Moreira-Lazcano y la nueva bomba de Celso Ortega

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La relación entre Los Zetas y el poder político entra en una nueva fase

En octubre de 2012 publiqué el artículo “Moreira-Lazcano; Los capos de Coahuila”, en el que recogía las versiones que circulaban con fuerza en la prensa de la época sobre posibles conexiones políticas locales con el abatimiento de Heriberto Lazcano. Catorce años después, nuevos testimonios y declaraciones han venido a darle mayor peso a la idea de que la relación entre Los Zetas y ciertos círculos del poder político mexicano fue más profunda y prolongada de lo que se creía en aquel entonces.
Ahora, una declaración reciente ha elevado el nivel de riesgo político a otro plano.
La declaración de Celso Ortega
Celso Ortega, líder de la organización delictiva “Los Ardillos” y exintegrante de Los Zetas, confirmó públicamente que el cártel de Los Zetas contribuyó financieramente a la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en el año 2006.
En una entrevista concedida al medio Latinus, Ortega aseguró que, durante su pertenencia a Los Zetas, recibió fondos e instrucciones específicas del Z-42 (Omar Treviño Morales) para apoyar la candidatura de quien entonces era candidato y hoy es el expresidente López Obrador. Esta acusación ya había sido lanzada originalmente por un reportaje de ProPublica el pasado 30 de enero de 2026.
Aunque se trata de un testimonio de un exdelincuente, su declaración adquiere relevancia porque coincide con otros indicios que han surgido en los últimos años sobre financiamiento irregular a campañas políticas en México.
Lo que esto significa en el contexto Moreira-Lazcano
En mi artículo de 2012 me centré en la relación entre Los Zetas y el gobierno de Coahuila durante la administración de Humberto Moreira. Hoy, la declaración de Celso Ortega amplía el panorama: sugiere que la relación del cártel no se limitaba solo a un estado, sino que habría alcanzado el nivel nacional y presidencial ya desde 2006.
Esto refuerza la idea de que Los Zetas buscaron, desde muy temprano, construir puentes con el poder político en diferentes niveles, ya fuera mediante tolerancia, protección o financiamiento directo.
Consecuencias políticas para el actual gobierno
Esta nueva revelación coloca al gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum y a Morena en una posición delicada por varias razones:
1.⁠ ⁠Daño a la narrativa de “nueva política” Morena ha construido su identidad en torno a la idea de romper con el viejo sistema de corrupción y pactos con el crimen organizado. Una acusación de financiamiento de Los Zetas a la campaña de 2006 de López Obrador golpea directamente esa narrativa.
2.⁠ ⁠Presión internacional Estados Unidos está llevando a cabo el juicio contra Z-40 y Z-42 en Washington D.C. Si Celso Ortega o cualquier otro testigo protegido repite esta versión bajo juramento en una corte federal estadounidense, el caso podría adquirir dimensiones diplomáticas y de cooperación bilateral.
3.⁠ ⁠Riesgo para la estabilidad interna La oposición (PRI, PAN y MC) ya ha comenzado a usar este tipo de señalamientos para cuestionar la legitimidad moral y política del movimiento. Si el tema gana fuerza en los medios, podría complicar la gobernabilidad de Sheinbaum en un momento clave de su administración.
4.⁠ ⁠Efecto en las relaciones con gobernadores del PRI El actual gobierno ha mantenido alianzas pragmáticas con varios gobernadores priistas para obtener apoyos legislativos. Cualquier mención a pagos de Los Zetas a figuras del PRI en el pasado podría generar desconfianza y tensiones internas dentro de la coalición de facto que sostiene a Morena.
Para terminar.
Lo que en 2012 parecía una hipótesis audaz construida sobre indicios locales, hoy se ve reforzado por testimonios y declaraciones que apuntan a una relación más amplia y antigua entre Los Zetas y algunos integrantes del poder político mexicano. La secuencia de los hechos (asesinato de José Eduardo Moreira y muerte de Lazcano apenas cuatro días después), sumada a los testimonios judiciales en Estados Unidos y ahora la declaración de Celso Ortega, dibujan un panorama mucho más complejo de lo que se creía hace catorce años.
Aunque todavía faltan pruebas judiciales concluyentes que vinculen directamente a la familia Moreira o a López Obrador en la campaña de 2006 con Los Zetas, los elementos acumulados incluyendo las cada vez más numerosoas pruebas fotográficas de políticos de Morena saludando a la madre del Chapo o abrazandose, literalmente incluyendo a la actual presidente, a narcos son suficientemente graves como para que el actual gobierno deba prepararse para un escenario de alta turbulencia política en los próximos meses.
El caso ya no es solo histórico. Se ha convertido en un asunto de presente con implicaciones directas sobre la credibilidad y la estabilidad del proyecto político que hoy gobierna México.

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