septiembre 20, 2026

Dieciocho Años Jugando a Gobernar

Cuando concluya el actual sexenio, Nuevo León habrá acumulado dieciocho años bajo tres gobiernos que prometieron ser distintos y terminaron pareciéndose demasiado. Primero fue el regreso del viejo PRI con Rodrigo Medina. Después llegó la rebelión independiente de Jaime Rodríguez Calderón. Finalmente apareció la llamada “nueva política” de Samuel García. Tres personajes distintos. Tres discursos diferentes. Pero una misma constante: la enorme distancia entre gobernar y aparentar que se gobierna. Durante estos años, Nuevo León no ha carecido de recursos, talento, capacidad empresarial ni ciudadanos dispuestos a trabajar. Lo que ha faltado es liderazgo político, visión de Estado y, sobre todo, gobernantes capaces de entender que administrar una entidad como la nuestra exige mucho más que ganar una elección. El resultado está a la vista: un estado económicamente fuerte, pero políticamente extraviado; una administración pública sometida a la improvisación; instituciones debilitadas por la confrontación y unas finanzas cada vez más comprometidas.

Tres gobiernos, una misma decepción

El gobierno de Rodrigo Medina representó el agotamiento de una clase política que confundió el ejercicio del poder con la administración de intereses. La inconformidad que provocó abrió la puerta a una ruptura histórica. En 2015, Nuevo León eligió por primera vez a un gobernador independiente. Jaime Rodríguez Calderón llegó al poder porque miles de ciudadanos querían castigar a los partidos tradicionales. Sin embargo, la independencia terminó siendo más electoral que política. Faltaron proyecto, equipo, disciplina administrativa y capacidad para construir acuerdos. La esperanza se convirtió rápidamente en decepción. Después llegó una nueva promesa. Samuel García ofreció romper con la vieja política y llevar a Nuevo León hacia una nueva etapa. Sin embargo, su gobierno terminó concentrándose demasiado en la imagen, los anuncios, los viajes, las redes sociales y la construcción de una narrativa personal. Nunca se habían producido tantos contenidos desde el gobierno. Pero tampoco habíamos visto una confrontación tan prolongada entre los poderes del Estado. Nuevo León ha vivido años de desencuentros presupuestales, vetos, controversias, acusaciones, amenazas y negociaciones fallidas. El estado inició 2026 bajo una nueva reconducción presupuestal, reflejo de la incapacidad del Ejecutivo y el Congreso para alcanzar acuerdos oportunos. Un presupuesto no es solamente una relación de ingresos y gastos. Es el principal instrumento de planeación de cualquier gobierno. Cuando ni siquiera puede acordarse cómo utilizar el dinero público, lo que fracasa no es únicamente el diálogo entre partidos, lo que fracasa es la política.

No han faltado políticos; ha faltado oficio

Ser político de oficio no significa haber vivido siempre de un cargo público. Tampoco consiste en dominar intrigas, controlar estructuras electorales o negociar posiciones. El verdadero oficio político implica comprender el Estado, anticipar conflictos, construir acuerdos, formar equipos capaces y tomar decisiones pensando más allá de la siguiente elección. Eso es precisamente lo que ha faltado. Hemos tenido gobernantes rodeados de operadores, publicistas, amigos, improvisados y aspirantes al siguiente cargo. Pero hemos tenido muy pocos servidores públicos con visión institucional. La política dejó de utilizarse para resolver problemas y se convirtió en una competencia por imponer relatos y narrativa. Ya no importa tanto solucionar una crisis como encontrar a quién responsabilizar. Ya no se gobierna para construir resultados duraderos, sino para ganar la conversación del día.

Partidos Políticos que dejaron y se olvidaron de representar al ciudadano.

Los gobernadores no surgen de la nada. Son postulados, respaldados, financiados y promovidos por estructuras políticas. Los partidos dejaron de formar cuadros, construir proyectos de gobierno y representar verdaderamente a la sociedad. Se convirtieron en maquinarias para repartir candidaturas, conservar registros, negociar presupuestos y proteger intereses. Cuando advirtieron el rechazo ciudadano, no corrigieron sus prácticas. Simplemente cambiaron sus discursos, colores y candidatos. Comenzaron a privilegiar a quienes podían ganar una elección, financiar una campaña o aparecer bien en las encuestas, aunque no necesariamente estuvieran preparados para gobernar. Así llegamos a una contradicción peligrosa: candidatos electoralmente competitivos, pero gubernamentalmente incapaces.

