Entre poderes y liderazgos en el PAN, hay diferencias

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Hay muchos comentarios, esquemas y dibujos sobre la diferencia entre ser jefe y ser líder, y siempre se ponen a los jefes como autoritarios e insensibles ante sus subalternos. Y en cambio a los líderes como las personas que en vez de empujar a sus seguidores, los encabezan, son ejemplo. En general, veo que esas comparaciones son extremistas y simples. Tengo otra visión al respecto, sobre todo cuando se trata de movimientos políticos y sociales.

Hay, por supuesto, dentro de los partidos en el mundo, líderes que han llegado al poder organizacional de los mismos, en elecciones internas, precisamente porque los militantes los siguen, y los apoyan porque confían en que su labor será en beneficio de los fines doctrinales, los principios del propio partido. Que su labor será en favor de la sociedad a través de la acción política partidaria.

Pero por lo que se llama politiquería, no política, en muchas, demasiadas ocasiones llegan al poder no quienes son verdaderos líderes con auténtica vocación social del bien común, sino líderes que son embaucadores con tales habilidades de lenguaje, que convencen a los militantes de que son lo mejor que pueden tener para dirigir al partido. Igual como llegan al poder de otras organizaciones, incluyendo religiosas, sociales, comunitarias y hasta a gobernar países enteros, los futuros dictadores.

En el lenguaje común se utilizan indebidamente como sinónimos los términos líder con otros como presidente de un partido o de sus grupos parlamentarios. Y no, no son necesariamente lo mismo. Hay muchas cabezas de comités ejecutivos (con diversos títulos estatutarios, quizás) que aunque ocupan posiciones de poder no son verdaderos líderes. Se les obedece porque tienen poder, no por su carisma. Y los partidos políticos de la oposición mexicana están abiertamente en el caso. Y en los partidos hay muchos empoderados que no son líderes.

Un líder gana a sus seguidores por su carisma, por su discurso, por sus ideas, por su valentía y sobre todo por su conducta personal, su ejemplo: su vida refleja lo que dice ser, es congruente, persigue ideales a veces a costa de lo que sea, incluyendo su patrimonio, su posición social y su vida misma (por eso los asesinan).

Para que la ciudadanía apoye las acciones del PAN en sus actividades de gobierno, las legislativas y de movimientos sociales en pro de la justicia y defensa del Derecho, debe ser visto por tener líderes, no simples controladores del partido. Líderes que influyan en el entusiasmo y acciones del ciudadano en general.

Para el futuro cercano, Acción Nacional, por su propia supervivencia y logros por el bien común, que tanto necesita México, deberá ser encabezado por líderes, no por simples herederos del poder interno, bajo la política de que “me sigues tú porque eres mi cuate, mi socio (léase cómplice muchas veces)” que tendrán poder pero no capacidad de ser reconocidos como líderes por la ciudadanía que vota y apoya, ni por organizaciones sociales, otros partidos y los gobernantes en el poder público. Y claro, por los medios de comunicación influyentes en la opinión del público

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