El muro de la historia que no pudo construir

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Los gobiernos pueden 

levantar muros; 

la historia siempre encuentra

 la manera de atravesarlos.

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El Muro Invisible

Toda generación construye sus propios muros. Unos son de piedra; otros, de leyes; otros, de miedo. Ninguno ha logrado detener a la historia.

Las imágenes se repiten casi todos los días. Agentes migratorios detienen viajeros en aeropuertos estadounidenses; algunos tienen visas vencidas, otros están casados con ciudadanos estadounidenses. En ciertos casos, la discusión ya no gira únicamente en torno a documentos migratorios, sino también al acceso al contenido de un teléfono celular.

Muchos observadores interpretan estos hechos como una nueva etapa de la política migratoria del presidente Donald Trump. Sin embargo, desde la perspectiva de la Micropolítica, estas escenas son apenas la manifestación visible de un fenómeno mucho más profundo. El verdadero protagonista no es un presidente ni un partido político. El verdadero protagonista es el poder.

El poder rara vez actúa sobre una página en blanco. Siempre encuentra una historia previa, una cultura, una memoria colectiva y unas instituciones heredadas. Las aprovecha, las transforma o las utiliza para construir legitimidad.

La frontera entre México y Estados Unidos constituye uno de los mejores ejemplos.

La Frontera Nació Antes que el Muro

La frontera entre México y Estados Unidos no es una frontera cualquiera. No surgió de una evolución natural entre dos naciones. Nació de una guerra.

A mediados del siglo XIX, Estados Unidos había consolidado un poderoso ejército y abrazado una visión estratégica conocida como el Destino Manifiesto: la convicción de que su expansión debía extenderse desde el Atlántico hasta el océano Pacífico. Aquella salida al Pacífico no respondía solamente a una aspiración territorial; significaba abrir nuevas rutas comerciales hacia Asia, fortalecer su seguridad nacional y consolidarse como una potencia continental.

Antes de la guerra, Washington intentó adquirir Alta California mediante negociación. México rechazó la propuesta. Poco después, la anexión de Texas, el conflicto sobre la frontera y una serie de decisiones políticas condujeron a la guerra de 1846. Numerosos historiadores consideran que aquel conflicto formó parte de un proyecto expansionista que terminaría modificando el mapa de América del Norte.

El resultado histórico es incuestionable. México perdió cerca de la mitad de su territorio.

Pero hubo otra consecuencia de la que pocas veces se habla.

Miles de mexicanos nunca cruzaron la frontera. Fue la frontera la que cruzó sobre ellos.

Aquellos hombres y mujeres despertaron viviendo en otro país sin haber abandonado jamás sus hogares. Sus familias, su idioma, su cultura y sus tradiciones permanecieron donde siempre habían estado. Lo único que cambió fue el mapa.

Ésta es la razón por la cual la frontera entre México y Estados Unidos sigue siendo distinta de muchas otras fronteras del mundo. No divide únicamente dos Estados; atraviesa una historia compartida.

La Micropolítica nos enseña, sin embargo, que no podemos quedar atrapados en la nostalgia ni vivir preguntándonos qué habría ocurrido si aquella guerra nunca hubiera existido. La historia no puede reescribirse. Ese territorio pertenece hoy a los Estados Unidos y esa realidad forma parte del presente.

Pero comprender cómo nació esa frontera resulta indispensable para entender por qué continúa produciendo tensiones que ningún gobierno ha logrado resolver plenamente.

Cuando la Globalización Dejó Atrás a las Personas

Mientras la historia seguía su curso, la economía tomó otro camino.

Las empresas cruzaron la frontera con enorme facilidad. Lo hicieron las inversiones, las fábricas, las cadenas de suministro, la tecnología, los capitales y los productos. La integración económica entre ambos países alcanzó niveles sin precedente.

Paradójicamente, cuanto más libre se volvió el movimiento del dinero y de las mercancías, más complejo se volvió el movimiento de las personas.

Ésta es una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo.

La globalización eliminó numerosos obstáculos para el comercio internacional, pero no resolvió la movilidad humana. Por el contrario, hizo todavía más visible la diferencia entre quienes pueden cruzar una frontera gracias a un capital financiero y quienes sólo cuentan con su trabajo.

