Te Conozco, Mascarita
En la historia de la humanidad, las máscaras han tenido prominencia en dos etapas, siempre vinculadas al teatro.
En su antiguo origen griego, los actores de tragedia o comedia llevaban cubierto el rostro con un artificio que sugería la pista de la pertenencia de su personaje al sufrimiento o la risa. Sin embargo, su uso tenía un propósito práctico. En los escenarios hemicíclicos, relativamente grandes y al aire libre, las máscaras ocultaban más bien un pequeño altavoz para que los estos pudiesen oírse bien.
Varios siglos después, en el Renacimiento de Europa, y también en el teatro, las máscaras se inclinaron por ocultar la cara del actor para “vender” el arquetipo -Pantaleón, el Capitán Arlequin, Colombina, Pierrot y toda la pandilla- especialmente en la Comedia del Arte.
Muy pronto, de los carnavales y la escena las máscaras saltaron a la sociedad, que se estaba laxando, en sentido estricto, esto es aflojando, no solamente las tripas sino también las costumbres y los usos, afortunadamente los sexuales.
Los políticos, que tienen la pésima costumbre de echar a perder todo lo digno que el ser humano ha descubierto, se deshicieron de las máscaras fisicamente y las sustituyeron por el engaño del discurso. Decir una cosa mientras se tiene en mente otra distinta es algo a lo que ya nos hemos acostumbrado al oír a nuestros políticos, principalmente cuando llegan al poder.
Desde el lunes pasado, los políticos del cuatrote echaron a andar su mascarada de selección adelantada de sus candidatos para los miles de puestos que estarán en juego el año próximo, entre ellos 17 gubernaturas, miles de alcaldías de importancia y la manada del poder legislativo a nivel federal y de los estados. Morena y sus compinches esconden la treta mediante un sistema de consulta interna de preferencias que permite a los aspirantes hacer, ahora sí descaradamente, campañas electorales que la ley del ramo prohíbe. Por eso no llaman a los que van a ser candidatos como debe ser: ellos y ellas serán por ahora “coordinadores” de unos llamados comités de defensa de la transformación, aunque todos sabemos de qué va la fiesta.
Además de tramposos, los morenos son ignorantes o haraganes.
Copiaron el nombre de la más lamentable y tal vez añeja institución que la Revolución Cubana inventó desde que tomó el poder. Instituyó los “Comités de Defensa de la Revolución”, uno por manzana, al carecer de un masivo apoyo popular de la clase media isleña, especialmente la urbana. Los dichos comités no eran otra cosa que células de “revolucionarios”, convencidos o no, que ante la posibilidad de acceso a posiciones de mando y beneficio, se encargaban de espiar a sus vecinos y delatar a cuanto contrarrevolucionario pudiesen descubrir o inventar para saldar ofensas viejas.
No me imagino, no quiero imaginarme, qué cualidades semejantes esté buscando el demagógico aparato del poder, que hoy está temeroso esperando cuando comenzará la avalancha de información que los chivatos del narcotráfico entregarán -o lo están haciendo ya- a los Estados Unidos. Por el momento, van a fortalecer la defensa de sus puestos anhelados, con sus máculas y complicidades adquiridas.
PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Quesque manda decir Samuelito el mentiroso que si esperan que acuda al Congreso de Nuevo León para discutir sus trastupijes, se la van a pellizcar.
Tiene todos los recursos a la mano, desde no acudir, mandar un propio o un improperio, delegar su testimonio a otra persona.
Ya luego, si le falla todo lo legal, puede optar por el otro camino, que de eso sí sabe.
