La política que necesita el sistema de salud: Cesar Arenas
A unos meses de iniciar el nuevo proceso electoral federal en México, han comenzado a surgir las primeras propuestas de política pública. Recientemente, un partido político nacional de oposición presentó 111 planteamientos con el propósito de posicionar su oferta política ante la ciudadanía (PAN, 26 de junio).
Como se ha expuesto en esta serie temática, el sistema de salud en México constituye un entramado institucional complejo. Esta complejidad deriva de la multiplicidad de actores, condiciones, recursos, marcos normativos, problemas y objetivos que intervienen en su funcionamiento; así como de su estrecha vinculación con factores sociales, educativos, económicos y medio ambientales. En consecuencia, ninguna propuesta puede diseñarse desde una perspectiva aislada.
Reconocer esta complejidad permite entender que la política representa algo más que una competencia electoral. Su función también consiste en generar espacios de deliberación capaces de identificar coincidencias, procesar diferencias y construir acuerdos socialmente compartidos. La política permite construir mecanismos decisorios participativos, incluyentes y democráticos, especialmente en contextos de polarización.
En este marco, por ejemplo, la propuesta de creación de una red nacional de consultorios públicos con vinculación comunitaria y la atención médica oportuna para personas mayores de 55 años, podría ser muy similar en los objetivos que persiguen las acciones del actual gobierno con las brigadas de Médico en tú casa o las Clínicas móviles.
Sin embargo, la ausencia de mecanismos políticos de deliberación y control ciudadano puede hacer que buenas propuestas prioricen un uso político de los recursos públicos. Así ocurrió con el arrendamiento de clínicas móviles en Quintana Roo vinculado a funcionarios del oficialismo (Proceso, julio 2026); o la decisión de mantener la contratación de brigadas médicas cubanas que, de acuerdo con el Departamento de Estado de Estados Unidos constituyen una forma de trabajo forzoso (El Universal, 24 de julio).
Algo similar ocurre con la propuestas de crear un sistema nacional de salud integrado para dar acceso universal y gratuito a servicios médicos y medicamentos, con una plataforma pública para monitorear inventarios por clínica y hospital. En términos generales, estos planteamientos coinciden con la estrategia gubernamental de impulsar el servicio universal de salud, la construcción de una “megafarmacia” y la creación de una plataforma de compras consolidadas del sector salud.
No obstante, como se ha documentado ampliamente, ni la construcción de una “megafarmacia”, ni los nuevos mecanismos de control de abastecmiento, han logrado resolver el problema del desabasto de medicamentos. Una vez más, la ausencia de mecanismos democráticos para que todos los actores involucrados participen en el fortalecimiento del sistema de salud, limita el desarrollo de las capacidades institucionales, desalienta la inversión, la producción nacional y reduce las oportunidades de empleos en el sector.
Otro bloque de propuestas plantea una mejor versión del Seguro Popular, abrir más plazas permanentes, profesonalizar y mejorar las condiciones salariales del personal sanitario. Al respecto,Rogelio Gómez Hermosillo (El Universal, 22 de mayo de 2026) ha señalado que no es viable crear un IMSS Bienestar para el 56 por ciento de la población informal, ya que mantendría la segmentación de los servicios de salud.
Aunque en este bloque existen más divergencias que convergencias, es ahí donde radica precisamente el valor de la política al posibilitar un entendimiento para evaluar la opción más viable y sostenible a largo plazo. Sin embargo, cuando este mecanismo se encuentra ausente, la experiencia demuestra que el gobierno termina asumiéndose como el único intérprete del interés colectivo. Por ello, más que una propuesta adicional, el país necesita fortalecer los mecanismos de deliberación de las políticas públicas.
Como eje programático, se debería ampliar la participación de todos los actores en los espacios deliberativos del sector salud: desde el Consejo de Salubridad General, las comisiones, comités y cualquier órgano de decisión; o incluso, trascender los actuales organismos y crear una Comisión Consultiva de Política y Administración Sanitaria.
En los próximos meses surgirán nuevas propuestas, pero coincidan o no, el principal obstáculo no radica en el contenido, sino en la democratización de su diseño, implementación y evaluación. Hace unos años, la UNAM (2019) presentó sus 100 propuestas para el desarrollo. Recuperar este tipo de ejercicios académicos y plurales ofrece un punto de partida neutral para construir consensos duraderos sobre el futuro del sistema nacional de salud.
