El cerco se va cerrando … tomemos el control: Gustavo Vicencio
«No hay soberanía que defender cuando la impunidad ya la entregó»
Vicente Gauta
Hay una paradoja que el oficialismo mexicano debería explicar: nadie quiere que Estados Unidos dicte la agenda anticrimen de México, pero tampoco podemos aceptar que, ante la ausencia de una justicia verdaderamente independiente, la única justicia que avance sea la que viene del exterior. La soberanía no se defiende con discursos nacionalistas. Se defiende haciendo funcionar las instituciones. En los últimos días, la cancelación de la visa estadounidense a Andy López Beltrán volvió a colocar a morena en el ojo del huracán. El oficialismo denunció injerencia extranjera, invocó a masiosare y defendió la soberanía nacional. Pero la pregunta fundamental es: ¿por qué determinados asuntos que deberían investigarse y resolverse en México parecen avanzar solamente cuando Estados Unidos interviene, presiona o abre una investigación? Ese es el verdadero problema.
Si México tuviera una Fiscalía autónoma, un Poder Judicial independiente y jueces verdaderamente libres del poder político, no necesitaríamos que Washington nos señalara a posibles delincuentes, corruptos o integrantes de redes criminales. Los mexicanos deberíamos ser perfectamente capaces de investigar, acusar y juzgar a nuestros propios delincuentes. Por eso, resulta profundamente contradictorio escuchar al oficialismo hablar de soberanía mientras mantiene instituciones incapaces de actuar con plena autonomía frente al poder político. Una justicia subordinada al gobierno es, en realidad, una amenaza contra la soberanía. No es deseable. No es digno. No es soberano. Pero tampoco podemos cerrar los ojos ante la realidad. La cooperación internacional contra el crimen es necesaria y legítima. Lo que resulta inaceptable es que México llegue al extremo de necesitar presión extranjera para que determinadas investigaciones avancen.
Ahí está una de las grandes responsabilidades actuales de la oposición. No se trata de celebrar cada golpe que Estados Unidos propine a morena. Se trata de construir un México donde esos golpes sean innecesarios. Y aquí aparece la lección de Venezuela. La salida de Nicolás Maduro no significó automáticamente la desaparición del chavismo. Delcy Rodríguez, integrante fundamental del régimen, encabeza ahora el gobierno interino y participa en conversaciones para una transición política. Se olvidaron de María Corina Machado, la auténtica líder opositora y de todo el pueblo que luchó a su lado. La enseñanza es brutal: puede caer el personaje y sobrevivir el sistema. Eso es precisamente lo que México debe evitar.
La oposición no puede convertirse en espectadora esperando que Morena se derrumbe por sus propias contradicciones, por investigaciones estadounidenses o por el desgaste del poder. Si quiere gobernar, tiene que construir desde ahora una verdadera alternativa. Y eso requiere mucho más que buenas intenciones. Necesita estrategia electoral, organización territorial, trabajo en tierra, presencia permanente en redes sociales, comunicación profesional, formación de cuadros, candidatos competitivos y mensajes capaces de conectar con ciudadanos que hoy están decepcionados, pero que todavía no encuentran una opción convincente. La oposición debe dejar de reaccionar a la agenda de morena y comenzar a imponer su propia agenda. Debe hablar de seguridad, empleo, salud, educación, combate a la corrupción, democracia, justicia y oportunidades. Hablar con visión de futuro. Pero debe hacerlo con propuestas concretas y con un lenguaje que la gente entienda. Porque si morena algún día pierde el poder y la oposición llega al gobierno sin preparación, México podría cometer el mismo error que otros países: cambiar al gobernante sin cambiar realmente el régimen. Y existe otro peligro todavía mayor. Que, ante una oposición débil, dividida y sin proyecto, México termine dependiendo nuevamente del exterior para resolver sus problemas. Entonces podríamos pasar de un gobierno que protege intereses políticos internos a un gobierno pelele que simplemente responda a los intereses de Washington. Eso tampoco es democracia.
La verdadera alternativa debe ser mexicana, democrática, independiente y capaz de enfrentar al crimen sin recibir instrucciones de fuera. La oposición debemos prepararnos para gobernar. Para enfrentar y encontrar las soluciones a todo lo que el oficialismo ha destruido: Cómo restaurar el estado de derecho, el equilibrio de poderes, la lucha eficaz contra la delincuencia, terminar con todo el narco sistema, restablecer el sistema de salud, qué se hará con PEMEX, con CFE, con el sistema de pensiones y mil temas más.
El verdadero triunfo no será sacar a morena de Palacio Nacional. Será construir un México donde ningún partido pueda capturar la justicia, donde ningún gobierno esté por encima de la ley y donde ninguna potencia extranjera tenga que venir a recordarnos cómo defender nuestra propia República. Es mucho trabajo. No perdamos el tiempo como espectadores comiendo palomitas.
