Los representantes de casillas del PAN (II de III)
El testimonio de don Salvador
Aún lo recuerdo como si hubiera sido ayer. En el verano previo a mi ingreso a la escuela secundaria, de hecho siendo todavía niño, durante el periodo vacacional escolar trabajé de office boy en la matriz del ya desaparecido Banco Lagunero, en Torreón. El gerente general era don Salvador Torres Pérez, un banquero de impresionante personalidad. Por las notas de sociales de los diarios locales vi entonces y seguí viendo durante muchos años después, que don Salvador se codeaba con la mayor naturalidad con la crema y nata de la sociedad lagunera.
Pasó el tiempo y poco más de 30 años después, como en junio de 1988, un buen día el señor Torres Pérez se presentó en las oficinas del PAN en Torreón y preguntó por mi. Con gusto lo recibí y lo atendí. Me dijo: “Licenciado, vengo a pedir que me anoten para ser representante del PAN en las próximas elecciones. Pero por favor no me vayan a poner en una casilla facilona. Quiero que me nombren para vigilar la casilla donde usted considere que están los más cabrones de todos. Exijo estar ahí”. Mi asombro fue mayúsculo.
De inmediato pensé en la casilla que –hasta la fecha— se instala en la “Escuela Constituyentes de 1917”, ubicada en un lugar relativamente céntrico de Torreón. La casilla era controlada por un líder pistolero priista que regenteaba como si fuera propio un mercado municipal cercano.
Ese porro, amparado en la impunidad, tenía la costumbre de que apenas se instalaba la casilla, a punta de pistola expulsaba a los representantes del PAN. Pero en esa ocasión, ante don Salvador, se topó con pared.
Al sospechar que algo podía ocurrir, desde el inicio de la jornada estuve personalmente al pendiente de esa casilla. Y en efecto, temprano se armó tremenda trifulca, por lo que tuve que hacerme presente ahí. La policía trató de detenerme y no lo logró ante la airada protesta de numerosos electores. El incidente amerita que alguna vez sea narrado con todo detalle.
El hecho fue que a don Salvador Torres Pérez le hicieron los mandados. Por la noche, muy jubiloso, llegó a las oficinas del PAN a entregar copia de las actas de la casilla, ante el generalizado aplauso de la numerosa y alegre concurrencia que ya para esas horas estaba concentrada ahí y al tanto del incidente matutino.
Eran desde luego otros tiempos. Posteriormente, de manera lenta y aun imperceptible al principio, aunque acelerada después, las cosas empezaron a cambiar. Muchos de los tradicionales representantes del PAN no militantes del partido, en ocasiones con pretextos baladíes, se empezaron a negar a seguir colaborando. Pero ya antes había desertado de cumplir esta importantísima tarea un alto porcentaje de los propios militantes panistas.
El hecho no llamó la atención ni preocupó demasiado. El argumento que algunos aducían era que si el nuevo procedimiento establecido en la ley para integrar las mesas directivas de casilla ya no era el viciado de antaño, que casualmente hacía que siempre quedaran integradas por el pleno del respectivo comité seccional del PRI, en realidad ya no era muy necesario acreditar representantes.
Con la colonización del INE en prácticamente todos sus órganos, más nos vale ponerle la mayor atención a este aspecto clave del proceso electoral (continuará).
