septiembre 20, 2026

Micropolítica sin ética

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Roy Cohn, el hombre que 

enseñó a Donald Trump

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Desde las tres de la mañana de este sábado, 19 de septiembre de 2026, escuchaba por NPR una entrevista de The New Yorker Radio Hour que se convirtió en el punto de partida de esta serie de tres artículos. David Remnick, director de The New Yorker, conversaba con el historiador Kai Bird acerca de American Scoundrel: Roy Cohn’s Dark Journey from Joe McCarthy to Donald Trump (Canalla estadounidense: El oscuro viaje de Roy Cohn, de Joe McCarthy a Donald Trump).

El libro es obra de Bird y de su esposa, Susan Goldmark. Ella es coautora y parte esencial de la investigación. A ambos corresponde el crédito por reconstruir la vida de Roy Cohn y documentar la profundidad de su influencia sobre Donald Trump. Bird obtuvo anteriormente el Premio Pulitzer por American Prometheus, la biografía de Robert Oppenheimer que escribió con Martin J. Sherwin.

Mientras escuchaba, reconocía casi página por página los conceptos de mi libro Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizaciones. La Micropolítica estudia cómo las personas adquieren, utilizan, conservan y pierden poder mediante relaciones, información, alianzas, intercambios, dependencias, conflictos y estrategias que muchas veces permanecen invisibles.

En ese libro, el capítulo 9 está dedicado a ética y valores. La aclaración es indispensable porque Roy Cohn parecía conocer casi todo lo que enseña la Micropolítica, pero actuaba como si ese capítulo nunca hubiera existido.

Sin ética, conocer el poder no conduce necesariamente al liderazgo. Puede convertirse en una tecnología de dominación.

De McCarthy a Nueva York

Roy Cohn nació en Nueva York en 1927, terminó Derecho en Columbia extraordinariamente joven y alcanzó notoriedad como fiscal en el triste proceso contra Julius y Ethel Rosenberg, ejecutados por espionaje en 1953. Después se convirtió en el principal abogado del senador Joseph McCarthy durante la persecución de supuestos comunistas dentro del gobierno estadounidense, que cometió excesos vergonzosos.

McCarthy proporcionaba el escenario y el apellido; Cohn ayudaba a construir el método: acusar primero; obligar al adversario a defenderse; utilizar sospechas como si fueran pruebas; filtrar información; convertir cualquier crítica en demostración de una conspiración todavía mayor y destruir una reputación antes de que los hechos pudieran esclarecerse.

Terminada su etapa en Washington, Cohn se transformó en uno de los grandes fixers de Nueva York. Un fixer no es solamente un abogado: es alguien que “arregla” problemas mediante relaciones políticas, favores, amenazas, litigios, información confidencial y acceso privilegiado. Entre sus clientes y asociados aparecieron empresarios, celebridades, políticos y miembros de distintas familias de la Mafia.

En 1973 conoció a un joven Donald Trump. El Departamento de Justicia había demandado a la empresa de Fred y Donald Trump por discriminar a personas negras que intentaban alquilar sus departamentos. Trump buscó el consejo de Cohn. La respuesta fue reveladora: no admitir nada, contraatacar y demandar al gobierno por cien millones de dólares.

La contrademanda fracasó y los Trump finalmente firmaron un acuerdo. Pero Cohn y Trump proclamaron públicamente que habían ganado. El resultado jurídico importaba menos que la percepción pública. Trump aprendió que una derrota podía presentarse como victoria si se dominaba la narrativa.

Durante los años siguientes, Cohn lo introdujo en los círculos políticos, sociales y empresariales de Manhattan. Le ayudó con contactos, permisos, beneficios fiscales y litigios. Según Kai Bird, en los momentos de mayor cercanía hablaban por teléfono hasta doce veces al día.

Cohn le enseñó reglas que todavía resultan reconocibles: nunca admitir un error; responder a cualquier acusación con otra mayor; atacar al acusador; prolongar los procesos; agotar al adversario; evitar dejar huellas escritas; utilizar los tribunales para intimidar; convocar a los medios; inventar una historia más espectacular que los hechos y jamás reconocer una derrota.

Cuando en 2017 el fiscal general Jeff Sessions se recusó de la investigación sobre la intervención rusa en las elecciones, Trump reaccionó: “¿Dónde está mi Roy Cohn?”. No pedía solamente un abogado competente. Reclamaba un protector absolutamente leal, dispuesto a utilizar el poder institucional en defensa de la persona.

Trump deja de ser un misterio

Trump suele parecer contradictorio e imprevisible. Observado a través de Cohn, deja de ser un misterio.

Su insistencia en declararse vencedor; la descalificación de jueces, fiscales y periodistas; negar acceso a las conferencias de prensa a ciertos medios; la transformación de toda investigación en una “cacería de brujas”; el ataque inmediato a quien lo critica; la exigencia de lealtad personal y la sustitución de los hechos por una narración conveniente no son ocurrencias aisladas. Son componentes de un método aprendido. Reitero, el misterio se descubre a través de lo que aprendió de Roy Cohn y que lo practica en el contexto de la poderosa función de Presidente de los Estados Unidos.

Fred Trump pudo haberle enseñado la ambición y la dureza en los negocios. Joseph McCarthy proporcionó el antecedente político: el poder de una acusación repetida. Roy Cohn convirtió esas prácticas en un sistema y enseñó las tácticas. Donald Trump las trasladó de los tribunales y los negocios inmobiliarios y a la Presidencia de Estados Unidos.

Los tres comprendieron que el poder es una capacidad relacional. Supieron construir redes, producir dependencias, administrar recompensas y castigos, explotar vulnerabilidades y convertir información en influencia. Lo que no reconocieron fueron límites éticos capaces de contener esas capacidades.

Roy Cohn demuestra por qué el capítulo 9 del libro que escribí, no es un adorno moral agregado al final de la Micropolítica. Es el capítulo que impide que el conocimiento del poder se convierta en un manual para depredadores.

Esta historia adquiere una dimensión todavía mayor cuando la trasladamos a la capacidad de poder más extraordinaria de nuestro tiempo: la inteligencia artificial. Ese será el tema del siguiente artículo.

*Alfredo Cuéllar es profesor retirado de California State University, Fresno; consultor internacional, columnista y autor de Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizacionesPara la preparación de este artículo, el autor utilizó inteligencia artificial como herramienta de investigación, organización de información y apoyo editorial. Las ideas, el enfoque, las conclusiones y la responsabilidad final corresponden exclusivamente al autor.

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