Y el tiempo demostró que papá tenía razón
Hace unos años, setenta digamos, mi padre me mandó a cobrar un dinero a la farmacia Castillo (propiedad del padre de los hermanos Castillo Gamboa) que él era responsable. Me pagaron con un solo billete de cincuenta pesos que guardé en la bolsa derecha del pantalón. En el camino de regreso me encontré a mi viejo compañero de correrías, La Pantera, con quien había desplazado a Gene Autry de su liderazgo en la lucha contra los bandidos, y descontado al malvado pelón de Luthor que traía una piedra de kriptonita para dañar a nuestro cuate Superman.
Corrimos un par de cuadras compitiendo en velocidad, rondamos la casa de Rosita -la niña que coqueteaba con los dos en la escuela-, discutimos, luego nos reímos, y tuvimos otras aventuritas que ya no recuerdo.
Pero de lo que sí me acuerdo muy bien, es de la amarga sensación que tuve cuando mi padre me dijo que le diera el dinero y, confiado, metí la mano a la bolsa para sacar el billete y palpé un agujero diabólico en el fondo por donde seguramente lo había tirado.
El sabor agrio en la boca me regresa cada vez que me acuerdo de las dolorosas palabras de mi padre: ¡eres un irresponsable!
