Ken Salazar, el escuchador de susurros: Andrés Amaro
Cuando un individuo ingresa al círculo de un Político Profesional tendrá una función formal o informal qué cumplir. Nadie está ahí por casualidad. Hay estrategas, operadores, negociadores, planificadores, organizadores. Etcétera. Ciertamente, hay ahí confidentes. Pero no puede serlo cualquiera. Porque el Político precisa tener claro que un confidente, si deja de serlo, puede convertirse en un monstruo. Y beber la sangre de todos los demás. Sin ser un Conde. Sin que su cuerpo se cubra de pelo. Con luz solar o en la penumbra.
Un confidente, si cambia de piel, puede adoptar por lo menos dos formas: infidente o biógrafo no autorizado.
Existe en el entorno de función de un Político Profesional otro puesto más complejo. Se trata de un Mensajero que se cree Confidente. Tiene información y vínculos útiles, así como compulsión por divulgar aquello de lo que se entera. El Político establece con él confianza mutua, estrecha pero artificial.
Su misión será hacer llegar a interlocutores estratégicos o incluso adversarios del Político, bajo la forma de delación, lo que éste le confíe. Ese mecanismo permitirá al Político lograr efectos o modificar comportamientos de esos otros actores, grupos o instituciones sin generar aspereza o absorber mayores costos.
Ese era el papel del personaje a quien el exEmbajador de EU en México (2021-205), Ken Salazar se refiere como “El Susurrador” en su libro, próximo a publicarse (“Borderlands: My Fight for an Inclusive America”, Ben Bella Books).
De acuerdo con un adelanto publicado por un diario de CDMX (“Teme AMLO que hable ‘El Mayo’.- Ken Salazar”. Reforma. No. 11,853. Año XXXIII. 21 Junio 2026. Primera Plana), Salazar refiere haber tenido un trato frecuente con un empresario y confidente del exJefe del Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador. Dice que era alguien que susurraba al oído al entonces Presidente. Por eso lo bautizó como “El Susurrador”.
Este, en agosto 2024, le compartió que el entonces Presidente AMLO estaba preocupado por la información que EU podría obtener del narcotraficante “El Mayo” Zambada, entonces recién capturado.
Ya de su cosecha, el entonces Embajador presumió, y así lo consigna en su libro, que tal preocupación se debería a que el narcotraficante pudiera “soltar la sopa”. Llamémoslo nosotros, solo por la moda de poner nombres creativos, “El Soltador de Sopa”.
Más allá de esa interpretación de Salazar y del sentido real de los comentarios que “El Susurrador” compartió, es indudable que éste último se encontraba, como otras veces, desempeñando el puesto de Mensajero. Transmitía un mensaje del Presidente AMLO al Embajador.
Dicho rol lo corrobora el propio Salazar, al enunciar, según la fuente citada arriba, antecedentes de ese trato: “Casi siempre ‘El Susurrador’ me contaba las cosas buenas que de forma casual e informal AMLO le decía sobre mi”. No eran brotes de simpatía; el Presidente estimulaba entonces la construcción de un piso de buen trato con el Embajador.
Ese relato, por cierto, añade al perfil de Salazar un ingrediente de sensibilidad al halago, siempre riesgoso para la conducción de cualquier político o funcionario.
Es un principio general que el Presidente de la República es el individuo mejor informado del país. La razón de que el llamado “Susurrador” efectuara su principal gracia en el oído del exPresidente AMLO se debía a que este último estaba enterado de que también lo hacía en el órgano auditivo de Salazar.
De otra manera, solo habría cuchicheado, como es probable que lo haga hoy día, ya perdido el sentido de su existencia por lo menos como susurrador, con los tlacuaches que trasnochan alrededor de la Alameda Central.
