“¡Ay cómo eres, Alfredo!” : Vito Saint Germain
En la escandalosa crisis que golpea al INE en su versión 4t, no es el destino de Guadalupe Taddei lo que estaba en juego, sino el rumbo de la todavía púber democracia mexicana a la que Andrés Manuel López Obrador le impuso un estilo de gobierno, una especie de kirchnerismo tardío y a la voz de me canso ganso, la edificación de un régimen político a imagen y semejanza de sí mismo: colmado de autoritarismo e ignorancia sotánica, donde solo se vale “intelectualmente” creer, relegando el pensamiento crítico a nivel de una amenaza. Según sus fueros, el tabasqueño decretó “es el momento de estar con la transformación o ser su enemigo”.
Ahora se entiende a que se refería. Un régimen sin contrapesos, donde la alternancia no sea opción, un partido dominante y eterno en el poder, con la oposición y la prensa acorralados y la opinión diferente descalificada, “pertenece a la derecha” dicen, donde las instituciones autónomas han sido colonizadas por la heroica 4t que gobierna del brazo del pueblo “bueno”.
Sociología binaria, al mejor estilo académico nutrido en Disneylandia, donde solo existen buenos y muy malos. El INE y la suprema corte son lastimosos ejemplos de su avance. En cualquier democracia, la autoridad electoral trabaja con un solo capital: la confianza. Organiza elecciones ofreciendo la certeza compartida de que la institución que cuenta los votos es o por lo menos hace el mejor esfuerzo por ser imparcial, se obliga en consecuencia a dar testimonio con su conducta de probidad moral y profesional. Ese valioso activo intangible es el que Guadalupe Taddei, simplemente, despedazó y tiro a la basura junto con su imagen personal.
De todos los bochornosos videos documentadas por el periódico Reforma y Latinus. Ni el chofer adscrito a su oficina, con un sueldo cercano a 46 mil pesos mensuales, que figuraba desde 2023 como apoderado legal de Corporativo Zeg, proveedora de material electoral, ni el funcionario que ella nombró director de Administración en septiembre de 2025, que había representado a esa misma empresa y a Cajas Graf, ni siquiera las comidas con miembros de su equipo, o su fiesta de cumpleaños y un hijo suyo bebiendo champaña contemplando emocionado el rio Sena desde la ventana de un cuarto de hotel en París, causan tanta vergüenza ajena como su respuesta a un piropo de ella engalanada “¡Ay cómo eres, Alfredo!”
“Alfredo”, aludido así por Taddei en la confianza cercana de su amistosa relaciónen uno de los videos, es José Alfredo Hernández Casillas apoderado y dueño de una red de empresas de material electoral. La UIF investiga una red de siete de estas proveedoras por simulación de competencia y triangulación de recursos, con decenas de cuentas bloqueadas. La Auditoría Superior de la Federación abrió por su cuenta una investigación de oficio y dijo contar con indicios de conflicto de interés, colusión y triangulación.
Sin negar su derecho a la presunción de inocencia, después de estos sucesos la ahora ex presidenta del INE difícilmente puede decir que no intervino en adjudicaciones directas, millonarias, o que todo el drama es producto del golpeteopolítico, porque tropieza con un hecho elemental: las personas cuestionadas llegaron a esas posiciones por decisión suya.
¿Qué cuentas entregan Morena y su líder histórico de su gestión del INE al haber colocado a Taddei a dirigirlo? Esa es la primera repercusión, y la más profunda. En 2024, la mayoría oficialista le concedió la facultad de designar directamente a los titulares de las áreas ejecutivas y técnicas, sin la votación colegiada del Consejo General. Una mayoría de consejeros intentó frenarlo ante la Corte; la nueva Suprema Corte desechó el último recurso en enero de este año. Se vendió como eficiencia. Hoy vemos lo que ocurre cuando se retira el contrapeso interno: los nombramientos ya no se discuten, se deciden, y los errores, o algo peor, no encuentran quién los detenga. La colegialidad no era burocracia; era un candado.
La segunda repercusión es política. La presión ya no vino sólo de la oposición. El PRI y Somos habían pedido su separación del cargo, pero también el presidente del Senado, el morenista Higinio Martínez le sugirió reflexionar sobre su renuncia; la presidenta Sheinbaum pidió auditar los contratos, y Ricardo Monreal habló de revisar esas facultades especiales. Quienes la celebraron a Taddei porque sería la presidenta que acabaría con los excesos del INE y del odiado alter ego de López Obrador, Lorenzo Córdova, hoy toman distancia ante el descalabro. No fue la primera fricción. En mayo, Taddei se opuso a que el INE verificara candidaturas por posibles nexos criminales, y desde Palacio Nacional y San Lázaro le respondieron que no había entendido la iniciativa. Es legítimo preguntarse si el escándalo sirve sólo para limpiar el instituto o también para reemplazar a una presidenta que empezaba a decir que no porque no.
La tercera repercusión es una trampa. Si Taddei se quedaba, el INE organizaría la elección intermedia con su presidenta bajo investigación, y cada decisión técnica sería leída como favor o como revancha.
Ahora su relevo lo decidirá una Cámara de Diputados con mayoría calificada morenista, y el árbitro llegará a 2027 con el sello de quien gobierna. Ambas salidas lesionan la percepción de imparcialidad, que el árbitro no debía perder.
El INE ha sobrevivido a la tómbola que eligió a su presidenta, a recortes presupuestales y a reformas hechas a medida de Morena. Lo que difícilmente sobrevivirá ahora es su credibilidad, porque llegará manchado a las urnas de 2027 por algo más que la sospecha de que el árbitro atiende a que quien manda. Para dirigir al INE, Palacio Nacional enfrenta ahora una disyuntiva, suena ingenuamente romántico decirlo, tiene la oportunidad de marcar una pauta diferente al lopézobradorismo escogiendo un perfil íntegro, incluso ajeno a su influencia, o continuar con la deriva cada vez menos legítima de construcción de un régimen autoritario. La democracia mexicana se juega el futuro, queremos que el instituto vuelva a ser de todos, que es la única manera de no ser de nadie.
