Mundial: cuando el mercado se regula solo: Andres Amaro

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La emoción en torno al Mundial de Fútbol ha postergado el debate sobre el encarecimiento desmesurado del espectáculo. Este ha significado un abuso contra quienes tienen la posibilidad económica de acceder a los estadios. Y ha dejado al resto en la orilla, en el único sitio que la corporación organizadora del evento no ha monopolizado: la calle. 

La inasistencia de la  Presidenta Claudia Sheinbaum a la inauguración del evento tiene qué ver con esta discusión. Su perfil tiene una incontrovertible marca de austeridad. 

Además, para la Primera Mandataria, asistir habría significado acceder gratuitamente a un evento para el que todos los demás requirieron un esfuerzo económico significativo. Aun para los miembros del público con mejor situación social el desembolso ha implicado un elevado costo no proporcional al sustento de necesidades sustantivas, como vestir, comer o cuidar su salud. 

En esa medida, ausentarse ha sido una decisión prudente de la Presidenta. Las presiones de Corporativos de Medios por forzar su asistencia podrían ser vistas, desde la perspectiva de la planeación política, como una trampa de Opinión Pública. Conviene atender sus argumentos.

La versión de que la ausencia presidencial ha sido motivada por el interés de evitar un abucheo masivo es parcialmente aplicable. El público de espectáculos deportivos no suele recibir bien a actores políticos. Pero eso es independiente de cuál marca política tengan. Ahí cualquiera podría ser un intruso. Es infrecuente que un líder político sea ovacionado en un estadio. 

De otra parte, la impugnación en el sentido de que Presidentes del pasado sí acudieron es tan extravagante cómo cuestionar porqué el Hombre Araña vistió su atuendo tradicional rojinegro,  no el de Spider Man Noir, cuando paseó por el Bulevar Lázaro Cárdenas en Mexicali, un mediodía de  agosto pasado. Cualquiera lo sabría: la temperatura era de 52 grados centígrados, el aire quemaba, el piso también; bajo esas condiciones la ropa obscura es desaconsejable. 

 El exMandatario G. Díaz Ordaz presidió la inauguración de México 70. Más allá de la identidad de los autores materiales, era responsable de la matanza del 2 de Octubre 1968.  ¿Podría hoy ser ejemplo de una conducta a seguir en algún plano de la vida pública?

En el caso del exjefe del Ejecutivo, Miguel de la Madrid, presente al iniciar México 86, su mandato preludió un Modelo de Desarrollo que el Régimen  4T busca sustituir. ¿Por qué el Gobierno Federal lo emularía? 

A pesar de no concurrir al Estadio Azteca, la Presidenta ha verbalizado, de reojo, la idea que muchos tienen acerca de la marca social del Mundial 2026.

El pasado 14 de mayo, en la Asamblea General de la Copa del Mundo de Niños de la Calle 2026 (Teatro Hidalgo, CDMX), la Presidenta Sheinbaum exhortó: “Que ruede la pelota… Soñemos y trabajemos juntos y juntas en cada rincón del planeta para que el amor deje atrás a la avaricia”.

No quedó atrás. Al contrario. Contagió: el sector hotelero en ciudades sede de México había inflado desde febrero los precios de sus reservas (entre 300 y casi mil por ciento). Hasta la memoria se volvió cara. Literal: las tarjetas SD, auxiliares para la toma de fotografías digitales,  duplicaron su precio.  Y así.

Este fenómeno que marca al Mundial puede verse como un teatro de la vida social: es lo que pasa cuando te crees que el mercado se regula solo, que el precio es justo si hay alguien que lo pague y que el Estado no debe interferir en ese acontecimiento de la naturaleza; que solo debe asegurarse de que el césped esté bien cortado.

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