Sobreviví a un emoji de payaso: Doctor en Opinión Pública
Licenciado en Verdades Absolutas y Mártir de Tiempo Completo en el horizonte.
Un joven un hacker, me conto algo increíble se encontró un pedazo de papel que ya no se usa, que tenía una parte del Diario de un mártir con internet de alta velocidad, cuyo sobre nombre digital o es el nombre real, pues
*»El precio de la verdad es alto, y hoy me ha tocado pagarlo en la moneda más dolorosa de nuestro siglo: tres menciones de cuentas sin foto de perfil en la red social X y un meme donde me dibujaron con cara de llorón. Sin embargo, no me callarán
Mientras escribía mi última y brillantísima pieza sobre por qué el poder debe ser intocable por el bien de la patria, sentí el frío acero del algoritmo en mi espalda. Una horda de mentes automatizadas —claramente financiadas por las fuerzas oscuras que no entienden mi prosa fina— osó cuestionar mis datos objetivos. Alguien incluso me llamó ‘vendido’. ¡A mí! Que solo defiendo al gobernador por puro amor a la estabilidad institucional y de ninguna manera por el convenio de publicidad oficial.
El fin de semana pasado cometí el acto más heroico que un ser humano puede realizar en el siglo XXI: publiqué una columna de opinión. No era cualquier columna. Era una obra de arte retórica donde explicaba, con la paciencia de un mesías, por qué la ciudadanía no debe molestar al Gobernador con nimiedades como la rendición de cuentas, y por qué la oposición debería, amablemente, dejar de lado las denuncias y el juicio político y disolverse por el bien de la patria.
La respuesta de la plebe fue inmediata y devastadora para la democracia.
Fui objeto de un ataque terrorista a gran escala en las redes sociales. Cuentas con nombres como @Juan12345678 y fotos de Piolín osaron cuestionar mis sagrados párrafos. Me lanzaron proyectiles de alta peligrosidad: memes de Los Simpson, gifs de risa loca y, lo más doloroso, un emoji de payaso que hirió profundamente mi sensibilidad intelectual.
Es el calvario del verdadero periodista. En el pasado, los grandes pensadores enfrentaban el exilio o la hoguera. Hoy, nosotros, los guardianes del statu quo del gobierno en turno, con convenio de publicidad oficial, enfrentamos cosas peores: la sección de comentarios sin moderar.
Alguien incluso me llamó ‘vendido’. ¡A mí! Que solo defiendo al gobernador por puro amor a la estabilidad institucional y de ninguna manera por convenio de publicidad oficial.
El ruido de estos «bots» —porque evidentemente cualquier persona que no coincida con mi brillantez es un robot financiado por la mafia del poder— no detendrá mi labor. Mientras el pueblo sufre por la falta de agua, el transporte colapsado o la inseguridad, yo sufro por algo verdaderamente importante: que no me dieron «like» a mi analogía sobre John Mearsheimer y la geopolítica de Nuevo León. ¡Qué falta de cultura general de la masa!
Pero advierto a mis detractores: sus ataques automatizados no borrarán mis investigaciones periodísticas de altísimo nivel. Sé perfectamente quiénes operan a la luz y a la sombra para atacarme. Tengo en mi poder expedientes clasificados y datos extraídos de la más profunda oscuridad digital. Sé, por ejemplo, cuáles de esos perfiles que me critican no han pagado el predial, quiénes le deben dinero a la tanda de la oficina y a quienes les suspendieron el servicio de streaming por falta de pago. Conozco sus nexos con la delincuencia de cuello sucio. El espionaje… perdón, mi «riguroso rastreo periodístico», no tiene límites. Los tengo a todos mapeados en un gráfico de Excel que guardo en una carpeta oculta.
Dicen las malas lenguas —esos herejes del teclado— que escribir a favor del bolsillo del gobernante es cómodo. ¡Qué sabrán ellos del sacrificio! No saben lo difícil que es estirar la mano para recibir mientras con la otra sostengo la pluma de la «independencia». No entienden que cuando defiendo al poder, en realidad estoy defendiendo la soberanía nacional frente a las garras de Donald Trump. Si el Gobernador cae por desviar fondos, ¿quién nos protegerá de la CIA? Es pura lógica de seguridad nacional, ignorantes.
Pero aquí sigo, firme en mi trinchera de café de especialidad con leche de almendras. Bloqueando a diestra y siniestra a cualquiera que ose ejercer su libertad de expresión en mi contra, porque la libertad de expresión es un derecho exclusivo de quienes tenemos una columna firmada y acceso a las cloacas de la información.
Mañana volveré a escribir para salvar al estado de sí mismo y ventilaré sus oscuros secretos si me vuelven a contradecir. Rezaré por sus intenciones de sus almas digitales.
elhoy, también tendrá horizonte.
Por Karl Kraus.
