ACJM; persecución y Cristiada

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Durante decenios la historia oficial de México “borró” hechos muy importantes acaecidos tras la Revolución Mexicana. Y se trata de hechos de grave importancia. Básicamente la persecución anticatólica de los gobiernos postrevolucionarios tras la promulgación de la nueva Constitución de 1917. Acciones de gobiernos de Obregón y de Plutarco Elías Calles, mayoritariamente, en contra de todo lo católico, acaecido tanto dentro de lo antirreligioso constitucional como en la legislación secundaria en ese mismo sentido, en particular la que se conoció popularmente como “ley Calles” y aún fuera de la legalidad.

Ya desde los años revolucionarios se iniciaron acciones en contra de la iglesia católica, tanto jerárquica como seglar. Acciones que llegaron con Calles como presidente a asesinar sacerdotes y líderes católicos, a atacar actos y ceremonias católicas, destruir e incautar propiedades, cerrar escuelas, conventos y hospitales, encarcelar personas con o sin orden judicial con respaldo en la nefasta “ley Calles”. La persecución callista contra todo o católico (no se vieron acciones en contra de otras religiones) llegó a tal grado que llevó a muchos católicos en 1926 a levantarse en armas como legítima defensa, en lo que se conoció como la guerra cristera o la cristiada, nombres derivados del clamor popular de ¡Viva Cristo Rey!

El levantamiento armado fue el último recurso ante acciones legales, manifestaciones y otros actos populares de reclamo en contra de los abusos y crímenes cometidos por el gobierno callista. La cristiada no fue un movimiento armado nacido de intereses a favor del clero, religiosos y seglares. Fue una legítima defensa de la fe ante los ataques gubernamentales contra la población.

En los años previos a la cristiada, hubo muchas acciones legítimas y legales de protesta de líderes católicos, teniendo como ejemplo brillante al abogado Anacleto González Flores en Jalisco, en actividades periodísticas y de organización social en defensa de la libertad religiosa. Fue un gran líder social, tan importante que el gobierno se dedicó a cazarlo para darle muerte, sin juicio, y así lograron.

Muchos jóvenes sobre todo, actuaron dentro de los derechos constitucionales en defensa de la libertad religiosa, antes y durante la cristiada, y en los años subsiguientes. En particular se distinguieron jóvenes afiliados a una organización seglar, que había sido fundada el 12 de agosto de 1913, bajo la dirección de un joven sacerdote francés, jesuita, el padre Bernardo Bergüend; la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la ACJM.

Los jóvenes de la ACJM se dedicaron a llevar a cabo lo que señalaban sus principios de “piedad, estudio y acción”, en grupos parroquiales y con una organización que se fue extendiendo a lo largo del país. El lema de la ACJM era y es “Por Dios y por la Patria”. Y su actuar obedecía y obedece a esta consigna: “Por Dios y por la Patria” hasta el presente.

La formación en círculos de estudio de la ACJM es lo que permitió a sus miembros estar preparados para actuar tanto en labores de evangelización como en acciones en defensa de la libertad religiosa. Miembros destacados hubo muchos, entre los cuales se distinguen “el Maestro”, así nombrado por sus compañeros y amistades, Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza, ambos fusilados por el callismo, mártires por defender a Cristo Rey.

Los miembros de la ACJM, conocidos como acejotaemeros, no solamente participaron en las luchas sociales y populares por la libertad religiosa en forma notable, sino que muchos se incorporaron a las filas de los cristeros, para defender sus ideales de fe y libertad religiosa con las armas.

A los cien años del principio de la guerra cristera, que concluyó en 1929, tras lo que se conoce como “los arreglos” entre algunos obispos mexicanos y el gobierno de Emilio Portes Gil (sucesor de Elías Calles) como presidente interino, para beneficio de la memoria histórica de México mucha gente de diversos medios se ha dedicado a traer al presente esa época trágica, de la persecución y la cristiada. Que las actuales generaciones sepan de ella. Se han sacado a la luz libros, documentos, cartas y fotografías de la guerra cristera.

Para la ACJM, para quienes militamos en ella durante años juveniles, los temas de la persecución religiosa y la cristiada siempre han sido muy importantes, esencia histórica de nuestra organización, y la ACJM siempre mantuvo vivo el espíritu de lucha por la fe y la libertad religiosa. Mientras que entre la población mexicana prevalecía el silencio oficial de esos terribles años de persecución y defensa de la libertad religiosa y todo ello se mantenía como si no hubiera existido, la ACJM mantuvo y mantiene vivo su recuerdo, como parte esencial de la trayectoria histórica de la misma y de la iglesia en México.

Para la ACJM es motivo de orgullo y de gran ejemplo haber tenido en sus filas, unos años después de su fundación, a muchos héroes y mártires, y se les recuerda siempre en la arenga acejotaemera, que hace referencia a la “memoria de nuestros héroes y de nuestros mártires, que dieron su vida por su patria y por su Dios”. La ACJM está ligada por siempre con todos ellos y por muchos jóvenes convertidos por la “piedad, el estudio y la acción” en hombres valiosos para nuestro país, a través de más de cien años de su fundación.

Y entre sus jóvenes integrantes y quienes en ella militamos, que hemos sido muchos miles, sigue vivo, presente, el grito de ¡Viva Cristo Rey! De quienes defendieron la fe en lo social y lo bélico. En nuestro corazón siempre seguimos siendo parte de nuestra ACJM, exacejotaemeros, y de alguna manera continuar siendo acejotaemeros, más que “ex”, como me escribió hace muchos años un acejotaemero que participó en la defensa de la libertad religiosa y en la cristiada, llegando a ser teniente general, y durante años editor de la revista “David”, dedicada a mantener viva la memoria cristera, don Aurelio R. Acevedo, diciendo precisamente “Soy un viejo acejotaemero, pero no un “ex”.

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