Un Mundial, dos Méxicos: Abel Vicencio
“El fútbol es la cosa más importante
de las cosas menos importantes.”
Jorge Valdano
La inauguración del Mundial 2026 en la Ciudad de México dejó una fotografía cruda, profundamente reveladora del país que somos. Mostró dos Méxicos coexistiendo al mismo tiempo: Uno capaz de organizar un espectáculo global, llenar plazas públicas y emocionarse con un triunfo deportivo. Otro atrapado en protestas, obras inconclusas, polarización y problemas estructurales que ninguna ceremonia puede esconder. De muchos temas que se pueden abordar, veamos dos negativos y dos positivo.
La ausencia de la presidente en el estadio. Es absolutamente irónico que quien presume ser una de los mandatarios más populares del mundo no haya acudido a representar a México en una ceremonia vista por millones de personas en todo el mundo, y a recibir los aplausos y VIVAS de sus gobernados. Se menciona en medios de comunicación que ningún mandatario de ningún país anfitrión ha faltado a este tipo de eventos. Hasta hoy. En la inauguración de las olimpiadas de 1968 Díaz Ordaz se atrevió a asistir a unos días de la matanza de estudiantes en Tlatelolco. En el mundial de 1986, Miguel de la Madrid aguantó la rechifla por su falta de iniciativa y pasividad en la reacción gubernamental debido al terremoto de 1985. Sinceramente no había ninguna razón de peso para la actual ausencia de la presidente. Por ello este gesto confirma que no acudió por miedo a recibir una rechifla monumental. Miedo a mostrarse ante el mundo como una presidente popular en sus encuestas, pero muy impopular en la vida real. Lo que sí, al menos, es que se agradece el cambio visual por Salma Hayek.
Las manifestaciones de organizaciones y colectivos inconformes. Los medios de comunicación hablan de alrededor de nueve movilizaciones que se dieron en la capital del país aprovechando la inauguración de la justa mundialista. Dos fueron las más significativas: la de la CNTE, siguiendo con su plantón en varias calles de la Ciudad de México, generando caos vial, cierre de negocios, despido de trabajadores, y evidenciando la ya inocultable incompetencia e incapacidad gubernamental. Por el otro, los colectivos de las Madres Buscadoras, quienes no han sido recibidas por la presidente ni atendido sus justas demandas. Tienen que llegar a estos extremos debido a la insensibilidad y falta de empatía del oficialismo quien tiene mucha responsabilidad en las desapariciones y en las nulas acciones para evitarlas.
En el aspecto positivo podemos mencionar lo siguiente:
Estadio lleno y colorido. En el lado positivo, se demostró una vez más la capacidad de los mexicanos de organizar grandes eventos como estos. A pesar de todos los problemas que persistieron afuera tuvimos un estadio repleto, mucha alegría, mucho entusiasmo, la entonación del himno nacional mexicano que puso la piel chinita a muchos, y por supuesto la victoria de 2 a 0 contra Sudáfrica. Durante 39 días, hasta el 19 de julio en la gran final, las y los mexicanos estaremos muy atentos y distraídos en lo que se ha llamado “la cosa más importante de las cosas menos importantes.”
Motivo de unidad nacional. En un México tan polarizado, con tantos problemas que no solo no se resuelven, sino que se van incrementando, con tan pocas razones para estar satisfechos con los gobiernos en turno, es muy bienvenido un evento que nos puede dar sensación de unidad, de ver hacia un objetivo común en lugar de vernos entre nosotros como adversarios. Todos estaremos atentos a que México como país siga ganando y logre lo que no ha podido en tantos y tantos mundiales a los que hemos asistido. Nos ponemos la camiseta de la selección nacional, nos reunimos con familiares y amigos para presenciar juntos los partidos, dejaremos de lado otros problemas que pueden esperar.
Este mundial nos puede ayudar en estar conscientes de estos dos Méxicos que coexisten. Sí, tenemos muchos problemas. Sin embargo, se presenta un elemento unificador que hace a un lado las diferencias y nos da esperanza de que los mexicanos podemos lograr grandes cosas si nos unimos y luchamos hacia un objetivo común. La gran pregunta es ¿cómo podemos traducir este ánimo, este momento cohesionador, en un movimiento que más allá del futbol nos una para lograr vivir como un país que lo tiene todo para lograr lo que se proponga? El mundial nos puede dar muchas lecciones valiosas. Pongamos atención para aprovecharlas en los temas importantes a fin de que, al terminar este evento deportivo nos sigamos de frente y pongamos la mira en luchar juntos por un México justo, próspero, ganador. Sí es posible. De nosotros depende.
