Morena ante su próximo candidato en Nuevo León

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Por Vito Saint Germain

Morena definirá en los primeros días de septiembre a su Coordinador estatal de la Defensa de la Transformación en Nuevo León —el barroco eufemismo con el que el partido nombra candidatos sin llamarlos candidatos. Y de acuerdo a algunas encuestas Tatiana Clouthier no iría ganando.

La encuesta de CE Research levantada el 23 de agosto coloca a Andrés Mijes, alcalde de Escobedo, con 30.1 por ciento de la preferencia interna; Clouthier aparece segunda con 19.5, seguida de Felipe de Jesús Cantú con 18.6 y Waldo Fernández con 15. En la medición previa de la misma casa, el 19 de julio, el desplome era más severo: Mijes 31.6, Waldo 24.5 y Clouthier hasta el quinto sitio con 11.2 por ciento, empatada con Clara Luz Flores y Jesús Elizondo.

El hecho de que esta encuesta coloque a Felipe de Jesús Cantú en segundo lugar indica al menosdos posibilidades: o registra solo conocimiento, que no es lo mismo que preferencia y simplemente está tomada en población abierta, no entre miembros de Morena o por último, la apuesta del grupo Escobedo a Felipe como probador de camisetas partidarias, aportación económica de por medio, le está dando resultado para dividir el voto entre un público clase mediero donde Tatiana tendría buena aceptación.

No siempre fue así. Cuando SRC levantó su estudio entre el 13 y el 17 de noviembre de 2024, Clouthier encabezaba la interna con 30.7 por ciento frente al 27.8 de Waldo Fernández, con el resto del campo por debajo de los diez puntos. Cripeso la mantenía arriba todavía en marzo de este año: 22.94 contra 18.64 de Waldo y apenas 10.03 de Mijes. En veinte meses la ex secretaria de Economía pasó de puntera a perseguidora, y el alcalde de Escobedo triplicó su registro.

La lectura fácil es que Clouthier se cayó. La lectura correcta es otra: lo que subió no fue un perfil, fue una estructura organizativa con la que Mijes se apoya y sabe trabajar desde sus épocas como priista bajo la tutela, hasta la fecha, de Abel Guerra y otros operadores que vinieron del tricolor con ese grupo a darle un peso relativo a Morena en Nuevo León.

Conviene entonces entender que una encuesta de preferencia interna en el Morena de Nuevo León no mide idoneidad para gobernar. Mide penetración territorial dentro de un padrón simpatizante que en este estado está tejido, casa por casa, por el mismo aparato que emigró del priísmo regiomontano y escobedense y se instaló en Morena sin cambiar una sola de formas de hacer política, entre otras de manera destacada la disciplina partidaria al jefe disciplina de la que por cierto quien más se escapa es nada menos que Clara Luz, a quien  se recuerda como alcaldesa precisando a sus altos funcionarios que ahí, en el ayuntamiento, “mando yo”, no Abel. Licencia que Mijes no se permite. 

El Grupo Escobedo no improvisa: administra ese municipio ya durante dos décadas —Clara Luz Flores primero, Mijes después— y sabe que la encuesta se gana antes de levantarla, moviendo el nombre en las colonias donde se reparte el programa social, se coloca al promotor y se ordena la lista.

Que Mijes puntee no desmiente el argumento a favor de Clouthier como la mejor opción que podría tener Morena para Nuevo León. Lo confirma. En contraste, la figura de Tatiana permite proyectar un movimiento renovador, que se distancia deliberadamente de esas inercias y apuesta por una alternativa de mayor autenticidad, desligada de los mecanismos tradicionales de control político y clientelismo que caracterizaron al antiguo régimen y son ahora la pauta de la “Nueva Política” naranja que mueve el frívolo gobernador actual.

Porque cuando se sale de ese circuito y se pregunta a los neoleoneses en general, el cuadro cambia de forma. La encuesta de El Financiero, levantada entre el 30 de junio y el 5 de julio con 600 electores y un margen de error de ±4 puntos, ubica la opinión favorable de Mijes en 32 por ciento contra 29 de desfavorable: un saldo neto de tres puntos después de dos periodos como alcalde y de una promoción personal considerable. Clara Luz Flores registra 34 favorable y 31 desfavorable: dos puntos netos. Clouthier alcanza 25 por ciento de opinión favorable sin haber hecho recorrido de tierra, sin estructura municipal y sin nómina.

El dato definitivo lo aporta Reforma. En su medición de principios de mayo, en el escenario contra Mariana Rodríguez, Clouthier obtiene 23 por ciento. En el escenario contra Luis Donaldo Colosio, Mijes obtiene… 23 por ciento. Idéntico. Toda la ventaja que el alcalde de Escobedo acumula puertas adentro se evapora en el momento en que el elector neoleonés promedio entra a la ecuación. Su techo y el de ella son el mismo, con una diferencia: uno lo consiguió con aparato y la otra sin él.

