El estado laico ficticio en México

0

La separación Estado – iglesias es un tema muy visto y hasta manoseado. A través de los últimos siglos de la historia, desde el XVIII, el tema de la separación de los gobiernos y las religiones se fue consolidando como una forma sana de convivencia entre los gobernantes civiles (y hasta militares) y las autoridades de las organizaciones llamadas iglesias.

El concepto de estado laico se ha impuesto en la mayor parte del mundo, salvo principalmente en los países controlados por liderazgos musulmanes, en donde las leyes y las políticas de gobierno son esencialmente religiosas, sometidas al islam. Aún en naciones en que se reconoce una religión oficialmente, la separación práctica entre gobierno e iglesia se ha llevado como una “convivencia pacífica” digamos. Un caso particular es el del Reino Unido, en donde el rey (o la reina) son la cabeza de la iglesia anglicana, y eso por ley.

Para efectos prácticos, un estado laico es aquel en donde no solamente se mantienen separados los poderes civiles y los de las iglesias, sino que conviven en paz, manteniéndose cada parte en las actividades que legítimamente les compete, y en donde las constituciones y demás leyes garantizan el derecho ciudadano a la libertad religiosa.

En una nación constitucionalmente laica se supone que existe absoluta libertad religiosa, para que cada persona y sus iglesias puedan practicar su religión sin que el Estado se inmiscuya. Eso respetando las leyes que consideren determinados actos como delitos, por supuesto.

México nació en 1821 como una monarquía católica, y el catolicismo se mantuvo de alguna manera no como religión oficial pero sí preponderante en la vida política nacional. Eso hasta que, por muchas presiones de corte “liberal”, se llegó a promulgar una nueva Constitución federal en 1857, y todo lo que se llamó leyes de Reforma con la separación del Estado y de la iglesia, la católica, por supuesto. Y esa constitución y otras leyes no fueron laicas, fueron controladoras de mucho de la vida de la iglesia.

Durante el porfiriato la iglesia y el gobierno del General Porfirio Díaz llevaron una convivencia pacífica, dejando mucha libertad a la iglesia para llevar su vida y ceremonias, educación y servicios sociales y asistenciales sin problemas. Pero llegó la Revolución, y con ella las actitudes y acciones contra la iglesia se fueron imponiendo sin recato.

Y llegó la nueva Constitución de 1917, en la cual no solo se conservaba teóricamente una nación de estado laico, sino que, en vez de mantenerse el principio de que tanto la iglesia como el gobierno actuarían en sus respectivos ámbitos, se reforzaron e incorporaron disposiciones constitucionales en los que la separación Estado – iglesia quedó completamente destruida.

Conforme a la Constitución del 17, el Estado tuvo derecho a tomar medidas de control sobre las iglesias y prohibir a la población realizar muchas actividades propias de su religión, como las desarrolladas fuera de los templos, e inclusive prohibir la enseñanza de la religión en escuelas privadas y las obras asistenciales de organizaciones religiosas. México solamente se consolidó como Estado laico en la falsa propaganda de los poderosos (civiles y. militares del momento), pues en la práctica constitucional y de leyes secundarias, el gobierno se metió de lleno legalmente en la vida interior de las iglesias.

Peor todavía se volvió la realidad legal de que el gobierno mexicano podía entrometerse en la iglesia cuando el presidente Plutarco Elías Calles decretó lo que se conoció popularmente como “ley Calles” (que no pasó por el Congreso), atacando directamente a la iglesia, con más prohibiciones y controles gubernamentales. La supuesta separación Estado iglesia se consolidó como una entelequia. El gobierno tuvo un control enorme sobre la iglesia y los ciudadanos católicos. Nada de “separación”: intromisión legal sobre la religiosidad de la población.

El estado “laico” en México en el gobierno de Calles se convirtió así, no solamente en un Estado controlador de la iglesia y de la vida religiosa de la población, sino en una abierta y generalizada persecución que rebasaba los preceptos legales. Por esa razón la población, tras agotar todos los medios de reclamo y de resistencia civil recurrió a la lucha armada, la Cristiada.

Tras los “arreglos” en 1929, la ficticia separación Estado – iglesias en México se mantuvo muchos años, a pesar de una gran tolerancia gubernamental de violación a la todavía vigente Ley Calles. Pero ya en 1992, en el gobierno de Carlos Salinas De Gortari, se hicieron importantes reformas constitucionales para dar mucha libertad a la vida religiosa y del interior de las iglesias, devolviéndoles, por ejemplo, la personalidad jurídica que les había sido negada en 1917. Con las reformas constitucionales del 92 quedó finalmente abrogada la Ley Calles. Quedaron todavía algunas barreras legales en contra de los ministros de culto, como el derecho a ser votados, y se decretó la ley sobre organizaciones religiosas. También se reconoció al Estado de la Ciudad del Vaticano.

Así, tras muchos años de jacobinismo antirreligioso en México, la separación de iglesia – Estado se volvió una realidad de vida razonablemente cierta. Ya en los gobiernos de López Obrador y de Sheinbaum, los políticos antirreligiosos han presionado dentro de su partido y en los congresos de las entidades federativas a favor de medidas legales como la permisividad del aborto, viendo su oposición como posiciones “de ultraderecha”, del conservadurismo y de los activistas católicos. La despenalización del aborto en varias entidades se les ve por los fanáticos antirreligiosos (en espacial anticatólicos) como un triunfo contra la iglesia católica.

México pues, vivió muchos años, desde la promulgación de la Constitución de 1857 y las llamadas Leyes de Reforma, un falso laicismo gubernamental, en los que la separación Estado – iglesia no existió, sino que reinó una enorme intromisión constitucional y de otras leyes en la vida religiosa y de la iglesia católica en el país, y por supuesto intromisiones completamente fuera de las leyes, con persecuciones, asesinatos y terror contra los católicos en México. Una laicidad gubernamental inexistente, en las leyes y en los hechos.Pero algunos fanáticos siguen hablando y presumiendo de la vida institucional del país como estado laico establecido por los gobiernos liberales del siglo XIX y consolidado porla Revolución.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *