Con gobiernos humanistas es posible un NL más seguro

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Hablar de seguridad en Nuevo León exige pensar en las familias que quieren regresar tranquilas a casa, en quienes todos los días abren un negocio, llevan a sus hijos a la escuela o utilizan el transporte público. La seguridad, al final, se mide también en esa sensación cotidiana de poder vivir sin miedo.

Por eso, los datos recientes sobre homicidio doloso merecen una reflexión.

De acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública presentadas por el Gobierno de México, el promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86.9 en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026, lo que representa una reducción de 51 por ciento. En términos absolutos, significa pasar de casi 87 casos diarios a poco más de 42: 44 homicidios menos cada día en el promedio comparado.

Es un dato importante, pero precisamente por tratarse de seguridad debemos analizarlo con responsabilidad. Una disminución de esta magnitud significa que hay una tendencia que debe sostenerse, profundizarse y, sobre todo, traducirse en tranquilidad para las personas.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado una estrategia de seguridad sustentada en cuatro ejes: atención a las causas, consolidación de la Guardia Nacional, fortalecimiento de la inteligencia e investigación y coordinación entre las instituciones y los distintos órdenes de gobierno. 

De esos cuatro elementos, hay uno que considero particularmente importante para Nuevo León: la atención a las causas.

¿Por qué?

Porque durante mucho tiempo hemos entendido la seguridad principalmente desde la reacción. Más patrullas, más operativos, más detenciones. Todo eso es necesario cuando existe un delito, pero una política de seguridad verdaderamente integral tiene que preguntarse qué sucede antes de que ese delito ocurra.

La estrategia impulsada por el Gobierno de México plantea precisamente llevar al territorio a las instituciones, conocer las necesidades de las familias y acercar servicios y programas a las comunidades con mayores condiciones de vulnerabilidad. 

La Secretaría de Gobernación ha explicado que este trabajo incluye visitas casa por casa y la intervención coordinada de distintas dependencias para atender necesidades de salud, educación, empleo, bienestar y otros servicios. 

Esto tiene una enorme relevancia para nuestro estado.

Nuevo León es un estado industrial, dinámico y con una enorme capacidad de generación de oportunidades. Pero también tiene colonias y comunidades donde existen problemas que no se resuelven únicamente con una patrulla: jóvenes que necesitan alternativas, familias que enfrentan violencia, espacios públicos deteriorados, problemas de adicciones, abandono escolar o personas que requieren atención de las instituciones.

Atender esas condiciones también es hacer seguridad.

Y aquí hay una enseñanza que conozco de primera mano.

Cuando tuve la responsabilidad y el honor de ser presidenta municipal de Escobedo, entendimos que la policía tenía que dejar de ser una institución que aparecía únicamente cuando ocurría un delito. Tenía que conocer a los vecinos, caminar las colonias, identificar problemas y trabajar con la comunidad.

De ahí surgió Proxpol, nuestro modelo de Policía de Proximidad.

La experiencia me enseñó que la seguridad comienza mucho antes de la comisión de un delito. Comienza cuando un policía conoce su sector; cuando una madre sabe a quién acudir; cuando un joven encuentra una alternativa antes de acercarse a la delincuencia; cuando los vecinos vuelven a utilizar un parque; cuando una comunidad recupera la confianza en sus instituciones.

Por eso considero acertado que la estrategia nacional de seguridad incorpore la atención a las causas como uno de sus componentes centrales.

La propia presidenta ha explicado que esta política busca, entre otras cosas, evitar que los jóvenes se acerquen a grupos delictivos y que la intervención gubernamental llegue directamente a las familias y comunidades. 

No se trata de escoger entre prevención o reacción.

Necesitamos las dos.

Necesitamos policías capaces de responder, instituciones de procuración de justicia que investiguen, inteligencia que permita anticiparnos a las organizaciones criminales y coordinación entre autoridades. Pero también necesitamos políticas sociales que reduzcan factores de riesgo y comunidades capaces de construir sus propias redes de protección.

Los resultados nacionales muestran que una estrategia sostenida puede modificar indicadores tan sensibles como el homicidio. 

El verdadero desafío no es solamente mantener una cifra a la baja. Es conseguir que esa reducción se convierta en una percepción cotidiana de mayor tranquilidad; que llegue a las colonias; que alcance a quienes más lo necesitan y que se traduzca en oportunidades para las nuevas generaciones.

La seguridad que queremos para Nuevo León no puede construirse únicamente desde los escritorios. Tiene que estar en las calles, en las escuelas, en las familias, en los barrios y en cada comunidad.

Y algo más: la seguridad también necesita confianza.

Confianza de los ciudadanos en sus policías. Confianza de las autoridades entre sí. Confianza de las familias en que cuando pidan ayuda encontrarán una institución que escuche y responda.

Atender las causas significa precisamente eso: no esperar a que la violencia llegue para preguntarnos qué pudimos haber hecho antes.

Porque una política de seguridad verdaderamente humana no solamente cuenta los delitos que se cometieron.

También debe preguntarse cuántos delitos logramos evitar, cuántos jóvenes encontraron una alternativa, cuántas familias recibieron ayuda a tiempo y cuántas vidas pudieron continuar.

Ahí es donde una estrategia de seguridad deja de ser solamente una estadística y empieza a convertirse en una política pública que transforma comunidades.

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