Elogio de la ignorancia
Cuando el poder convierte la carencia en virtud y manda la cuenta a quienes dice honrar
«Los hombres, en general, juzgan más por los ojos que por las manos,
porque a todos es dado ver, pero a pocos tocar.
Todos ven lo que pareces, pocos palpan lo que eres.»
— Maquiavelo, El Príncipe, cap. XVIII
EL MÉXICO ELEGIDO
López Obrador y Sheinbaum eligieron un México para gobernar, y ese México no existe. Es un país rural,
primitivo, ignorante y vulgar, armado desde el poder y presentado como reserva moral de la nación. El
otro, el mayoritario, queda fuera del cuadro: el de las ciudades, las fábricas, las aulas y las familias que se
endeudan para que sus hijos vivan mejor que ellas.
La elección no es folclor. Es método. Sheinbaum proclama que la grandeza cultural de México está en los
pueblos originarios y que gobierno y pueblo son lo mismo. Las dos frases se completan: la primera fija
dónde está la virtud y la segunda declara que quien manda la posee. Desde ese momento, criticar al
gobierno equivale a ofender al pueblo, y señalar la pobreza de ese México equivale a despreciarlo.
Lo que se presenta como homenaje es lo contrario. Quien glorifica la carencia ya decidió que el carente
no saldrá de ella.
EL PRESTIGIO AL REVÉS
La promesa moderna de México fue el ascenso: estudia, trabaja y tus hijos vivirán mejor. Se cumplió para
muchos, hoy una amplia clase media, pero los excesos de quienes gobernaban la descarrilaron y su fracaso
dejó un vacío. López Obrador lo llenó con una oferta más barata: no necesitas subir, porque ya eres mejor
que los de arriba.
Weber describió esa operación en las religiones de los desposeídos: cuando no se puede cambiar el lugar
en el mundo, se ofrece un sentido que lo vuelve superior. El pueblo bueno es esa teodicea en versión de
mañanera. La transferencia pone el dinero, el discurso pone el estatus, y juntos producen lealtad.
El viejo nacionalismo revolucionario también exaltó al pueblo, pero Vasconcelos lo hizo con escuelas,
bibliotecas y clásicos en las manos de todos. Quería elevarlo. La 4T quiere retratarlo. Cambió la ventana
por el espejo.
1.EL DESPRECIO POR EL SABER
Para que la carencia sea virtud, el saber debe ser sospechoso. De ahí la fórmula de noventa por ciento de
honestidad y diez de experiencia, que vale por una doctrina de Estado: la lealtad sustituye a la competencia
y nadie puede medirla. De ahí también la advertencia de López Obrador a quienes ascienden: que no se
vuelvan ladinos ni sabiondos. El pobre que estudia y deja de necesitar al gobierno es el verdadero peligro.
La consecuencia es una guerra contra quien puede revisar las cuentas. El técnico estorba, el académico
conspira, el auditor miente. Cuando la Auditoría Superior calculó el costo de cancelar Texcoco, López
Obrador la llamó exagerada y, horas después, ella reconocía inconsistencias. El Coneval, que medía la
política social desde fuera del gobierno, desapareció. Cuando PISA exhibió la caída, la SEP restó
importancia a la prueba.
Sheinbaum es el caso más elocuente. Es doctora, debe su carrera a todo lo que su discurso devalúa, y aun
así repite la liturgia. López Obrador podía alegar biografía. Ella solo puede alegar herencia. Nadie sabe
mejor lo que vale una buena escuela, y por eso su complicidad pesa más.
EL CAPRICHO CON PRESUPUESTO
Un gobierno que desprecia el saber decide por símbolo, y el símbolo siempre sale caro. Texcoco se canceló
con un costo que el gobierno estimó en 100 mil millones de pesos; las cuentas oficiales posteriores lo
situaron entre 113 mil y 163 mil millones, y la obra quedó enterrada. Dos Bocas se estimó en unos 8,900
millones de dólares y terminó en casi 332 mil millones de pesos, más del doble. El Tren Maya triplicó su
presupuesto original.
