octubre 26, 2026

Después de un proceso parlamentario amañado y truculento, el régimen logró imponer a Guadalupe Taddei como Consejera Presidente

Una de las mayores tragedias que propició el advenimiento de López Obrador y Morena al poder ha sido su colonización del Instituto Nacional Electoral (INE). Después de años de guerra contra los Consejeros que actuaban con independencia ante los intereses políticos de la Presidencia de la República, que incluía campañas de desprestigio personal contra muchos de ellos, especialmente contra el Consejero Presidente, Leonardo Cordova, y la aprobación de recortes presupuestales severos para inhibir el cabal cumplimiento de sus muchas funciones y responsabilidades, llegó la hora constitucional de su reemplazo en el cargo.

Después de un proceso parlamentario amañado y truculento, el régimen logró imponer a Guadalupe Taddei como Consejera Presidente, siendo una persona de poca autoridad moral y política en el puesto, pero dispuesta a ser una sumisa correa de transmisión de los intereses de la Presidencia de la República y de Morena dentro del órgano electoral.

Inmediatamente su tarea de mandadera del poder se topó con las limitaciones que el cargo imponía, siendo el INE un órgano autónomo del Estado mexicano donde las decisiones se tomaban de forma colegiada.

Taddei quiso hacer nombramientos en los puestos claves de dirección en el Instituto, empezando por la Secretaría Ejecutiva, que es el órgano que conduce la actividad diaria de las seis Direcciones Ejecutivas que conforman la estructura administrativa del INE y de las siete unidades técnicas y especializadas. Además, supervisa la relación con la estructura territorial del INE en las 32 entidades federativas y los 300 distritos federales.

Trató de nombrar una persona a la Secretaría Ejecutiva cuya virtud mayor era ser su amigo cercano, pero carecía de las capacidades y características profesionales para atender las funciones de ese cargo. El Consejo General, que en ese momento tenía la función de aceptar o rechazar las propuestas de la Consejera Presidente a los distintos cargos, rechazó la propuesta de Taddei.

Ese rechazó inició un conflicto inacabable entre la Consejera Presidente y una mayoría de Consejeros que insistían en el nombramiento a los cargos fundamentales de INE a personas profesionalmente aptas y con criterio independiente. Este conflicto derivó en diversos nombramientos como “encargados de despacho” de cercanos a Taddei, pero cuya temporalidad no permitía el cabal cumplimiento de sus funciones.

El Congreso de la Unión, controlado por Morena, entró al rescate de la Consejera Presidente en dos sentidos. Por un lado aprobó modificaciones al manual de responsabilidades de los órganos de dirección del INE eliminando el carácter colegiado y obligatorio en la toma de decisiones, otorgándole a Taddei la facultad de nombrar, sin consulta alguna con los Consejeros, a la Secretaría Ejecutiva, a los responsables de las seis Direcciones Ejecutivas y a las siete unidades técnicas y especializadas.

Para cerrar el círculo de control absoluto de Taddei sobre el INE en su conjunto, el Congreso nombró a tres Consejeros cuya identidad era conocida: uno es amigo de la presidenta, otro responde a Ricardo Monreal y el tercero es cercano a Taddei. Con esto, Morena y Taddei cerraron el círculo de control absoluto sobre el INE y concluyeron el proceso para subordinar el órgano electoral nacional a los intereses de la Presidencia de la República, a los de Morena y a la Consejera Presidente. Una colonización completa.

A partir de ese momento, Taddei tenía el control absoluto sobre el origen y destino de todos los recursos presupuestales del Instituto. Y no tenía que rendirle cuentas a nadie en cuanto a contrataciones de servicios y la adjudicación de contratos y sus condiciones.

Con el control absoluto y sin vigilancia alguna, Taddei empezó el festín de enriquecimiento personal, de su familia, de sus cercanos y de los contratistas favoritos. Era un ambiente de gloria, de nuevas e inesperadas riquezas, de viajes internacionales de lujo, de joyas, diversión y sensualidad. El límite era el cielo.

