LA MAÑANERA TAMBIÉN DEBE RESPONDER: ¿RÉPLICA O CENSURA?

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La propuesta de Kenia López Rabadán, presidenta de la Cámara de Diputados, para que el derecho de réplica también pueda ejercerse frente a lo que se afirma en La Mañanera de Claudia Sheinbaum, toca una fibra particularmente sensible del poder presidencial: la enorme capacidad del Gobierno para hablar, señalar y fijar agenda sin tener necesariamente enfrente a quien es aludido para responder.

La pregunta es inevitable: si el Gobierno pretende establecer mayores obligaciones para los medios de comunicación, ¿quién vigilará al Gobierno cuando sea éste quien difunda información cuestionable o haga señalamientos contra ciudadanos, periodistas, empresarios o adversarios políticos?

La democracia no puede funcionar con una regla para los medios y otra para el poder.

Si un periodista o un medio debe garantizar información veraz, ¿no debería exigirse exactamente lo mismo a cualquier funcionario público que utiliza recursos y espacios institucionales para comunicarse con millones de mexicanos?

El antecedente de Xóchitl Gálvez durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador vuelve todavía más incómodo el debate. Ella solicitó ejercer su derecho de réplica después de señalamientos realizados desde la conferencia presidencial y su petición generó una controversia que nunca debería repetirse en una democracia que presume defender la libertad de expresión.

Ahora aparece la llamada regulación de los derechos de las audiencias.

Y aquí está el verdadero desafío: ¿se pretende proteger al ciudadano frente a los medios o construir una nueva herramienta de presión sobre los medios incómodos?

Porque México no necesita más silencios.

Necesita periodistas que puedan investigar, preguntar y cuestionar sin temor a perder su empleo por incomodar al poder. Necesita medios independientes y ciudadanos capaces de responder cuando sean injustamente señalados.

Y, sobre todo, necesita que el poder acepte algo elemental: quien tiene el privilegio de hablar desde Palacio Nacional también debe tener la obligación democrática de escuchar y responder.

La libertad de expresión no puede convertirse en un derecho exclusivo de quien gobierna.

Por eso, antes de imponer nuevas reglas a los medios, habría que responder una pregunta mucho más sencilla:

¿La Mañanera estará dispuesta a garantizar el derecho de réplica a quienes sean señalados desde ella?

Si la respuesta es sí, habrá congruencia.

Si la respuesta es no, entonces la discusión ya no será solamente sobre derechos de las audiencias.

Será sobre los límites del poder y el riesgo de que, bajo el argumento de regular los medios, terminemos regulando la libertad de expresión.

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