El mejor argumento para defender la soberanía: congruencia

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Leopoldo Espinosa Benavides

La solicitud de Estados Unidos a México que, de acuerdo al Tratado de Extradición de 1978 se le entreguen diez funcionarios por facilitar el envío de fentanilo, cocaína, y otras drogas a su país, provocó una movilización popular convocada por el gobierno federal para invocar la soberanía nacional.

Sin embargo, entre febrero de 2025 y enero de 2026, México concedió a Estados Unidos la extradición de casi nueve docenas de mexicanos presos, sin invocar la soberanía ni exigir garantías procesales. Nadie estuvo en desacuerdo con semejante respuesta en vía rápida (fast track), pero eso ya se olvidó…

Hitler discutió con su ‘estado mayor’ la invasión a Polonia. Sus subalternos decían que utilizar tropas nazis traería protestas internacionales, pero el Führer dijo:

_Sí, pero las protestas pronto aburrirán ¿o alguien recuerda hoy a los armenios?

Se refería a que, durante la Primera Guerra mundial, al caer el imperio Otomán, los armenios de Turquía fueron masacrados por el Gobierno sobreviviendo sólo la mitad, y nadie lo recordaba ya.

Una vez ‘discutido’ el punto, Hitler arrasó con Polonia, y el pueblo alemán lo aceptó como recompensa por haber sufrido tantas carencias después de perder la Primera Guerra Mundial con las condiciones del Tratado de Versalles en 1919, la hiperinflación de 1923 y la Gran Depresión en 1929.

Estaba harto de la inestable República de Weimar, con violencia callejera y gobiernos incapaces de solucionar las crisis, cuando llegó un caudillo carismático prometedor, que terminó hundiéndolos más, pues costó ocho millones de vidas germánicas.

La memoria popular es breve, y mucha gente olvida lo desagradable si esa ‘amnesia’ se estimula con cierta mejoría económica, como sucedió en Alemania.

Esto pudiera estar sucediendo en nuestro país. Hay electores que siguen ‘votando bien’ si reciben nuevas esperanzas de prosperidad, es decir, olvidando los agravios anteriores por sentir que merecen la prosperidad futura prometida.

Hasta antes del sexenio del presidente López Obrador se descubrieron fraudes cuantiosos, y la gente harta de la corrupción, votó en favor de un caudillo que prometía honestidad absoluta en su gobierno, declarando que ‘todos los negocios turbios eran permitidos por el Presidente de la República’.

Cuando López Obrador prometió en su toma de protesta que ‘al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie’, la gente pronto lo olvidó aceptando el: ‘no me vengan con el cuento de que la ley es la ley’.

Igual sucedió con su promesa inicial de acabar con el huachicol tipificándolo como delito grave sin derecho a fianza, y que su combate se controlaría directamente desde la Presidencia de la República, pero al cambio de gobierno federal apareció en medios nacionales que en el último septenio el fraude asciende a 740 mil millones de pesos, cantidad de dinero que jamás habíamos escuchado siquiera.

Cierto que Estados Unidos se comporta como lo que es: un imperio económico y militar que avasalla al mundo, a quien nuestro querido México debe enfrentar a la hora de discutir las nuevas reglas económicas de vecindad y sociedad comercial, pero nuestra primera y más fuerte arma que debemos utilizar es la congruencia.

¿Y sí contaremos con ella en nuestro arsenal dialéctico?

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