Palomitas, diplomacia y advertencia desde Washington: Armando de la Fuente

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“Are you enjoying the show? Refill your popcorn… you’ll love this next part”.

La frase atribuida a Christopher Landau, en respuesta a la polémica carta de Andy López Beltrán dirigida al presidente Donald Trump, difícilmente puede interpretarse como una simple ocurrencia en redes sociales. Por su tono y por el contexto, constituye un mensaje político que merece atención.

La diplomacia tradicional suele recurrir a comunicados cuidadosamente redactados, lenguaje técnico y fórmulas institucionales. Aquí ocurrió lo contrario: ironía, sarcasmo y una referencia cinematográfica que convierte al conflicto en un espectáculo que, aparentemente, apenas comienza.

El mensaje tiene una lectura evidente: Washington no parece dispuesto a aceptar que funcionarios o actores políticos mexicanos pretendan condicionar sus decisiones soberanas en materia consular. Otorgar, negar o revocar una visa es una facultad del gobierno estadounidense y no un derecho que pueda exigirse mediante cartas públicas o presiones políticas.

Pero hay algo más preocupante.

La expresión “you’ll love this next part” puede interpretarse como una advertencia de que todavía pueden venir nuevas acciones. ¿Más restricciones migratorias? ¿Investigaciones? ¿Sanciones? ¿Presiones relacionadas con seguridad, narcotráfico o lavado de dinero? No lo sabemos. Y precisamente ahí está el problema: no debe confundirse una insinuación política con una confirmación de hechos.

En México existe una enorme tentación de interpretar cualquier acción de Washington como una conspiración o una agresión contra la soberanía nacional. Pero también sería ingenuo minimizar las señales provenientes de una administración estadounidense que ha colocado el combate al narcotráfico y la seguridad fronteriza en el centro de su agenda.

La verdadera pregunta no es si Landau fue diplomático. Evidentemente, su respuesta estuvo lejos de la diplomacia tradicional. La pregunta es qué información, investigaciones o decisiones pueden estar detrás de semejante tono.

Si Estados Unidos posee elementos sobre posibles vínculos entre políticos, empresarios o funcionarios mexicanos y organizaciones criminales, corresponde presentar pruebas y actuar conforme a derecho. Si no existen esas pruebas, las insinuaciones tampoco deberían convertirse en sentencias mediáticas.

Lo cierto es que la relación México-Estados Unidos atraviesa una etapa particularmente áspera. Y mientras algunos políticos parecen empeñados en convertir el conflicto en una batalla de discursos, Washington podría estar jugando una partida mucho más seria.

Por eso, antes de celebrar o indignarse por las “palomitas”, convendría recordar una vieja regla de la política internacional: cuando una potencia habla con sarcasmo, quizá no está bromeando; pero cuando amenaza, las pruebas deben hablar más fuerte que las palabras.

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