Segalmex, creada para impulsar el campo y distribuir alimentos, es la estampa perfecta. La Auditoría
Superior reportó irregularidades por más de 15 mil millones de pesos en sus primeros tres años, el doble
de la Estafa Maestra. El gobierno rebajó la cifra a 2,700 millones, y López Obrador la llamó la mancha que
se llevaba. El dinero del pueblo bueno se esfumó en el organismo creado para servirle.
LA FACTURA DEL PUEBLO BUENO
La factura no llega a Palacio Nacional. Llega a la ventanilla. El Seguro Popular se eliminó para crear el Insabi,
un organismo improvisado que desapareció en 2023. Las recetas no surtidas pasaron de 7.5 millones en
2019 a 24 millones en 2021, según Cero Desabasto. Ese es el precio real de la retórica: el enfermo pobre,
sin aseguradora ni farmacia privada, sale con la receta en la mano.
La escuela cobra más tarde y cobra más. En matemáticas, México bajó de 409 puntos en 2018 a 395 en
2022 y a 388 en PISA 2025, su nivel más bajo desde 2006. Al joven que no aprendió a razonar a los quince
años nadie le devuelve ese tiempo.
Entretanto, López Obrador prometió crecer 4% anual y dejó 0.81%, y Sheinbaum admite que la deuda de
Pemex frena la reducción del déficit. Se repartió lo que había sin construir lo que faltaba. La transferencia
alivia este mes; la mala escuela, el hospital vacío y la economía estancada se quedan décadas. Un puente
caído se levanta en años. Una generación mal educada no se repone.
2.LA PANDILLA Y EL ESPEJO
Mientras se predicaba la justa medianía, la cúpula salía de viaje. Circularon los helicópteros, los hoteles, la
ropa de marca y las fiestas de quienes juraron vivir con poco. Sheinbaum regaña y luego apapacha.
Proclama que no hay justificación para el lujo y, según recogió The New York Times, resuelve el reclamo
con la fórmula que absuelve a todos: ¿quién nos juzga? El pueblo.
Ahí se cierra el círculo. El pueblo exaltado funciona como un tribunal que nunca sesiona. Una pandilla de
ambiciosos puede abusar y dilapidar porque se ampara en quienes dice representar.
La ostentación tiene su lógica. La contención era una norma sostenida por quienes tenían autoridad para
avergonzar: la escuela, la prensa, la clase media. Declarada ilegítima esa autoridad, nadie puede decir que
algo es demasiado. La desmesura deja de ser falta y pasa a ser identidad, y quien la señala queda marcado
como clasista. El exceso se exhibe sin pudor porque ya nadie tiene derecho a sonrojar a nadie.
LO QUE PARECES, LO QUE ERES
Maquiavelo sabía que los hombres juzgan más con los ojos que con las manos. La 4T lo aprendió bien:
ofrece al ojo un pueblo glorioso, un Zócalo lleno y una austeridad de discurso. Pero la mano llega tarde o
temprano. Toca el mostrador de la farmacia, el examen reprobado, la obra que costó el doble.
El México que exaltan no necesita su elogio. Necesita lo que le negaron: escuelas que enseñen, hospitales
surtidos, un Estado que sepa hacer cuentas. Respetar a un pueblo es exigirle más y darle con qué. Elogiar
su ignorancia es la forma más rentable de perpetuarla, y de esa renta, a fin de cuentas, ha vivido esta
pandilla.
En el pecado llevarán la penitencia. Sus supuestos adversarios son mayoría. Su desencanto y su irritación
se evidencian todos los días, y el grito de «¡Fuera Sheinbaum! ¡Fuera Morena!» no sale en las encuestas
pagadas. Los exacerba la propia mañanera: cada discurso y cada explicación van dirigidos a un pueblo de
idiotas. Ese pueblo no existe. El México elegido siempre fue una ficción, y el México real empieza a notar
que le hablan como si fuera aquel.
En este momento y en estas circunstancias, las experiencias de Serbia y de Hungría adquieren enorme
relevancia.