Hasta que la prensa se enteró del dinero, de los viajes, de las fiestas. Y, después, de los contratos millonarios al favorito, de las adjudicaciones directas y del abuso del poder. Todo ello coincidió con las acusaciones reiteradas de corrupción en las altas esferas del poder político nacional y las relaciones inconfesables con contratistas y narcotraficantes. ¿Si lo mismo hacía el hijo de Obrador, el senador Adán, Noroña, Montiel, la gobernadora Pilar, el gobernador Durazo, el de Nayarit, Colima y Michoacán, y una larga lista de morenistas, por qué no tendría que hacer lo mismo Taddei? La lógica del momento asentía con la cabeza.

El contexto político general es lo que tiene a Taddei a un paso de la renuncia. No su corrupción, sino el entorno político. Las próximas elecciones del 2027 van a ser muy reñidas, principalmente por el desgaste político de la marca “Morena”. Las acusaciones de corrupción de múltiples actores de Morena (“roban, pero no reparten”, dice el refrán), junto con las presiones por sus alianzas con el narcotráfico, han mermado la credibilidad del gobierno y su partido.

Más que nada, ha quedado destrozado el lema “no robar, no mentir, no traicionar”. Pueden decir misa, pero la sociedad mexicana sabe que han hecho todo eso, y más. La herida de la corrupción supura la merma del poder. En este contexto, entra Taddei y su robadera en escena.

El problema electoral de Morena es crucial. Tiene el criterio de que cualquier retroceso electoral en el 2027 iniciará la extinción de su movimiento. Pero, ¿cómo mantenerse por lo menos con lo que tiene actualmente (mayoría calificada en la Cámara de Diputados y 13 gubernaturas de las 17 en juego) cuando el órgano electoral que tiene que calificar la elección se encuentra en crisis por corrupción y, por tanto, sus decisiones están bajo sospecha? Además, ¿con el desgaste por la situación de corrupción ligada a Morena y a la Presidencia de la República?

La crisis en el INE es tan severa que abre una incógnita que exige respuestas. Dado que la crisis en el INE proviene de una serie de decisiones tomadas desde la Presidencia de la República (nombrar a Taddei por sumisa e incompetente, el nombramiento de una mayoría de Consejeros militantes de Morena y la dotación de facultades absolutistas a la Consejera Presidente), la piñata de los millones no debe sorprender a nadie. Cuando el poder absolutista no encuentra freno a sus ambiciones, roba al arca abierta sin remordimientos.

Así el sexenio de López Obrador. Así, el sexenio actual. Además, el aislamiento internacional de México repercutirá en que, con resultados electorales cuestionados y un Poder judicial repudiado en el mundo, el efecto económico y político será devastador. Implicará más pobreza y un futuro hipotecado para muchos millones de mexicanos.

Hoy la disyuntiva es clara. Si se quiere asegurar elecciones creíbles, es indispensable nombrar un nuevo Consejero o Consejera Presidente notoriamente independiente de todo el Poder y de los partidos políticos. Obviamente existen candidatos con esas características.

En cambio, si el Poder insiste en poner a un incondicional suyo en la Presidencia del INE, la crisis de credibilidad de la institución se agravará más de lo que está hoy.

La corrupción de las altas esferas del INE ha creado la crisis actual, y es consecuencia de las decisiones arbitrarias tomadas por la Presidencia de la República, los legisladores de Morena y sus cuadros dirigentes. Ahora está en sus manos corregir el rumbo, nombrando a una Presidencia del Consejo independiente y autónomo, o seguir por la misma ruta de antes y arriesgar a convertir las próximas elecciones en un conflicto que pondrá en riesgo la estabilidad y la paz de México.

POR RICARDO PASCOE PIERCE

COLABORADOR

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