Descomposición democrática
¿Cuánto esperan obtener Samuel y Mariana si invierten 19 millones de pesos en su imagen en tan solo cuatro meses?
El dato de que Samuel García y Mariana Rodríguez destinaron una suma millonaria, presuntamente “recursos propios”, a redes sociales, como lo expuso el periódico El Norte, es una señal de la terrible descomposición que vivirá la democracia.
Como nos hemos dado cuenta la contienda pública ya no se libra en plazas ni en spots, sino en feeds personalizados.
Si las redes sociales ya tensaron la democracia al premiar lo emocional sobre lo verificable, la IA intensificará esa dinámica, y terminaremos siendo manipulados.
—segmentación extrema, viralidad, desinformación y microtargeting—. eso, ya lo vivimos,
Ahora agreguen la guerra sucia con inteligencia artificial como ingrediente especial en las campañas del 2027 y la hiperpersonalización política, es decir esta evolución del marketing político tradicional que consiste en crear y enviar mensajes políticos casi “a la medida” de cada persona, usando grandes cantidades de datos y, ahora, inteligencia artificial.
Antes, una campaña segmentaba así:
- jóvenes vs adultos
- zona urbana vs rural
- nivel socioeconómico
Ahora con hiperpersonalización, se busca perfilar campañas más dirigidas con cosas como:
- qué te preocupa (inseguridad, economía, salud)
- cómo reaccionas emocionalmente (miedo, enojo, esperanza)
- qué tipo de lenguaje te convence
- incluso tus hábitos digitales (qué ves, cuánto tiempo, a qué hora)
Con eso, la campaña puede hacer algo como:
- A ti te muestra un video alarmista sobre inseguridad
- A otra persona, un mensaje optimista sobre empleo
- A otra más, un discurso técnico sobre economía
Todo del mismo candidato, pero adaptado a cada perfil.
La diferencia clave es que ya no existe “un solo discurso público”, sino muchos discursos paralelos, invisibles entre sí.
¿Por qué preocupa?
Porque puede:
- manipular emociones con mucha precisión, no solo informar
- dificultar que el público vea contradicciones (cada uno recibe una versión distinta)
- volver casi imposible auditar lo que realmente está diciendo una campaña
A eso agrega los Deepfakes, es decir, voces sintéticas y textos automatizados que permiten crear narrativas falsas o engañosas a gran escala y con bajo costo.
Reproducir la cara, la voz o los gestos de una persona, para hacer creer que declaró algo, a través de videos, audios, imágenes…no quiero ni pensarlo.
Esto puede saturar el ecosistema informativo y erosionar la confianza pública. Es decir, tendremos campañas donde será una tarea laboriosa el estar validando la legitimidad de la información, y peor aún, cuando se comparte en gran escala y velocidad.
Además la IA puede reaccionar más rápido que cualquier equipo humano: responder ataques, generar tendencias, inundar redes o ajustar estrategias casi en tiempo real, una tarea tan titánica que creo se tornará imposible incluso para la autoridad electoral.
¿Por qué es relevante en política?
Porque permite:
- lanzar ataques falsos creíbles contra adversarios
- confundir al electorado en momentos clave (por ejemplo, antes de una votación)
- saturar redes con versiones contradictorias de la realidad
Y hay un efecto adicional importante: aunque un deepfake se desmienta, siembra duda. La gente empieza a cuestionar todo (“¿y si sí era real?”), lo que erosiona la confianza en la información en general.
Entonces, recapitulando, el problema de las redes sociales es que la competencia será más una estrategia de manipulación que una auténtica elección.
Y si estos jóvenes políticos gastan 19 millones de pesos en su imagen, en unos meses, ¿Cuánto creen que quieran obtener de la política y su influencia?
¿Habrá algo que podamos hacer para protegernos?
