Ley antichapulines
El grupo político de chapulines morenos en Nuevo León propuso una reforma de ley contra el chapulineo del gobernador a buscar la candidatura presidencial. ¡Qué bueno!, pero se quedaron cortos.
El pueblo bueno y sabio, y otros como yo que no somos ni tan buenos, ni tan sabios; aplaudimos la iniciativa, el chapulineo tan de moda desde finales del siglo pasado es una plaga que aparece previo a las elecciones.
Hicieron reformas en años pasados, en su mayoría en favor de los chapulines y no como control de plagas o herbicida. Algunas de ellas facilitan que los gobernantes o representantes populares salgan a chapulinear en el jardín electoral y luego regresen frescos como lechuga a su cargo, sea que ganen o no.
Los chapulines son poco éticos con los ciudadanos quienes los eligieron. En campaña gastan, prometen, firman compromisos y hasta juran que terminarán la encomienda sin que se les mueva la patita por otro hueso, perdón, otro cargo, pero llegadas las siguientes elecciones les surge la amnesia selectiva.
La solución a este problema es sencilla, pero como todo tratamiento a enfermedades crónicas, es doloroso. La solución está en cambiar la ley y eliminar las elecciones concurrentes, donde pase al menos un año entre comicios. La otra alternativa es que los proclives a chapulinear elaboren una ley antídoto contra ellos mismos y prohíban el chapulineo.
La primera solución es la más sana y en respeto a los derechos de todos pues al terminar un encargo, deben trabajar con el electorado para pretender un nuevo cargo, el problema es que resulta costosa, fastidiosa y desgastante a la larga, con el peligro de incentivar el abstencionismo.
La reforma constitucional en el estado de 1992 acabó con las elecciones múltiples. Anteriormente los ayuntamientos, las elecciones federales y la gubernatura iban en procesos distintos, la concurrencia abarató las elecciones, facilitó su logística y de rebote benefició las campañas paralelas para que los candidatos mayores apoyen a los menores y viceversa.
La consecuencia es que se desató una plaga de chapulines en el jardín electoral. La solución ejecutiva es una ley que prohíba dejar la chamba tirada en busca de nuevos horizontes.
¡Sí a la ley antichapulines! Pero a todos, en el poder ejecutivo, legislativo y ahora en el judicial que también se elige en urnas. Nada que permita licencias, permisos, separaciones temporales u otro uso lingüístico que sirva de rendija para que los alcaldes o gobernadores pidan licencia para ir por una diputación local o federal, senaduría, gubernatura o presidencia, ¡Prohibido! Lo mismo para legisladores locales, sean regidores, diputados y para legisladores federales sean diputados o senadores. ¡Qué terminen su compromiso como representantes del pueblo! Eso sería lo moralmente correcto, lo políticamente justo y lo jurídicamente apropiado.
Habría que empezar por cambiar los conceptos de licencias, permisos y separaciones temporales. Hasta hace unos años los alcaldes que se iban de chapulines debían dejar un sustituto surgido del cabildo, hoy la ley les permite permisos donde abracan las precampañas, luego regresan al cargo unos días y vuelven a pedir licencia por el tiempo de la campaña, al final regresan frescos a ocupar el cargo que abandonaron por un sueño legal, más no sé si legítimo.
Habrá quien diga que es su derecho a contender, pero el derecho del ciudadano a que se le cumpla lo ofertado, ¿dónde queda?
Aplausos a la iniciativa de Morena, pero que sea incluyente a todos los cargos o de lo contrario pareciera que temen a algo o alguien.
