Paola Longoria y Colosio podrían irse a… gobernar SLP y Sonora
¿Para aspirar a gobernar un estado basta con haber nacido ahí, aunque la mayor parte de la vida política se haya construido en otra entidad? Esta es la una pregunta que empieza a recorrer los escenarios políticos rumbo a 2027 y que, más allá de los nombres, plantea un debate de fondo sobre el llamado paracaidismo electoral.
El caso de Paola Longoria en San Luis Potosí y el senador Luis Donaldo Colosio Riojas como posible candidato a la gubernatura de Sonora tienen un elemento en común: ambos nacieron en la entidad con la que ahora se les relaciona políticamente, pero han vivido fundamentalmente en Nuevo León y los puestos políticos que han tenido han sido por Nuevo León.
Longoria hoy es diputada federal,a pesar de haber perdido la elección contra el hoy diputado Santiago González, quien le ganó, ya que le dieron una «Plurinominal».
Colosio Riojas nació en Sonora, pero su carrera política se construyó en Nuevo León: fue diputado local, alcalde de Monterrey y actualmente es senador por esa entidad.
La coincidencia resulta interesante porque obliga a distinguir entre origen, residencia, identidad y trayectoria política.
Nacer en un estado no significa conocerlo políticamente
El lugar de nacimiento es un dato objetivo. Pero gobernar una entidad implica mucho más que haber nacido en ella. Significa conocer sus regiones, sus municipios, sus problemas, sus grupos sociales, sus sectores productivos, sus desigualdades y, sobre todo, haber construido una relación política con sus ciudadanos.
Aquí aparece una tensión inevitable.
¿Qué pesa más: el acta de nacimiento o la trayectoria?
Legalmente, la respuesta depende de los requisitos constitucionales y electorales de cada estado. Políticamente, la respuesta corresponde a los ciudadanos.
Y esa diferencia es fundamental.
Una persona puede cumplir perfectamente con los requisitos legales para ser candidata o candidato y, al mismo tiempo, enfrentar el cuestionamiento político de quienes consideran que su vínculo con la entidad es insuficiente.
El caso Longoria
Paola Longoria representa un perfil particularmente atractivo para Movimiento Ciudadano. Tiene reconocimiento nacional e internacional, una trayectoria deportiva extraordinaria y ahora experiencia legislativa. Además, nació en San Luis Potosí. Pero su vida pública se desarrolló principalmente en Nuevo León.
Por eso la discusión sobre una eventual candidatura no debería reducirse a preguntar si «puede» competir. La pregunta políticamente relevante es otra:
¿Puede construir en San Luis Potosí un proyecto que los potosinos sientan como propio?
Eso solamente podrá responderse cuando exista una candidatura formal y comience el proceso electoral.
Por ahora, me dicen que es solo un prospecto, y que el propio coordinador estatal de MC, Marco Antonio Gama Basarte, ha puesto freno al decir que no existe una propuesta formal para que Longoria compita por la gubernatura.
Es decir, Longoria está en el tablero, pero todavía no tiene asignada la partida.
Colosio y Sonora: el espejo
En caso de Luis Donaldo Colosio Riojas su apellido tiene una enorme carga política en Sonora. en Nuevo León, cuenta con el peso del desgaste del actual gobierno encabezado por el emenecista Samuel García y el desgaste propio por su pésimo paso por la alcaldía de Monterrey, donde dejó más problemas de los que encontró.
Si finalmente su nombre se convierte en una opción para la gubernatura de Sonora, enfrentará una pregunta similar a la de Longoria:
¿Qué tan sonorense es políticamente alguien cuya carrera se hizo en Nuevo León?
Y precisamente ahí estará uno de los mayores retos de una eventual candidatura: transformar el reconocimiento nacional y el apellido en una estructura política y en una propuesta específicamente sonorense.
¿Se está convirtiendo el origen en una nueva vía de acceso al poder?
Hay algo más profundo detrás de estos dos casos.
La política mexicana está cambiando.
Durante décadas, las candidaturas a las gubernaturas fueron dominadas por políticos formados dentro de las estructuras locales: alcaldes, diputados, funcionarios estatales, dirigentes partidistas y grupos políticos regionales.
Hoy los partidos buscan perfiles distintos.
Deportistas, empresarios, ciudadanos con reconocimiento público, figuras de redes sociales y políticos con carreras construidas en otras entidades pueden convertirse en opciones electorales.
Pero hay algo muy obvio, una cosa es tener popularidad y otra, arraigo.
El elector tendrá la última palabra
Ambos tienen derecho a participar en política y, si cumplen los requisitos legales, a ser considerados por los partidos.
Pero los ciudadanos también tienen derecho a preguntar:
¿Dónde construyeron su carrera?
¿A quién conocen? ¿Qué quieren realmente?