Durante décadas, gobiernos de ambos partidos reconocieron que el sistema migratorio estadounidense necesitaba una reforma profunda. Sin embargo, las soluciones fueron aplazándose una y otra vez.

Aquí aparece una de las preguntas fundamentales de la Micropolítica.

El Poder Necesita Problemas

¿Qué ocurre cuando un problema produce más beneficios políticos sin resolverse que resolviéndose?

Ésa es una de las preguntas más incómodas de la Micropolítica.

Durante décadas, demócratas y republicanos reconocieron que el sistema migratorio estadounidense era disfuncional. Se propusieron reformas, se anunciaron acuerdos y se prometieron soluciones. Sin embargo, una y otra vez, el problema sobrevivió.

¿Por qué?

La respuesta no puede reducirse a la incompetencia política. Tampoco basta con atribuirla a diferencias ideológicas. Existe otra posibilidad que la Micropolítica nos obliga a considerar: algunos conflictos producen tanto poder que resolverlos deja de ser políticamente rentable.

Un sistema migratorio permanentemente tensionado genera miedo, moviliza electores, fortalece identidades partidistas y ofrece un conflicto permanente alrededor del cual construir campañas políticas.

En Micropolítica existe un principio que se confirma con frecuencia:

No todo problema que permanece sin resolverse obedece a incapacidad. Algunos sobreviven porque resultan políticamente útiles.

Ésta es precisamente la diferencia entre administrar un problema y resolverlo.

Quien administra un problema puede utilizarlo una y otra vez. Quien lo resuelve pierde un poderoso instrumento de movilización política.

Hoy asistimos a una nueva expresión de esa lógica.

La política migratoria actual no busca únicamente deportar personas. También pretende producir un efecto disuasorio.

Los operativos altamente visibles, las detenciones en aeropuertos, centros de trabajo y espacios públicos, así como la amplia difusión de esas acciones, transmiten un mensaje que va mucho más allá de quienes son detenidos.

El destinatario real no siempre es la persona arrestada.

El destinatario es la comunidad que observa.

Cuando el miedo modifica la conducta de millones de personas, el poder ha conseguido un resultado mucho más amplio que el simple cumplimiento de una ley.

Ésa es una de las expresiones más sofisticadas del poder contemporáneo.

Al mismo tiempo, cuando durante esos operativos se denuncian excesos, violaciones al debido proceso o un uso desproporcionado de la fuerza, la discusión deja de ser exclusivamente migratoria.

Se convierte en una discusión sobre el Estado de derecho.

En una democracia, la eficacia nunca puede convertirse en sustituto de la legalidad. El poder encuentra su legitimidad precisamente en los límites que la ley le impone.

La Micropolítica enseña que el poder más fuerte no es el que actúa sin límites, sino el que conserva legitimidad mientras ejerce autoridad.

Del Muro al Teléfono Celular

Durante años, el muro simbolizó la respuesta política al fenómeno migratorio.

Para unos representó seguridad.

Para otros, exclusión.

Sin embargo, el verdadero cambio ha ocurrido en otra parte.

Hoy el poder ya no se limita a controlar un territorio. También busca controlar la movilidad, la información y, en ciertos casos, el acceso a la memoria digital de las personas.

El aeropuerto constituye un espacio excepcional de poder.

Allí disminuyen algunas de las expectativas ordinarias de privacidad y aumenta considerablemente la capacidad discrecional del Estado. El viajero se encuentra aislado de sus redes de apoyo, bajo presión de tiempo y obligado a responder de inmediato frente a una autoridad respaldada por la ley y por una compleja burocracia.

El teléfono celular añade una dimensión completamente nueva.

Ya no contiene únicamente llamadas o mensajes.

Alberga conversaciones privadas, fotografías, documentos, relaciones personales, ubicación, hábitos, preferencias e incluso buena parte de nuestra memoria cotidiana.

Por ello, una contraseña deja de ser un simple código tecnológico.

Se convierte en un símbolo de algo mucho más profundo: la frontera entre la autonomía del individuo y la capacidad del Estado para penetrar en su esfera más íntima.

También aquí la Micropolítica vuelve a ofrecer una explicación.

