Ruffo no puede quedarse solo
Por Cayetana Mars
Baja California tiene una deuda con su propia historia.
Ernesto Ruffo Appel no fue un gobernador cualquiera. Fue el hombre que abrió una nueva etapa democrática en nuestro estado. Gobernó con sencillez, recorrió sus municipios sin estridencias y demostró que el poder podía ejercerse sin abandonar la humildad.
Hoy se encuentra recluido en el penal del Altiplano. Como cualquier ciudadano, tiene derecho a que la ley siga su curso. Pero también tiene derecho a que se respete su dignidad, su salud y su integridad.
Sabemos que Ernesto Ruffo padece apnea obstructiva del sueño y depende de un equipo CPAP para poder respirar adecuadamente mientras duerme. También sabemos que en el área donde permanece recluido no cuenta con energía eléctrica. Sin electricidad, ese equipo simplemente no puede funcionar.
No estamos hablando de un privilegio.
Estamos hablando de una necesidad médica indispensable.
Ningún Estado de Derecho puede permitirse que una persona vea comprometida su salud por la falta de las condiciones mínimas para recibir el tratamiento que requiere.
La concentración celebrada recientemente en Tijuana fue un primer paso, pero Baja California necesita mucho más.
Ha llegado el momento de organizarnos con seriedad. No basta una manifestación espontánea. Se requiere una gran marcha ciudadana, pacífica, ordenada y multitudinaria, capaz de reunir a todos aquellos que creen en la dignidad humana y en el Estado de Derecho.
Desde estas líneas hago un respetuoso llamado para que hombres que han sido parte de la historia democrática de nuestro estado acepten encabezar este esfuerzo ciudadano. Me refiero a Víctor Hermosillo, quien fue Presidente Municipal de Mexicali y Senador de la República, un hombre de reconocida probidad y ampliamente respetado en los ámbitos político, empresarial y social; a Rodolfo Valdez Gutiérrez, quien fue Secretario General de Gobierno durante la administración de Ernesto Ruffo Appel; José Carlos Sánchez, quien fue Secretario de Fomento Agropecuario; y a líderes nacionales como Ricardo Anaya, para que, junto con empresarios, organizaciones civiles, profesionistas, estudiantes y miles de bajacalifornianos, alcen la voz en defensa de la dignidad humana, del debido proceso y del respeto irrestricto a los derechos fundamentales.
Esta marcha no debe pertenecer a un partido político.
Debe pertenecer a Baja California.
Porque Ernesto Ruffo Appel no representa únicamente el nombre de un exgobernador.
Representa el inicio de una nueva etapa democrática para nuestro estado.
Cuando un pueblo guarda silencio mientras uno de los suyos enfrenta condiciones que vulneran su dignidad, no sólo abandona a un hombre; comienza también a renunciar a los valores que le dieron identidad.
Baja California hizo historia en 1989.
No permitamos que, por indiferencia, esa historia se escriba ahora con silencio.
