Liderazgo: La Competencia que Convierte las Decisiones en Resultados.
“Un gobernante puede tomar buenas decisiones. Solo un verdadero líder consigue que una organización completa las haga realidad.”
En las entregas anteriores hemos sostenido que un gobernador debe ser evaluado por las competencias que ha desarrollado para ejercer el poder con responsabilidad y no únicamente por la popularidad que alcanza durante una campaña. Analizamos primero la integridad como el fundamento de toda acción de gobierno y, posteriormente, la capacidad para tomar decisiones como una de las responsabilidades esenciales de quien gobierna. Hoy corresponde abordar la competencia que hace posible que esas decisiones trasciendan el discurso y se conviertan en resultados. El liderazgo. Porque un gobernador puede ser íntegro y puede tomar decisiones acertadas; sin embargo, si no logra movilizar a las personas, coordinar a las instituciones y conducir a un equipo hacia un propósito común, difícilmente transformará la realidad. Gobernar nunca ha sido una tarea individual. Es un esfuerzo colectivo que exige dirección, confianza y la capacidad de inspirar a otros para alcanzar objetivos compartidos. Con frecuencia se confunde el liderazgo con la popularidad. Se piensa que lidera quien habla mejor, quien llena plazas públicas, quien domina las redes sociales o quien aparece constantemente en los medios de comunicación. La experiencia demuestra que la popularidad puede ayudar a ganar una elección, pero no basta para construir un buen gobierno. El liderazgo es otra cosa. Es la capacidad de influir positivamente en las personas para que trabajen con convicción, disciplina y compromiso alrededor de un objetivo común. Es generar confianza antes que obediencia, construir instituciones antes que protagonismos y comprender que los resultados nunca dependen exclusivamente de quien ocupa el cargo más alto. Un gobernador encabeza una organización extraordinariamente compleja. Bajo su responsabilidad convergen miles de servidores públicos, decenas de dependencias, organismos descentralizados, instituciones de seguridad, entidades financieras, equipos técnicos y una permanente interacción con los municipios, el Congreso, el Poder Judicial, las universidades, el sector empresarial y la sociedad civil. Pensar que una sola persona puede conducir eficazmente esa estructura únicamente mediante órdenes sería desconocer cómo funciona realmente un gobierno. Por eso liderar no significa controlar cada decisión. Significa construir una visión clara, compartirla con convicción y lograr que miles de personas orienten su trabajo hacia un mismo propósito. Los grandes gobernantes no dedican su tiempo a resolver personalmente todos los problemas. Construyen organizaciones capaces de resolverlos. Existe además una diferencia que conviene no perder de vista. La autoridad proviene del cargo. El liderazgo se obtiene con la conducta. La autoridad permite mandar. El liderazgo inspira. La autoridad puede imponer disciplina. El liderazgo despierta compromiso. Cuando ambas cualidades coinciden en una misma persona, las instituciones alcanzan su mayor fortaleza. Uno de los errores más frecuentes en el ejercicio del poder consiste en creer que concentrar todas las decisiones fortalece al gobernante. En realidad, ocurre exactamente lo contrario. Los gobiernos excesivamente centralizados terminan volviéndose lentos, burocráticos y dependientes de una sola persona. Cuando todo debe pasar por el escritorio del titular, la capacidad de respuesta disminuye y las instituciones comienzan a perder eficacia. Los buenos gobernantes entienden que liderar también significa desarrollar nuevos liderazgos. Delegan responsabilidades. Forman personas. Escuchan opiniones distintas. Promueven el mérito. Y crean las condiciones para que las instituciones funcionen con eficiencia incluso cuando ellos ya no están presentes. Ésa es una de las diferencias más profundas entre administrar una oficina y gobernar un estado. Gobernar exige multiplicar capacidades, no concentrarlas. Por ello, cuando llegue el momento de evaluar a quienes aspiren a gobernar Nuevo León, convendrá formular preguntas distintas a las que normalmente escuchamos durante una campaña electoral. ¿Ha dirigido organizaciones complejas? ¿Los equipos bajo su responsabilidad mejoraron durante su gestión? ¿Ha sabido integrar personas con perfiles distintos alrededor de un objetivo común? ¿Escucha antes de actuar? ¿Forma nuevos liderazgos o concentra el poder en su persona? ¿Genera confianza o solamente exige obediencia? Responder estas preguntas permite conocer mucho mejor la capacidad de una persona para gobernar que cualquier discurso pronunciado durante una campaña. Porque las campañas presentan propuestas. El liderazgo produce resultados. Existe todavía una dimensión más profunda de esta competencia. Los verdaderos líderes entienden que su responsabilidad no concluye al alcanzar una meta. Su mayor obligación consiste en dejar instituciones más fuertes de las que recibieron. Las personas pasan. Los gobiernos terminan. Las instituciones permanecen. Ése debería ser el verdadero legado de cualquier gobernador. Un liderazgo basado exclusivamente en el carisma desaparece cuando concluye el mandato. Un liderazgo que fortalece instituciones continúa generando resultados muchos años después. Por eso esta competencia no puede medirse por el número de aplausos que recibe un gobernante, sino por la confianza que inspira, la calidad de los equipos que forma, la fortaleza de las instituciones que deja y su capacidad para convertir una visión en beneficios concretos para la sociedad. Porque gobernar nunca ha sido el trabajo de una sola persona. Siempre será el resultado del esfuerzo coordinado de miles de mujeres y hombres que encuentran dirección, propósito y sentido de pertenencia en un liderazgo capaz de guiarlos hacia un objetivo común. En la siguiente entrega analizaremos otra competencia igualmente decisiva: la capacidad para formar equipos. Porque ningún gobierno será mejor que las personas que lo integran, y una de las decisiones más trascendentes de cualquier gobernador consiste precisamente en elegir a quienes compartirán con él la responsabilidad de servir a la sociedad.
¡¡La decisión, como siempre, queda en manos de usted, estimado lector!!
“Porque hoy más que nunca, Nuevo León necesita menos ruido… y mucho más rumbo”.
Mtro. Miguel H. Botello Treviño Correo electrónico: mickbotello@gmail.com