El poder no desaparece.

Evoluciona.

En el siglo XIX disputaba territorios.

En el siglo XX disputó ideologías.

En el siglo XXI también disputa información, datos, identidades y memorias digitales.

Los escenarios cambian.

La lógica del poder permanece.

El muro que la historia nunca permitió levantar

Los gobiernos cambian.

Las leyes migratorias cambian.

Las prioridades nacionales cambian.

Lo que permanece es la historia.

La relación entre México y Estados Unidos nunca ha sido la de dos países completamente extraños. Está marcada por una guerra, por una frontera que cambió de lugar, por millones de familias que comparten raíces, por una economía profundamente integrada y por una interacción humana que lleva casi dos siglos desarrollándose.

Pensar que esa realidad puede modificarse únicamente mediante operativos, deportaciones o muros físicos equivale a confundir un síntoma con la enfermedad.

La historia demuestra que el movimiento humano nunca ha respondido exclusivamente a la fuerza. Responde a necesidades económicas, vínculos familiares, oportunidades, violencia, esperanza y supervivencia. Ningún muro ha logrado eliminar esas fuerzas.

La Micropolítica tampoco pretende ofrecer soluciones simples.

Su tarea consiste en ayudarnos a comprender cómo funciona realmente el poder.

Nos enseña que el poder necesita legitimidad; que el miedo puede producir obediencia, pero rara vez genera estabilidad duradera; que la autoridad sin confianza termina debilitándose; y que las sociedades más fuertes no son aquellas que construyen los muros más altos, sino aquellas capaces de construir las instituciones más justas.

También nos recuerda algo que con frecuencia olvidamos.

La historia no puede cambiarse.

No sirve de nada vivir prisioneros de lo que pudo haber sido y nunca fue. La guerra entre México y Estados Unidos pertenece al pasado. Ese territorio forma hoy parte de los Estados Unidos, y esa realidad no está en discusión.

Pero comprender ese pasado sigue siendo indispensable para interpretar el presente.

Las naciones que olvidan el origen de sus problemas terminan repitiéndolos.

Y los gobiernos que ignoran la historia suelen sorprenderse cuando descubren que la historia tampoco los obedeció a ellos.

Quizá por eso el verdadero muro nunca estuvo hecho de concreto ni de acero.

Siempre fue un muro de incomprensión histórica.

Y ése, hasta ahora, tampoco ha podido construirse por completo.

Porque los gobiernos pueden levantar barreras.

Pero la historia siempre encuentra la manera de atravesarlas.

Reflexión final desde la Micropolítica

La Micropolítica parte de una premisa sencilla: el poder nunca actúa en el vacío. Siempre opera sobre personas con memoria, identidad, emociones e intereses. Por eso, cuando una política pública ignora esos elementos, puede obtener victorias tácticas y, al mismo tiempo, sembrar derrotas estratégicas.

La migración entre México y Estados Unidos no es únicamente un fenómeno jurídico. Es también un fenómeno histórico, económico, cultural y profundamente humano.

Mientras el debate se reduzca a muros, redadas o cifras de deportaciones, seguiremos discutiendo las consecuencias y no las causas.

Comprender esa diferencia constituye, precisamente, el primer paso para ejercer el poder con inteligencia y con responsabilidad.

Dr. Alfredo Máximo Cuéllar Cuéllar es profesor retirado de la California State University, Fresno; fue el primer mexicano invitado a impartir cátedra en la Harvard Graduate School of Education y es creador de la disciplina Micropolítica: El Ejercicio del Poder. Es autor del libro Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizaciones, dedicado al estudio de las dinámicas invisibles que moldean las decisiones, las instituciones y el comportamiento humano.

Nota de Transparencia Intelectual

Para la elaboración de este ensayo utilicé herramientas de inteligencia artificial como apoyo para investigar, organizar información, contrastar fuentes y mejorar la claridad de la redacción.

Sin embargo, las ideas centrales, el enfoque analítico, la interpretación histórica, las conclusiones y la responsabilidad intelectual del contenido corresponden exclusivamente al autor. Como sostengo desde hace tiempo:

“La inteligencia artificial puede acelerar la búsqueda del conocimiento; nunca sustituir el juicio humano.”

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