Es el error de 2021 repitiéndose en cámara lenta. Clara Luz Flores encabezaba entonces todas las encuestas internas y terminó cuarta en la elección, mientras Samuel García —que arrancó abajo— se llevó el estado. Morena confundió músculo de estructura con competitividad electoral y pagó seis años de gobierno naranja por la confusión.

A esto se suma un diferendo que ya no se puede disimular. En una reunión en Monterrey, Arturo Escobar, coordinador electoral del Partido Verde, declaró que la dirigencia nacional de la coalición está «casi casi por unanimidad» con Waldo Fernández, a quien presentó como «la gran oportunidad de esta coalición para por fin ganar Nuevo León». Sectores de Morena empujan a Mijes. Los tres partidos acordaron una encuesta espejo para dirimirlo en septiembre.

Traducción: la candidatura de Morena en Nuevo León está siendo negociada como moneda de cambio entre cúpulas partidistas, y ninguno de los dos nombres sobre la mesa se sostiene por mérito propio ante el electorado. Uno tiene el aparato; el otro tiene el aval del Verde. Ninguno tiene lo que el estado necesita.

Hay un tercer indicio de que la interna se está cocinando con la mano en la balanza. El estudio de El Universal-Enkoll, levantado del 29 de julio al 2 de agosto con 1,218 entrevistas cara a cara y un margen de error de ±2.8 puntos, midió a los aspirantes de Morena excluyendo a Clouthier, a Mijes y a Judith Díaz: sólo evaluó a Clara Luz Flores y a Waldo Fernández. Una omisión de ese tamaño no es descuido metodológico; es encuadre. Y el encuadre, en política, es la forma elegante de operar.

Súmese la denuncia que Clouthier presentó el 22 de mayo ante el Instituto Estatal Electoral por la campaña de la cuenta «México No Calla» —más de 40 mil pesos en pauta pagada en Facebook e Instagram para vincularla, sin una sola prueba, con negocios del crimen organizado— y el patrón queda a la vista. En julio, cuando Morena validó a los siete aspirantes, Ariadna Montiel y el delegado Alejandro Murat tuvieron que advertirles que «el fuego amigo daña más que el del enemigo». No lo dijeron como adorno retórico.

En política, la intensidad del fuego enemigo suele ser el mejor termómetro del avance propio. Una campaña pagada, con estructura de medios y presupuesto real, no se dirige por casualidad contra quien supuestamente va quinto.

Nada de esto vuelve fácil el camino. Clouthier enfrentaría el anti centrismo regiomontano, que huele imposición federal a kilómetros de distancia; la resistencia histórica de la marca Morena en los sectores conservadores del estado —aunque su condición de sampetrina de tres décadas y su interlocución con Caintra y Coparmex le den una ventaja que ninguno de sus compañeros tiene—; y una alianza PRI-PAN que, de concretarse, complica los números que hoy dan a Morena 30.5 por ciento contra 27 de Movimiento Ciudadano.

Enfrentaría a Mariana Rodríguez, que en Reforma arranca con 46 por ciento, o a Colosio con 42. Ésa es la valla real. La pregunta que Morena debería estarse haciendo no es quién gana la encuesta interna, sino quién puede crecer veinte puntos frente a esa maquinaria de imagen.

Samuel García cierra su sexenio con 40 por ciento de aprobación y 58 de rechazo, según El Financiero, que si lo midiéramos por el apoyo que dieron los regios a Marruecos en su partido local mundialista contra la Holanda, “la naranja mecánica”, a la que volcó su apoyo personal Samuel, el porcentaje de rechazo sería mucho, mucho más alto. 

El gobernador deja una movilidad colapsada, una de las peores contaminaciones del mundo, un transporte urbano diseñado y operado por una Secretaría de Movilidad cuya existencia es un chiste, e inseguridad con extorsiones que ahora provienen de áreas de los propios gobiernos locales, estatal y municipales. Contra ese saldo no compite un aparato. Compite una biografía.

Tatiana Clouthier no construyó su trayectoria desde el PRI ni desde sus alrededores. Ni remotamente. No debe favores a grupos de proveedores, no arrastra compromisos con las estructuras corporativas que migraron a Morena con todo y sus formas de hacer política, y no necesita explicar de dónde salió su patrimonio. En un estado harto de que le cambien el logotipo al mismo negocio —el priísmo de ayer, la «nueva política» naranja de hoy—, eso no es un dato biográfico: es la única propuesta de valor que queda sin estrenar.

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