septiembre 13, 2026

El espejismo del “Nuevo” Nuevo León: gobiernan en redes, la realidad huele a aguas negras

“Ponte Nuevo, Nuevo León” fue uno de los grandes eslóganes con los que Samuel García y su maquinaria de comunicación vendieron la promesa de un estado moderno, competitivo y encaminado al primer mundo. La publicidad pintaba una entidad próspera, innovadora y preparada para enfrentar el futuro.

Pero una cosa es el Nuevo León de las redes sociales y otra, muy distinta, el que padecen diariamente miles de ciudadanos.

Porque cuando las cámaras se apagan y desaparecen los filtros de Instagram, queda la realidad: calles inundadas por aguas residuales, drenajes colapsados, malos olores, riesgos sanitarios y familias obligadas a convivir con problemas que deberían ser inadmisibles en una de las entidades económicamente más importantes de México.

La pregunta es inevitable: ¿de qué sirve presumir inversiones millonarias, nearshoring, Tesla, infraestructura de primer mundo y proyectos espectaculares, si en muchas colonias lo elemental sigue sin resolverse?

El problema no puede reducirse a una contingencia aislada. Cuando las fallas del drenaje se repiten y las aguas negras terminan en las calles, estamos frente a una señal de deterioro de la infraestructura urbana y de una evidente falta de mantenimiento y prevención.

Agua y Drenaje de Monterrey y el Gobierno del Estado tienen la obligación de explicar qué está ocurriendo, cuánto se ha invertido en mantenimiento y rehabilitación de la red sanitaria, dónde están las fallas y, sobre todo, cuándo serán solucionadas.

Porque gobernar no consiste únicamente en anunciar grandes proyectos ni en acumular seguidores y “likes”. Gobernar también significa resolver aquello que afecta directamente la vida cotidiana de la gente.

El “Nuevo” Nuevo León prometido en campaña no puede convertirse en una simple marca política. Mientras el gobierno presume modernidad desde las redes, los ciudadanos están exigiendo algo mucho más sencillo: calles transitables, drenaje funcional, servicios públicos eficientes y vivir sin aguas negras frente a sus casas.

Si ese es el “Nuevo” Nuevo León, quizá llegó la hora de preguntarse: ¿nuevo para quién?

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