Criminal priorización contra la salud: Gustavo Vicencio
“No me digas qué valoras; muéstrame tu presupuesto y te diré qué valoras”
Joe Biden Senior
Hoy, enfermarse en México es muy peligroso. Se llega a la clínica con la receta en la mano y se sale sin el medicamento. El gobierno prometió un sistema “como el de Dinamarca”, y lo que hay es una crisis que ya suma siete años de desabasto. Todo empezó con una decisión ideológica: borrar el Seguro Popular, principalmente por ser un servicio creado en una administración panista. Tenía defectos, claro, pero era una red de afiliación y financiamiento que cubría padecimientos de alto costo. Se demolió sin tener algo mejor. Vinieron el Insabi y luego el IMSS-Bienestar, y en cada mudanza los pacientes quedaron a la intemperie. Según el INEGI, 44.5 millones de mexicanos (34.2% de la población) no tenían derecho a servicios de salud en 2024 (cifra más reciente), más del doble que los 20.1 millones de 2018, antes de la desaparición del Seguro Popular.
Luego llegó la corrupción, la que supuesta y cínicamente iban a combatir. La compra consolidada 2025-2026, operada por Birmex, fue anulada por la Secretaría Anticorrupción tras detectar un sobrecosto de 13 mil millones de pesos en 175 claves de insumos médicos. Se decidió concentrar en una empresa con historial de opacidad la compra y distribución de medicinas, y los proveedores cercanos al poder se beneficiaron impunemente. Mientras tanto Birmex seguirá al frente de la compra 2027-2028, y aunque esta vez adjudicó 82% de las claves licitadas, el reto ahora es pagar a tiempo a los proveedores (la industria reclama adeudos de 14 mil millones). A eso se suma la negación. La presidente repitió una y otra vez que no había desabasto de medicamentos, hasta que fue a constatarlo ella misma con su gira a hospitales. El ninguneo llegó a las calles. En más de 24 entidades de la república miles de trabajadores del IMSS marchan por un aumento salarial justo, un retiro digno y mejores condiciones laborales, y entre sus demandas está el abasto de insumos. Quienes sostienen el sistema por dentro tienen que bloquear avenidas para ser escuchados. Y nuevamente la presidente los ningunea “no son tantos”.
Lo más indignante es que las prioridades se ven en las cuentas. El sector salud tendría en 2026 un presupuesto de $996,527.7 millones de pesos, y IMSS-Bienestar, que atiende a quienes no tienen seguridad social, recibiría $172,492.4 millones, con un aumento real de apenas 0.8%; la Secretaría de Salud sufriría un recorte de 3.2%. Ah, pero eso sí, las obras estrella cuatroteras seguirán tirando miles de millones de pesos, sin que nadie pueda impedirlo. Según Reforma, el Tren Maya ha costado en total unos 514 mil millones de pesos (de 2024), casi tres veces lo que IMSS-Bienestar recibe en un año (unos 172 mil millones en 2026). Y el sobrecosto de Tren Maya, Dos Bocas y AIFA, que ese medio calcula en 468 mil millones, equivale a casi la mitad de lo que se destina en un año a todo el sector salud (cerca de 966 mil millones).
¿En verdad los caprichos de un desquiciado que fue presidente de México en el sexenio pasado son más importantes que la salud de millones de mexicanos? ¿Cómo hacerles entender a quienes siguen apoyando al morenismo, a pesar de todas las evidencias, que los perjudican también a ellos?
Por lo pronto la oposición tiene que erigirse en defensora de la salud. Primero, hacer de la salud el eje de su agenda rumbo a 2027, con propuestas concretas. Segundo, exigir que en el Presupuesto de Egresos se etiqueten recursos obligatorios a medicamentos y personal médico, y blindarlos contra recortes y subejercicios. Tercero, exigir transparencia total en las compras: contratos públicos, testigos sociales con acceso real a las evaluaciones, auditorías externas y comparecencias de los responsables. Cuarto, dar el ejemplo donde gobierna, con entidades que demuestren que se puede abastecer hospitales sin corrupción. En los cuatro estados donde gobierna el PAN todos los niños y niñas con cáncer cuentan con los medicamentos necesarios para su tratamiento. Y quinto, aliarse con pacientes, colectivos, trabajadores y la industria en un frente ciudadano por la salud, sin colores partidistas. Esta lucha habrá que ciudadanizarla.
La salud no puede ser rehén de la ideología ni de la propaganda. Es criminal no darle presupuestalmente la prioridad que requiere. Quien promete transformar al país debe empezar por garantizar que nadie muera por falta de una medicina.
