La muerte en México
James Bond nos dejó, ahora como legado supuestamente “ancestral”, el Gran Desfile de Muertos, imitando escenas de una película del agente “secreto” inglés
La muerte en México es un negocio rentable. Lo vemos a nuestro alrededor en este Día de Muertos. Los negocios florecen a la par de la celebración. Los fabricantes artesanales de calaveras y figuras representativas con sus respectivos esqueletos abundan por todas las calles de la República. Los fabricantes de diversos panes de muerto, con múltiples rellenos, llenan los estantes de las panaderías nacionales.
¿Y qué decir de la industria de los disfraces, confundiendo extrañamente a Muertos mexicano con el Halloween estadounidense? Los agricultores se prepararon para vender toneladas de flores de cempasúchil y otros adornos naturales para los altares en casa o en las calles de la nación, para recordar “a los que se nos adelantaron”. Como se puede apreciar, la muerte en México es un exitoso operativo comercial y turístico de gran alcance.
James Bond nos dejó, ahora como legado supuestamente “ancestral”, el Gran Desfile de Muertos, imitando escenas de una película del agente “secreto” inglés (thank God no es estadounidense) filmado en México. Todo es comercio: hasta la intervención extranjera ilegal y sin autorización de la SRE en nuestras festividades.
En medio de la festividad de Día de Muertos, falleció el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Nuestro sentido pésame se expresó en un X. Los eventos mortuorios en el Panteón Francés y Bellas Artes, especialmente este último, tuvieron un inolvidable tufo morenista. Es extraño, dado que los morenistas veneran con incienso el “fraude” de 2026, y se olvidaron totalmente del verdadero fraude de 1988. No sé si es lo que él hubiera querido, pero así fue su tránsito al otro mundo, acompañado por la bandera de Morena.
La parte cruel de la cara de la muerte también se hace presente de otra forma en México. Es la muerte provocada por el crimen organizado en ranchos, serranías, pueblos, concentraciones urbanas y las grandes ciudades del país. Si bien la muerte tiene la característica de su inevitabilidad, nadie en el territorio nacional está a salvo de esa muerte contranatura: la muerte anticipada por un asalto, una balacera entre grupos criminales, un secuestro que salió mal, un cobro de piso negado, un asesinato a manos de un sicario.
Mucho menos cuando la muerte se pasea por los corrillos de poder en México, repartiendo riquezas a cambio de complicidades. Así, la Parca es dueña de México anticipadamente.
No tiene que esforzarse en demasía para encontrar víctimas: siempre hay un funcionario avaricioso dispuesto a prestar la mano para algún atraco y un sicario de 16 años como acompañante en su transitar por el territorio nacional.
A pesar de que el gobierno busca ocultar la dimensión de la industria de la muerte en México, maquillando los datos, están más que accesibles para quienes quieran verlos. Aquí damos un brevísimo repaso de algunos de ellos que parecen ser relevantes. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ofrece cifras que reflejan una reducción impresionante de los homicidios dolosos. En el primer trimestre de 2026, se registró un total de 4,574 víctimas. Una reducción del 33% con relación al año anterior.
Según el INEGI, existen otros datos. En el primer trimestre del 2026, se contabilizaron 5,689 homicidios, de los cuales, el 87,5% fueron hombres. Esta segunda contabilidad incluye mil homicidios más que los registrados por el Sistema Nacional de Seguridad Pública. Esto puede deberse a que INEGI también incluye más fuentes de información, como los sistemas de salud, y no depende exclusivamente de los informes interesados de las fiscalías estatales.
Por otro lado, los reportes de los desaparecidos no existen en una base de datos oficial que sea actualizada permanentemente. De hecho, apenas el 3% de las desapariciones están judicializadas ante algún Ministerio Público. Por tanto, no existe una idea clara de cuántas personas han sido encontradas, cuántas muertas y cuántos desaparecidos más habrán ocurrido en esta semana. Los datos verificables y actualizados sobre desaparecidos sigue siendo un sueño a alcanzar, a pesar de ser uno de los problemas sociales más graves del país, por su relación con la industria de la muerte. Precisamente es por esto que la comunidad internacional nos reclama y nos critica.
Si bien los datos oficiales reportan que el promedio de homicidios en el sexenio de Sheinbaum se ha reducido a 66 por día, en contraste con el sexenio de López Obrador, que fue de 95, el acumulado junto con los desaparecidos necesariamente plantea otro escenario, más crítico. Pero se opaca con la inexistencia de datos confiables.
Mientras ocurre el Gran Desfile del Día de Muertos, siguen ocurriendo homicidios de a deveras en todo el territorio nacional. Este Día de Muertos está llamado a no olvidar el caso de los otros muertos. Si verdaderamente queremos honrar a los muertos, lo digno sería identificarlos sin intencionalidades políticas para darles digna sepultura. De eso se trata el respeto a los muertos, ¿o no?
POR RICARDO PASCOE PIERCE
COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep
