En Medio Oriente, fueron a llamar a otro elefante: Andrés Amaro
Como veían que resistía (la tela de araña sobre la que se balanceaban Estados Unidos, Israel e Irán).
La intervención de Arabia Saudita, al lado de EU, para atacar milicias aliadas de Irán en territorio iraquí, no significa su entrada en la guerra. Ya estaba adentro. Pero sí implica hacer público su papel de contendiente.
La guerra en Medio Oriente vive una condición peculiar. Técnicamente, hay alto al fuego. Pero los actores del conflicto realizan intermitentes agresiones a la infraestructura e intereses de sus adversarios. Paquistán, apoyado por China y Turquía, continúa buscando acercar a las partes a una negociación. Sin embargo, el conflicto se expande, amenazando con instalar en Medio Oriente una caótica condición de guerra prolongada.
La conflagración continúa evidenciando que EU la inició sin tener información confiable respecto a la capacidad militar y la reserva de armamento de su adversario. Lo demuestra así el hecho de que la más reciente activación de ataques mutuos fue iniciativa de Irán, al lanzar misiles contra instalaciones militares norteamericanas en Kuwait y Jordania.
Para Estados Unidos, el lapso de oportunidad política se acaba. Entre más demore una solución, es mayor la posibilidad de que los daños sobre su economía produzcan adversidad para el Partido Republicano en las elecciones de medio término (noviembre 2026).
Ello es un factor inherente a la política partidista en EU. Pero existe otro, más grave, relativo a su Seguridad Nacional. En tanto el conflicto permanezca latente, esa potencia continúa al borde del precipicio de una guerra proxy.
Se trata del mismo tobogán por el que se deslizó Rusia al iniciar lo que llamó “operación militar especial” contra Ucrania a partir de 2022. Ese conflicto, estimulado por EU, fue un proyecto para mermar la capacidad militar de Rusia y minar su economía. Por desgaste. Sacrificando a Ucrania. Sin que tropas de EU o de sus aliados europeos tuvieran que participar.
Es el mismo escenario que afronta ahora EU en Irán.
La razón más urgente para que buscara un alto al fuego en abril pasado era la necesidad de arreglar el desorden que la guerra estaba provocando en los mercados mundiales. Pero la razón militar, de fondo, era no tener que dar el siguiente paso en el conflicto. Inevitable, si éste continuaba: efectuar una invasión terrestre.
En caso de desplegar esa fase, EU propiciaría un escenario de guerra proxy. En éste, vería paulatinamente desgastado su poderío militar y sus recursos bélicos al involucrarse en un conflicto largo, en el que su adversario, Irán, estaría siendo abastecido de armamento, información de inteligencia y fondos por potencias como China y Rusia. Una probada de su propio shake.
Por lo demás, las dificultades para concluir la guerra tienen qué ver con otra metida de pata.
“Empieza por el principio”, aconsejaba el Rey de Corazones a Alicia (Alice’s Adventures in Wonderland / Lewis Carroll, 1865). Hagámoslo así.
Cualquier negociación requiere que cada parte pueda asegurar el cumplimiento pleno de los acuerdos. EU se queja ahora de que del lado iraní existen muchas cabezas. Que no hay un mando unificado. Crisis de liderazgo, pues. Es común que esa inestabilidad derive de la desaparición repentina del poder institucional. En el caso de Irán, esa ausencia súbita la propiciaron quienes ahora se quejan de ello. El primer paso de EU e Israel al iniciar la guerra consistió en matar a la totalidad de la cúpula iraní.
Peor aún, para tenerlo presente a la hora de considerar radicales las posturas actuales de Irán: sus líderes muertos en esa operación eran los moderados.