La fabricación de personajes

Los medios de comunicación cumplen una función indispensable en cualquier democracia. Nuevo León cuenta con periodistas serios que investigan, cuestionan y documentan los abusos del poder. Pero también existe otra realidad. Una parte de la conversación pública ha terminado condicionada por contratos publicitarios, filtraciones interesadas, relaciones personales y agendas políticas o empresariales. Así se construyen personajes. Se les concede exposición constante, se magnifican sus declaraciones, se publican encuestas anticipadas y se les presenta como liderazgos inevitables. La ciudadanía termina eligiendoentre opciones previamente seleccionadas por partidos, grupos económicos, consultores y medios. Las redes sociales profundizaron el problema. Hoy puede fabricarse notoriedad sin trayectoria, popularidad sin capacidad y cercanía sin rendición de cuentas. Un buen video puede ocultar una mala decisión. Una campaña digital puede presentar un anuncio como si fuera una obra terminada. Miles de interacciones pueden crear la ilusión de respaldo ciudadano. Pero los estados no se gobiernan con videos.

El negocio del conflicto

Alrededor de este modelo prosperó toda una industria: consultores que transforman cualquier fracaso en narrativa; encuestadores que posicionan aspirantes; operadores que cambian de partido sin cambiar de intereses; legisladores que denuncian de día lo que negocian de noche. Todos participan en la confrontación, pero pocos tienen incentivos para terminarla. Mientras el gobernador culpa al Congreso y el Congreso culpa al gobernador, nadie asume completamente la responsabilidad por los resultados. Mientras los partidos se acusan mutuamente, se ocultan los acuerdos que celebran fuera de la vista pública. El caos también produce beneficios. No estamos frente a un sistema descompuesto por accidente. Estamos frente a un sistema que aprendió a sobrevivir mediante el conflicto, la distracción y la simulación.

Un estado fuerte a pesar de sus gobiernos y el llamado urgente a dejar de simular.

Nuevo León continúa generando empleo, inversión, conocimiento y riqueza. Pero eso no significa necesariamente que haya sido bien gobernado. Significa que sus trabajadores, empresarios, universidades, profesionistas y organizaciones han resultado más fuertes que sus gobiernos. Esa fortaleza social ha permitido disimular durante años la mediocridad gubernamental. Pero ninguna sociedad puede compensar indefinidamente la ausencia de gobierno. La improvisación siempre termina presentando la factura. Aparece en el transporte, el agua, la contaminación, la inseguridad, la infraestructura, la deuda y los servicios públicos. Y casi nunca la paga el gobernante que la provocó. La pagamos los ciudadanos. Nuevo León no necesita otro personaje atractivo, otra campaña ingeniosa ni una nueva colección de promesas. Necesita recuperar la política como una actividad seria.Necesita partidos que seleccionen candidatos por su capacidad y no solamente por su popularidad. Medios que cuestionen a todos con el mismo rigor. Empresarios que comprendan que la estabilidad institucional vale más que cualquier privilegio temporal. Y ciudadanos que dejen de votar únicamente para castigar al anterior o por recibir una dádiva.Después de dieciocho años de decepciones, el mayor riesgo sería volver a elegir bajo las mismas reglas, seducidos por una envoltura diferente. Porque si continuamos premiando la imagen por encima de la capacidad, la confrontación por encima del acuerdo y la popularidad por encima de los resultados, ya no podremos decir que volvieron a engañarnos. Esta vez habremos decidido seguir participando en la simulación.   ¡¡La decisión, como siempre, queda en manos de usted, estimado lector!!

Porque Nuevo León no necesita más ruido, más excusas ni más personajes. Necesita gobierno. Y, hoy más que nunca, necesita mucho más rumbo”.

Mtro. Miguel H. Botello Treviño     Correo electrónico: mickbotello@gmail.com

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