorio nacional a nacionales estadounidenses.

Equiparar el retiro de la visa a Andrés Manuel López Beltrán con injerencismo de EU es un craso error. Como fue una torpeza la carta del junior López Obrador al presidente Trump, quien ni la leerá y menos la responderá. Ya lo hizo el vocero de la embajada de EU. Se equivocan quienes piden la intervención de Trump o trivializan el tema. Vivimos uno de los momentos más complejos, sin precedentes en la relación bilateral.

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