Old Chiles: el sueño de Mario que hoy cantan sus hijos
Hay noches en las que la música deja de ser solamente música. Se convierte en memoria, en nostalgia, en familia y, algunas veces, en la realización de un sueño que comenzó muchos años atrás.
Eso ocurrió durante el concierto de Old Chiles, al que asistimos Tere, mi esposa; mi suegra Esther; mi cuñada Juana María y nuestra querida amiga Angelina. Fue una noche de buena música, pero también una experiencia profundamente humana.
Sobre el escenario, Gerry Guerrero Solís, Emiliano Guerrero Solís, Chiquis Guerrero Solís y los demás integrantes del grupo demostraron talento, entusiasmo y una extraordinaria capacidad para mantener vivo el espíritu del rock de los años sesenta y setenta, acompañados por una estupenda orquesta.
Pero detrás de esa calidad artística existe una historia familiar que merece ser contada.
Los jóvenes Guerrero Solís son hijos de nuestros queridos amigos Mario Guerrero y Gricelda Solís, empresarios exitosos y, por encima de todo, personas con un profundo sentido humano y social.
Mario es contador, ha sido político, empresario y estratega electoral. Pero hay una faceta que lo retrata de manera especial: su amor por la música roquera de los años sesenta y setenta.
Su gran ídolo siempre fue Elvis Presley. Mario toca la guitarra y durante muchos años acarició el sueño de formar su propio grupo de rock. La vida profesional, la política, los negocios y las responsabilidades familiares lo llevaron por otros caminos, y aquel proyecto quedó como uno de esos sueños que permanecen guardados en algún rincón del corazón.
Hasta que sus hijos decidieron hacerlo realidad.
Hoy Mario puede contemplar desde otro lugar aquel escenario que alguna vez imaginó para sí mismo. En sus hijos ve realizado aquello que él no pudo concretar. Y no es solamente un motivo de orgullo: es también la satisfacción de saber que su pasión por la música encontró continuidad en una nueva generación.
Durante años, Mario los ha respaldado, impulsado y acompañado. Su apoyo ha sido fundamental para que Old Chiles se convierta en una propuesta musical sólida y exitosa.
Pero esta historia no estaría completa sin Gricelda.
Porque detrás de cada presentación, de cada ensayo, de cada reto y de cada logro también está una madre que ha acompañado a sus hijos con amor y respaldo incondicional. Mario y Gricelda han formado, juntos, ese entorno familiar que permitió que el talento de sus hijos pudiera crecer.
El éxito de Old Chiles pertenece, desde luego, a sus jóvenes integrantes. Ellos son quienes ponen el talento, la disciplina, la energía y el corazón sobre el escenario. Pero también es justo reconocer a quienes estuvieron detrás de ellos cuando todavía no había aplausos ni reflectores.
Por eso, aquella noche no solamente escuchamos canciones que nos llevaron a otra época.
Escuchamos también la historia de un padre que encontró en sus hijos la manera de cumplir un sueño pendiente; de una madre que nunca dejó de acompañarlos; y de unos hijos que transformaron la pasión de sus padres en su propio proyecto de vida.
Quizá esa sea la parte más hermosa de la historia de Old Chiles.
Mario quiso tener un grupo de rock.
Sus hijos hicieron realidad ese sueño.
Y ahora, cada vez que Gerry, Emiliano y Chiquis suben al escenario, seguramente hay alguien entre el público que escucha la música con un sentimiento diferente: un padre que puede decir, con legítimo orgullo, que aunque él no pudo cumplir aquel sueño de juventud, la vida le dio la oportunidad de verlo convertido en realidad a través de sus hijos.
Y eso, mucho más que cualquier aplauso, es un éxito que permanece.
