Mal de amores, en el México de hoy
“Mal de amores”, novela de Ángeles Mastretta, fue estrenada este mes en serie de Netflix. Ambientada en tiempos de la Revolución de 1910, entrelaza las vidas de mujeres cómplices, de varias clases sociales, con las de hombres resueltos. La protagonista, Emilia, una mujer apasionada, “quiere todo”, compartida por dos hombres de temperamento y vocación diferentes. Vidas entretejidas con las de revolucionarios y de ciudadanos comunes que esperan cambios con expectativas diversas. Renuncia el dictador Díaz. Triunfa Madero, pero su presidencia no satisface a unos, y es asesinado por quien se hace dictador. Caudillos y bandos se disputan a muerte el poder por años.
Los últimos episodios de la serie proyectan estampas de 1915, y recordé dos obras: “1915”, ensayo de Manuel Gómez Morin sobre su generación (y la de Daniel, uno de los amores de Emilia), y “Caudillos culturales de la Revolución Mexicana”, de Enrique Krauze.
Krauze definió la historia de la generación de 1915 como “la historia de la Revolución que pudo haber sido”. “Esa Revolución -traicionada, desvirtuada, corrompida- es la que Gómez Morín comenzó a edificar desde sus años de estudiante y, más claramente, en la década de los veinte. Para él, Revolución y reconstrucción, Revolución y técnica, Revolución y fundación, eran sinónimos”, escribe Krauze. “A sus 23 años es el joven subsecretario de Hacienda que crea las primeras leyes fiscales. A los 24 años, Agente Financiero de México en Nueva York. En el régimen de Obregón, como director de la Escuela de Leyes le da unos objetivos de servicio social totalmente nuevos. En 1925 es el autor de la ley que funda el Banco de México y su primer presidente. Un año más tarde crea el Banco Nacional de Crédito Agrícola”.
“Para 1927, mientras trabajaba en un Proyecto de Crédito Popular y una institución nacional de asistencia y pensión social (antecedente del IMSS) Gómez Morín comenzó a entender que había un problema anterior a la reconstrucción económica, un problema de una magnitud tal, que sin su solución las mejores obras estarían condenadas fatalmente a desviarse, a corromperse; se trata, como se trata ahora, del problema político de México”.
“En 1926 escribe un pequeño libro, a un tiempo inteligente y conmovedor: 1915. Un llamado a su generación para embarcarse en una vasta labor de reconstrucción nacional en todos los órdenes: económico, y antes que nada, político y moral. En 1929 escribe a su amigo José Vasconcelos forme un partido que herede la bandera liberal y maderista, en oposición al caudillismo militar de los sonorenses. Ninguna de las “Revoluciones que pudieron haber sido” era más urgente que esta revolución política”.
Gómez Morin, por su parte, escribe en “1915”: “Para lograr esclarecimiento como para realizar cualquier intento de mejorar, necesitamos, ante todo, método y crítica. Crítica de nosotros mismos, que nos ponga incesantemente en guardia contra las asechanzas de este medio tan propicio a la improvisación, o contra los excesos de nuestro entusiasmo; que nos permita discriminar lo verdaderamente propio y genuino, de lo que sólo sea copia discutible; que, dándonos la medida de nuestra capacidad, nos deslinde de lo que podremos crear y de lo que habremos de adoptar…
“Pensar y obrar. No lejos de la pasión dentro de la vida, evitando igualmente la fácil falsedad de la esquematización. Vigilar la acción, que no se aparte de la inteligencia. Con el mismo empeño evitar la indeterminación del propósito que debe alcanzarse y el conformismo del éxito inmediato. Parcos en el programa de acción y generosos en el impulso. Sinceros, en todo caso. Lógicos e intuitivos. Serenos y entusiastas. Rigor en la técnica y bondad en la vida. Ese es el nuevo programa”.
Generaciones de fines del siglo -la mía entre ellas- lograron, al fin, leyes, instituciones y procedimientos garantes del “Sufragio Efectivo”. La 4t lo destruyó.
En el México de hoy hay más muertos, desaparecidos y desplazados que en toda la Revolución. Graves violaciones a los derechos humanos y sin división de poderes. Con una clase política sin método ni autocrítica, dada a improvisar, a excesos; desatenta del pensar, propicia a la falsedad, la esquematización, a la copia discutible; cortoplacista, insincera.
Frente a nosotros se alza hoy un desafío reconstructor más difícil que el de la generación de 1915. ¡Viva México!
