¿Quién le teme —o quién le cree— a la «Tía Tatis»?

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Crónica de una memoria política selectiva

En la política mexicana suele ocurrir un fenómeno recurrente: algunos personajes son sometidos al escrutinio permanente, mientras otros parecen gozar de una inmunidad mediática que les permite emitir juicios sin que su propia trayectoria sea examinada con el mismo rigor. En Nuevo León, ese debate vuelve a surgir alrededor de Tatiana Clouthier.

Resulta inevitable preguntarse si el análisis sobre los aspirantes de Morena parte de criterios objetivos o de una memoria política selectiva. Cuando se evalúa la competitividad electoral de otros actores, conviene recordar que el único proceso de mayoría relativa en el que Tatiana Clouthier encabezó una candidatura propia fue la elección por la alcaldía de San Pedro Garza García en 2009, donde obtuvo el tercer lugar.

Ese antecedente no invalida su trayectoria política, pero sí obliga a dimensionar con prudencia el peso de sus valoraciones sobre quienes han enfrentado repetidamente el juicio directo de las urnas.

El contraste dentro de Morena es evidente. Mientras Tatiana Clouthier ha desarrollado buena parte de su carrera desde cargos de representación proporcional o responsabilidades administrativas, figuras como Clara Luz Flores han construido su capital político mediante elecciones de mayoría relativa, ganando en distintas ocasiones la alcaldía de Escobedo. Ambas trayectorias son distintas, pero no equivalentes.

También resulta discutible la narrativa que atribuye exclusivamente a las redes sociales el triunfo presidencial de 2018. La campaña digital fue importante, pero reducir la victoria de Andrés Manuel López Obrador a Twitter o los memes ignora casi dos décadas de organización territorial, movilización social y construcción política.

Otro aspecto que merece reflexión es la facilidad con la que suele omitirse el paso de Tatiana Clouthier por la Secretaría de Economía. Su renuncia, anunciada antes de concluir el encargo, dejó más preguntas que respuestas. En cualquier democracia consolidada, abandonar una de las carteras más relevantes del gabinete federal implicaría un amplio ejercicio de rendición de cuentas. En México, el episodio quedó rápidamente sepultado por el ciclo informativo.

La política exige resultados, no únicamente reconocimiento público. Haber transitado por distintos niveles del servicio público no constituye, por sí mismo, evidencia de eficacia administrativa. El verdadero legado de un servidor público debe medirse por políticas implementadas, instituciones fortalecidas y beneficios tangibles para la ciudadanía.

El problema de fondo no es Tatiana Clouthier como persona. El verdadero debate consiste en la tendencia de ciertos sectores políticos y mediáticos a otorgar autoridad moral automática a figuras cuya experiencia electoral y administrativa también merece ser analizada con el mismo rigor que se aplica a sus adversarios.

En democracia no deberían existir personajes intocables. Quien opina sobre la capacidad electoral de otros debe aceptar que su propia historia política también forma parte del debate público. La credibilidad no se construye únicamente con un apellido reconocido, presencia mediática o popularidad en redes sociales; se fortalece con resultados verificables, responsabilidad institucional y la disposición permanente a someterse al mismo escrutinio que se exige a los demás.

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