Las Mañaneras: Armando de la Fuente

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Imagen actual: Grito desesperado ahogado” , en el que desde el maremágnum de notas, noticias, columnas, “memes” y correos de whatsapp, repetidas una y mil veces sobre Rocha, Claudia y Trump, ocultan y “tapan”

Las Mañaneras se convirtieron en uno de los instrumentos políticos más poderosos de la Presidencia mexicana.

Andrés Manuel López Obrador entendió antes que muchos políticos contemporáneos que quien establece diariamente la agenda informativa tiene una enorme ventaja: decide de qué se habla, quién es señalado, qué temas reciben atención y cuál será la narrativa que dominará buena parte de la conversación pública.

Claudia Sheinbaum heredó ese instrumento y lo mantiene como una de las principales vías de comunicación de su gobierno. La propia Presidencia transmite regularmente estas conferencias, en las que la mandataria informa sobre las acciones gubernamentales y responde preguntas de periodistas.

Pero aquí surge una pregunta incómoda: ¿son las Mañaneras un ejercicio de rendición de cuentas o se han convertido también en una herramienta de comunicación política?

La respuesta probablemente tenga dos componentes.

Informar directamente a la ciudadanía puede fortalecer la democracia. Evitar intermediarios, explicar decisiones y responder preguntas de periodistas son prácticas legítimas y necesarias.

El problema aparece cuando una conferencia presidencial se transforma en una plataforma para desacreditar adversarios, descalificar medios, imponer una interpretación de los acontecimientos o presentar como hechos incontrovertibles afirmaciones que deberían estar sujetas a comprobación.

La enorme capacidad de difusión de la Presidencia genera una relación desigual frente a los ciudadanos y frente a los medios. Por ello resulta relevante que actualmente exista un debate político sobre la posibilidad de incorporar las Mañaneras al derecho de réplica cuando se difundan afirmaciones falsas o inexactas.

El asunto merece una discusión seria, independientemente de quién ocupe Palacio Nacional.

Porque el problema no es que el Presidente o la Presidenta tenga un espacio para hablar.

El problema sería que ese espacio terminara convirtiéndose en un monopolio de la versión oficial.

Una democracia requiere gobierno, pero también requiere oposición; requiere información oficial, pero también periodismo independiente; requiere comunicación presidencial, pero también derecho a cuestionarla.

Las Mañaneras pueden ser una herramienta democrática extraordinaria si sirven para informar.

Pero pueden convertirse en una herramienta de propaganda si sirven para sustituir la realidad por una narrativa.

Por eso, el ciudadano tiene una responsabilidad fundamental: escuchar, pero también preguntar; conocer la versión oficial, pero contrastarla; aceptar los datos cuando estén sustentados, pero cuestionarlos cuando existan razones para hacerlo.

La democracia no consiste en creerle al poder.

Consiste en tener la libertad de preguntarle al poder si lo que dice es verdad.

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