¿Qué habría hecho mi padre? Federico Ruiz López

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Juan Armando Ruiz Chávez Camacho

Amigos: no se pierdan esta memoria de uno de los hijos de nuestro entrañable Federico Ruiz López. Nos platica sobre su padre, tras su fallecimiento en agosto de 2017. (Extracto).

Su despedida ha tenido que ser como su vida. Enorme, intensa, grandiosa, multitudinaria. He dado tantos abrazos que me duelen los hombros. Experimenté tantas muestras de respeto, cariño y pesar por su partida que aún no pienso con claridad. Escogieron una fotografía suya tan viva que parecía sonreírnos, hablarnos, regañarnos por llorar y decirnos que todo está bien, que sigamos nuestro camino sin olvidar lo que nos dejó.

He leído y oído muchas reseñas de su vida en estos días. Todas acertadas. Despertó admiración y cariño por todos lados. A otros los inspiró a servir a los demás. También generó antipatías, nunca pretendió ser monedita de oro. Lo suyo era servir.

Para los que tuvimos la dicha de ser amados por él, mi padre era un apapachador incansable. No recuerdo ni una sola vez que lo haya visto sin que me apapachara. Me tomaba siempre las mejillas entre sus manos.

También era un experto en cualquier tema. De adolescentes mis hermanos y yo jugábamos a retarlo. Cuando estaba leyendo algo, sacábamos el diccionario de la Real Academia y le preguntábamos el significado de la palabra más extraña que encontráramos a ver si lográbamos como respuesta un “no sé”. Nunca pudimos vencerlo.

Cuando estudiaba la carrera de Derecho, en más de una ocasión una llamada a mi papá fue toda la a bibliografía que tuve que usar. Le preguntaba sobre un tema y ponía la grabadora. Podía echarse un monólogo por horas sobre cualquier tema.

Leía muchísimo, leía siempre. Por las mañanas el periódico y por las noches libros. Cientos, miles de libros. Dormía muy poco, poquísimo. Nunca le alcanzaba un día para todo lo que quería hacer y leer. Libros de Derecho, de Teología, novelas, históricos… de todo. Al final de su vida sabía perfectamente cómo investigar cualquier tema por internet, pero le encantaba leer libros.

Será difícil seguir su camino. Estudié Derecho y entre mis ideales estaba el dedicarme al servicio público como lo hizo él. Lo cierto es que nunca he descartado dedicarme a ello, pero los zapatos de mi padre son tan grandes de llenar que me siento inútil. No recuerdo a nadie con tanta vocación de servicio ni con tanta fe o paciencia con la gente

Siendo de oposición, tenía clarísimo que debía ser enérgico sin llegar a la violencia. Recuerdo haberlo visto callar a una multitud que gritaba “muera Televisa” en uno de tantos mítines que me tocó vivir desde niño. Años después me enteraría de ocasiones en que enfrentó a una turba enardecida y armada, con todo el valor que se requiere para ello. Con la verdad como estandarte, como ya nadie lo hace. Me dijo que nunca temió que lo mataran y que era más importante cumplir con su deber. Y por supuesto que lo intentaron matar más de una vez.

Creo que podría escribir por años y me quedaría corto. En resumen, soy afortunado de haber sido amado por él de una manera muy especial, y a pesar de mi renuencia, quienes me conocen saben que soy apapachador, claro de ideas y que en la medida de lo posible intento servir de algo a todos. No podría ser de otra forma. No sería digno hijo de mi padre.

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