El “Seguiremos continuando” de Gonzalo Altamirano
Gonzalo Altamirano, político de oposición con relevante presencia en el proceso de la transición mexicana a la democracia de finales del siglo pasado.
En general, los políticos mexicanos han sido refractarios a escribir sus memorias. Esto no quiere decir, por supuesto, que a lo largo de dos siglos no haya habido quienes sí las han escrito. Pero han sido realmente pocos, si se considera el copioso número de los que debieron —así, de manera imperativa: debieron— haberlas escrito. Se deja de tarea a los estudiosos de las ciencias sociales (politólogos, historiadores, sociólogos) averiguar las causas que han originado esta actitud notoriamente omisa, por parte de prácticamente todas las generaciones de la llamada clase política mexicana.
Respecto a los libros de este género que en nuestro país se han publicado, que literariamente corresponden al género autobiográfico, procede hacer antes algunas consideraciones pertinentes.
En primer lugar, acerca de la autoría. No se necesita ser un lector muy perspicaz para darse cabal cuenta de que algunos de esos libros, supuestamente autobiográficos, no contienen realmente testimonios, memorias, recuerdos, vivencias personales de quienes aparecen como autores, por tratarse de libros escritos por encargo, tal vez de a tanto por cuartilla, con material que el amanuense consiguió aquí y allá, producto en el mejor de los casos de alguna investigación hemerográfica chafa.
Por ser de justicia, no se ha de incluir en el tipo de casos arriba descrito, si el político aporta directa y activamente a un escritor profesional (con grabadora o cuaderno de notas en mano) quien lleva puntual registro de hechos, circunstancias, documentos, datos, recuerdos y aun anécdotas que le narra el interesado, para dar con éstos no sólo cuerpo sino además interés y amenidad al texto. Se trata obviamente de un caso distinto, aunque no sea lo ideal.
Otros casos, verdaderamente lamentables, que bien conocemos, sobre todo de políticos y expresidentes de la República del periodo tecnocrático, corresponden a libros que más que de auténticas memorias de sus autores parecen informes de gobierno, enfadosos casi por naturaleza, con insufrible redacción de estilo burocrático, cuya lectura resulta torturante.
Otros parecen haber sido publicados más con el afán de confundir u ocultar algo a la opinión pública, que de informar. No faltan los que claramente se nota fueron escritos con el ánimo de defenderse sus autores de señalamientos y acusaciones graves sobre su desempeño, pero no con argumentos y razones sino con falsedades y sofismas. Y ya ni qué decir del expresidente al que le escriben los libros que sin rubor presenta como propios, cuando todo el mundo sabe que no lo son, y en broma se dice de él que “ha escrito más libros de los que ha leído”.
Se suele decir que en gustos se rompen géneros. Es cierto. Y más cuando se trata de géneros literarios. Específicamente en el de memorias de políticos me quedo, como modelos, con las escritas por José Vasconcelos (Ulises Criollo, La Tormenta, El Desastre y El Proconsulado, y hasta La Flama, que es una especie de resumen), no sólo por su contenido sino por su estilo espléndido, pues de Vasconcelos se dice —y se dice bien— que escribía poesía en prosa; y también con las memorias de José López Portillo (Mis Tiempos), aunque en desacuerdo con mucho de su contenido, considero que es así como se debe escribir este tipo de obras.
¿A qué viene lo anterior? A que este miércoles 28 de octubre se llevará a cabo en la Ciudad de México la presentación de las memorias del estimado amigo Gonzalo Altamirano, político de oposición con relevante presencia en el proceso de la transición mexicana a la democracia de finales del siglo pasado, memorias a las que dio el significativo título de Seguiremos continuando. Presentación a la que me hizo el honor de invitarme a participar y allí estaré.
Las memorias de Gonzalo han de entenderse no en el sentido que suele darse a este género literario: de nostálgicos recuerdos que se ponen por escrito al considerar que la hora del retiro y del adiós han llegado. De ninguna manera, como claramente lo da a entender el título mismo de su libro: Seguiremos continuando.
