El viaje inverso de la presidenta Sheinbaum: Andrés Amaro

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Después de la Elección Presidencial de 2024, la afinidad o diferencia de pensamiento entre la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum y su hoy antecesor, el exMandatario AMLO, constituyó un aspecto del mayor interés para observadores, líderes partidistas, dirigentes sociales y comunicadores. Algunos núcleos de poder encontraron conveniente incluso estimular un deslinde sexenal bajo el argumento de que éste constituía una mecánica natural del Sistema en México.

Existen ciertamente diferencias importantes de perspectiva  entre Presidenta y exMandatario. Pero no tienen la profundidad para suponer escisión. Uno y otro han tenido trayectorias ideológicas diferentes aún formando parte de una misma visión en sentido amplio. La activa participación de la Presidenta Sheinbaum en la IV Cumbre para la Defensa de la Democracia, celebrada en Barcelona,  es una oportunidad para dimensionar la magnitud real de ese contraste. 

La concurrencia de la Presidenta de México, por cierto, ha culminado una operación política cuidadosa. En la víspera, el Jefe del Estado Español, Felipe de Borbón, reconoció que hubo “abusos” durante la Conquista de lo que hoy es México. Ese gesto inició la distensión. No es descartable que haya derivado de una sugerencia acordada entre España y México.  

La Cumbre es el tipo de iniciativas de gobiernos afines en el mundo que el exMandatario AMLO miraba por su ventana de viajero como quien observa cómo cambia el paisaje. Para la Presidenta Sheinbaum, sin embargo, es ideológicamente el punto de llegada de un viaje largo. 

Observemos los trayectos. En la punta de inicio de su historia política, el exMandatario López Obrador se formó y afilió en los años 70 a una conciliadora Izquierda Nacionalista, ala del Partido Revolucionario Institucional. Dicha corriente fue expulsada de ahí en 1987. El referente de afinidad ideológica de AMLO es el Cardenismo. De ahí, su pensamiento y acción política transitaron hacia la Izquierda Socialista, con una perspectiva frecuentemente dogmática por lo menos en el plano discursivo.

La Presidenta Sheinbaum recorrió un itinerario puntualmente inverso. La Izquierda Socialista fue su cuna ideológica. Inició su participación política activa en el Consejo Estudiantil Universitario de la UNAM en los años 80. Su referente ideológico es el Movimiento Estudiantil de 1968. Conviene recordar que, durante su Toma de Posesión (2024), la memoria del 68 fue ampliamente proyectada como inspiración política de su gobierno.

Ese tema no había tenido el mismo dimensionamiento  durante la  Administración del exPresidente AMLO (2018-2024), en el esmero por preservar un trato equilibrado con el Ejército. Ello a pesar de que fuera consigna histórica de la izquierda mexicana desde los años 70. 

A partir de este eje de convicciones, la Presidenta Sheinbaum se ha desplazado paulatinamente hacia la Izquierda Progresista, de matiz socialdemócrata, comprometiéndose con temas adicionales al de la Justicia Social, como la Equidad de Género y el Cuidado del Medio Ambiente, asuntos de los que el exMandatario AMLO guardaba distancia.  

Acaba de completar ese viaje. Esta Izquierda Progresista es la que se ha reunido el fin de semana en la Cumbre celebrada en Barcelona.

La participación de la Presidenta Sheinbaum ha tenido un doble efecto: enfatizar la inclusión de su Gobierno en esa visión y normalizar las relaciones México-España.  

Ella se encontraría buscando propiciar una puesta al día de su Movimiento (Morena). Para adquirir mayor viabilidad de proyecto. La visión a la que se adhiere implica también un ángulo de pragmatismo. Por ejemplo, admitir la pertinencia de encontrar acuerdos con el poder económico, incluido el global, pero sin declinar la autoridad del Estado. 

Es el mismo rumbo, pero de otro modo.

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