Máxima publicidad: ¿Quién tiene la llave de la caja de Pandora?
El » INAI» Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, fue un organismo autónomo, suele escucharse por aquí y por allá con añoranza.
¿Y eso bastaba para obtener la información? Claro que no. La opacidad gubernamental siempre ha sido un obstáculo.
Algunas instituciones académicas advirtieron en su momento que sustituir un órgano autónomo como el INAI por uno administrativo implicaba la erosión de la calidad democrática; al debilitarse los contrapesos e independencia que pudieran ser garantía del derecho a la información.
Pero, ¿qué decían los detractores del INAI? Pues que era un instituto burocrático, oneroso (operaba habitualmente con un presupuesto anual cercano a los 1,000 millones de pesos), un “simulador” que no lograba abrir información clave sobre corrupción y contratos públicos; y que protegía intereses de élites políticas y económicas.
Un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM indicó que la autonomía del INAI aumentó la visibilidad de la corrupción y elevó la percepción social de ella. Se sabía de los actos de corrupción y se sabía de los obstáculos que las autoridades gubernamentales ponían; con tal de no entregar la información.
En el caso Ayotzinapa, muchas dependencias clasificaron datos como “reservados por seguridad nacional”, lo que generó críticas sobre la falta de acceso real.
En cuanto al caso de «La casa blanca«, la investigación oficial concluyó que no había conflicto de interés, pero el INAI fue señalado por no profundizar en la indagación y peor aún, aceptar respuestas poco convincentes.
Si pensamos en «Oderbrecht«, el INAI ordenó a la PGR entregar información sobre los sobornos, pero la PGR se negaba alegando que la investigación estaba en curso. Osea las resoluciones podían ser ignoradas por las autoridades.
Respecto a Pegasus, el INAI abrió una investigación contra periodistas y activistas y emitió recomendaciones, pero no tenía facultades para sancionar a los responsables.
Sobre el caso de «La fuga del Chapo«, el INAI solicitó información sobre los protocolos de seguridad en el Altiplano, pero gran parte de la información fue reservada por seguridad nacional.
Pero siendo honestos, hay otros casos de opacidad que llegaron en tiempos de la 4T:
Como es el caso de Segalmex, donde hubo un desvío estimado en más de 15 mil millones de pesos, con contratos a empresas fantasma y falta de sanciones claras.
O bien el Huachicol fiscal, con pérdidas anuales de hasta 17 mil millones de pesos, involucrando redes criminales y presunta complicidad de altos mandos militares, según informes del 2022 y 2023 de la ASF (Auditoría Superior de la Federación).
Las megaobras reservadas, con los contratos del Tren Maya, Refinería Dos Bocas y AIFA que fueron clasificados como “seguridad nacional”, impidiendo acceso público a costos y adjudicaciones.
Los programas sociales, donde se registraron denuncias de uso clientelar y falta de transparencia en la forma en que se distribuyen los programas sociales como “Jóvenes Construyendo el Futuro” y “Sembrando Vida”.
Las irregularidades fiscales, donde la Auditoría Superior de la Federación (ASF) reportó en 2026 un posible daño al erario de más de 65,169 millones de pesos en el último año de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Y aunque en el artículo 6 de la constitución, establece que toda la información en poder de cualquier autoridad es pública y que, en su interpretación, las autoridades deben favorecer siempre el principio de máxima publicidad; la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo firmó el 4 de agosto de 2026 un decreto para reforzar, lo que ya era una obligación.
La medida implica publicar mensualmente contratos públicos, abrir auditorías y transparentar operaciones de filiales de Pemex y CFE.
El decreto de máxima publicidad, viene a ser como cambiar la cerradura de una caja fuerte y el Gobierno asegura que la nueva llave abrirá más puertas y facilitará el acceso a la información.
Esto me recuerda al mito de la caja de pandora, que contenía todas las desgracias y males del mundo. Impulsada por una intensa curiosidad, Pandora un día la abrió, liberando las enfermedades y sufrimientos sobre la Tierra, logrando cerrar la tapa justo a tiempo para mantener únicamente la esperanza en el fondo
¿Pero, será suficiente con cambiar la llave a la caja de Pandora?
tERESA sEPÚLVEDA
Más importante a mi parecer, es poner el ojo en quién resguarda esa llave,
y decide cómo y cuándo usarla.
Yo espero que abra más puertas de las que vaya a cerrar
¿Usted que opina? Nos seguimos leyendo.
