NL: del “valemadrismo” a la sentencia de la realidad

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Durante la última década, los ciudadanos de Nuevo León hemos desarrollado un mecanismo de defensa frente al desencanto político: el “valemadrismo”. Ese “me vale” que pretende protegernos de la frustración, del abuso y de la decepción. Pero doce años de gobiernos cuestionados han demostrado una verdad incómoda: la indiferencia no nos protege de las consecuencias del mal gobierno.

La simulación digital, el marketing político y los discursos de grandeza terminan estrellándose contra la realidad. El “me vale” desaparece cuando abres la llave y no sale agua; cuando esperas durante horas un transporte que no llega; cuando pierdes tres horas diarias en traslados o cuando la inseguridad modifica tus hábitos y te obliga a vivir con miedo.

Ahí aparece la Sentencia de Realidad: los gobiernos no se evalúan por sus videos, inauguraciones, publicaciones en redes sociales ni discursos futuristas. Se evalúan por los resultados que experimentan los ciudadanos.

En agua, la pregunta es elemental: ¿hay suficiente para las familias? En transporte: ¿cuánto tiempo de nuestra vida estamos perdiendo? En finanzas: ¿cuánto debe cada ciudadano por las decisiones de quienes administran el estado?

Y aquí está el verdadero problema: la apatía dejó de ser neutral. Cuando la sociedad renuncia a exigir cuentas, el poder obtiene un cheque en blanco. La indiferencia facilita que las obras inconclusas, el endeudamiento, las deficiencias del transporte y las crisis de servicios públicos se conviertan en problemas permanentes.

Nuevo León no necesita otro gobierno construido sobre propaganda. Necesita uno que pueda ser evaluado con indicadores, resultados y rendición de cuentas.

La próxima elección por la gubernatura no debería reducirse a simpatías personales, colores partidistas o campañas de redes sociales. Tampoco se trata de enamorarse de un candidato. Se trata de votar con memoria y por defensa propia.

Y aquí aparece el verdadero “camino del héroe”: una sociedad que abandona el cinismo, reconoce su responsabilidad y decide recuperar el control de su destino.

Nuevo León no es un bastión natural de la 4T; es un territorio de disputa real. Por eso, la unidad opositora no puede construirse alrededor de una fotografía ni imponerse antes de definir quién tiene la capacidad de encabezarla. La unidad se construye después de la definición, alrededor de un proyecto y de resultados, no antes como simple reparto de posiciones.

El mensaje final es sencillo: el voto será la sentencia definitiva.

Seguir indiferentes significa aceptar otros seis años de simulación. Participar, exigir y votar con memoria significa recuperar la posibilidad de cambiar el rumbo.

Porque la realidad ya no da tregua.

Y a Nuevo León ya no le basta que le prometan futuro: exige resultados.

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